Soberanía, Inserción, Globalización y Rupturas Financieras Internacionales: La Necesidad de un Nuevo Proyecto Nacional.
Este ensayo se propone abordar cuatro espacios de la problemática contemporánea de naciones como la nuestra, en su relación: la concepción actual de la Soberanía y sus cuestionamientos de fondo, su utilidad aún existente, el modelo actual de inserción de México en la globalización desde dos ángulos concretos: la vulnerabilidad nacional ante los procesos de ruptura financiera internacional, sus causas y efectos primarios, en el contexto de sus debilidades económicas estructurales, y analizando, en una primera aproximación, otras dos manifestaciones concretas de dicha inserción: la integración con las economías de América del Norte mediante los parámetros de sus intercambios comerciales, y el perfil general del modelo exportador actual, siendo nuestra hipótesis central al respecto que éste se encuentra impregnado por la fragilidad, y atravesado por las dislocaciones estructurales, expresadas en la generación de una “marea importadora” que está desindustrializando progresivamente a nuestro país, lo cual subyace en la realidad de fondo de un modelo exportador aparentemente exitoso, que constituye uno de los aspectos más importantes del modelo actual ineficiente de inserción en el proceso de globalización.Por lo tanto, se considera necesaria la reforma al modelo económico presente atacando las variables de la debilidad estructural, que se han conformado desde una doble vertiente histórica: los saldos negativos irresueltos de la industrialización sustitutiva de importaciones y los factores de profundización y nueva aparición propios del modelo actual de inserción en la globalidad, que han abierto un espacio de fractura estructural que contextualiza la recurrencia de las crisis en nuestro país, o el grave peligro latente de otra. Se parte de la concepción central de que los paradigmas actuales, de economías, empresas y soberanías abiertas, son los ejes de la formulación de un nuevo modelo de desarrollo económico, que haga compatibles con ellos, las aspiraciones de progreso, democracia plena y justicia social. Es un reto intelectual y de instrumentación, histórico, pero lo otro es aceptar pasivamente más de lo mismo.
El planteamiento central general, entonces, es que México, particularmente en su dinámica del último cuarto de siglo, no ha sido capaz de construir un modelo eficiente y adecuado de inserción mundial, que no ponga en tensión hasta quebrantar o hacer incompatibles los dos grandes espacios de la realidad en que se subsume aquella: el ejercicio de la Soberanía (incluso para el caso de decidir cederla) y el beneficio económico derivado del establecimiento y desarrollo de las relaciones económicas propias de dicha inserción, por lo que las atrofias de esto último han vulnerado el desempeño de aquella. Los cambios al modelo económico actual, serán incompletos sin reformas al curso actual de la globalización que la doten de mayor estabilidad y dinamismo, sin retrocesos cíclicos causados por las rupturas financieras globales, de allí que la necesidad de esa reforma económica esté también en el campo del propio proceso de globalización.
1.- Fronteras nacionales: el ámbito y dilema de la Soberanía en la globalización.
Hablar sobre el Estado como agente económico, ya sea contrapuesto o complementario al mercado –diciendo de paso que consideramos que ello es una polémica mucho más ideológica que estrictamente económica, lo cual no alarma pero es bueno situarla en su correcta dimensión, no obstante, plantearemos al respecto algunas temáticas que parecen indispensables para los objetivos globales plasmados en este ensayo.
Las monarquías despóticas, absolutistas unificaron el poder político y su ejercicio (control de las fronteras territoriales, manejo y dominio del conflicto social interno, etc.), consolidando los Estados Nacionales (su mercado interno) e impulsando los intercambios comerciales, aunque insuficientemente en relación a las necesidades objetivas del capitalismo protoindustrial , y sin generar tampoco una seguridad jurídica basada en una institucionalidad y dinámica social apoyada en consensos mínimos y duraderos, menos aún, confrontada esa realidad con “las luces de la ilustración”, con las expectativas de cambio que ese gigantesco y prolongado fenómeno (filosófico, ideológico, económico, político y cultural, incluso propiamente científico) generó –para algunos autores, éste es el tiempo de inicio de la mundialización económica cuyo perfil, obviamente tiene también características propias hoy-, pero en cualquier caso, la Ciencia Política nos dice que, conjuntamente con la consolidación y extensión del Estado Nacional surge como un atributo consustancial de aquél la Soberanía, y ésta es impactada por los flujos económicos cuando ellos cruzan las fronteras o delimitaciones territoriales establecidas y se internan, lo cual los convierte en sujetos de la jurisdicción o competencia de los Estados Nacionales conforme a la normatividad jurídica (condensada en las Constituciones Políticas y en las llamadas Leyes secundarias y/o reglamentarias) que han establecido para ser aplicada en el conjunto del espacio nacional y en virtud de un cierto mandato social (la otra gran dimensión o faceta de la Soberanía, la popular).
Las ilustrativas polémicas sobre la dimensión, ámbito de aplicación, naturaleza positiva, etc., de la Soberanía, se da fundamentalmente en cuanto a, si su ejercicio se apoya o no en el marco normativo establecido. Pero en su vinculación con la Ciencia Económica se produce en función de si debe, puede, cómo, hasta dónde y si resulta conveniente intervenir en los mecanismos económicos o no, es decir, si potencia o bloquea el desarrollo económico, si vulnera o estimula y apoya a la libre empresa y a su hermano gemelo el libre mercado, -porque ante las obras de Maquiavelo, Jean Bodin y Thomas Hobbes, también estuvieron, aunque no al mismo tiempo, especialmente las de Adam Smith y David Ricardo, por lo cual el capitalismo industrial surge, no solamente ligado a la doctrina del Estado y la Soberanía como parte de la ideología liberal, sino también a la de las categorías de la “mano invisible”, la teoría del valor y la ganancia-.Por tanto, se intentará bajo ese núcleo reflexivo, histórico, teórico (económico y socio-político) e ideológico, una identificación de formas y perfiles diferenciadores del Estado (tipología) con relación directa al activismo económico del mismo:
q El Estado Absolutista, impulsor del colonialismo y del mercantilismo, y por tanto monopolizador del comercio metrópli-colonia.
q El Estado Liberal clásico, impulsor del capitalismo industrial y del comercio exterior con las colonias y naciones independientes, propulsor por ello y mediante ello, de las relaciones mercantiles en tales espacios nacionales.
q El Estado interventor, activo y propietario de “monopolios naturales”, expedicionario, incluso, apoyando las inversiones directas en los espacios precapitalistas nacionales, y favoreciendo así la implantación y desarrollo del capitalismo agrícola e industrial mediante la modalidad de “enclaves” exportadores / abastecedores del capitalismo nacional autónomo y expansivo.
q El Estado ampliamente activista y del bienestar social, estabilizador de la coyuntura mediante políticas de ampliación de la demanda agregada (keynesiano), pero ampliamente burocratizado, ineficiente y proteccionista / industrializador (en su versión tardía).
q El Estado liberal / eficientista, post-industrial y propulsor de la globalización, más radicalmente abstencionista en su versión de las nuevas economías emergentes, abdicante en lo social, pero librecambista externo. Ambos, integracionistas.En casi todos los tipos enunciados (bajo esta hipótesis), salvo en el último de ellos, nunca se había cuestionado la Soberanía sobre los espacios propiamente territoriales y el mercado interno, al contrario, aún en el caso de las reiteradas tensiones de distintos Estados Nacionales con las muy poderosas empresas transnacionales, jamás se cuestionó aquella como atributo consustancial del mismo –aunque si bien en muchos casos, dicha transnacionalidad y poder fueron usados en forma injerencista, vulnerante de la Soberanía, también es verdad que ello se producía en el contexto de conflictos específicos y agudos de intereses y razones geopolíticas o de guerra fría, lo cual no justifica nada, pero sí le da connotaciones distintas al tema.
Hoy, el atributo o concepto mismo inherente al Estado Nacional, es severamente cuestionado en su utilidad y pertinencia dada la extensión (geográficamente) y profundización ( hacia etapas superiores) de los procesos de integración económica cuyo tema político sustancial es precisamente la cesión de Soberanía hacia entes públicos supranacionales (instituciones), pero no se trata de una cesión en abstracto, sino concretamente en cuanto a las decisiones sobre los flujos producidos de bienes y servicios con fines comerciales (propios de la Ciencia Económica), aunque si bien es cierto, recíprocamente entre los actores. Consecuentemente se puede entender que, por ello principalmente, estamos ante una etapa en la existencia del Estado Nacional completamente distinta, nueva, inédita. Ello debido a que la integración económica regionalizada ha generado una serie de “territorios económicos” intraregionales que –según algunos autores-, al no contar con regulación estatal alguna y a la vez, al integrarse económicamente con “territorios económicos” formalmente pertenecientes a otro Estado, éste último y aquél hipotéticamente aludido, han entrado a procesos progresivos de pérdida de Soberanía sobre ellos, de tal manera que si bien, durante la etapa histórica de formación de los Estados Nacionales, durante su consolidación y expansión, la Soberanía sobre el ámbito fronterizo o territorio nacional eran términos indisociables, hoy –de acuerdo con esta corriente teórica y política aludida- son ecuaciones distintas.
Al tratar una temática como la presente, viene inmediatamente a nuestra mente las amplias áreas fronterizas de nuestra frontera norte, tan integradas a la los límites fronterizos de los Estados del Sur de la Unión Americana.Si a esta postura de “desoberanización” de los Estados Nacionales contemporáneos sobre fragmentos progresivamente mayores de la totalidad de su territorio nacional -aunque no considerados genéricamente, ya que tenemos la sospecha de que el énfasis se ha puesto en Estados de economías emergentes-, se le agregan tres cuestiones más como:
a) El postulado teórico sobre “el Estado obeso” y por lo tanto, la necesidad del “adelgazamiento” del mismo (léase casi plena abstinencia económica); b) la renuncia explícita a jugar un papel directo en el bienestar general de la sociedad (en nuestra tipología, ello comprende a los Estados de capitalismos tardíos o emergentes como el nuestro, a los que les hemos llamado “abdicantes en lo social y librecambistas”, y c) las propuestas o posturas de “dolarización monetaria”, no es difícil concluir que estamos en presencia del más grande cuestionamiento y debilitamiento histórico, teórico y práctico sobre y acerca del Estado Nacional y la Soberanía Económica.
De ninguna manera el rechazo a ambos postulados implicará el retorno a posturas “estadólatras” o a “nacionalismos protectores” demagógicos y manipuladores como los que hemos vivido en los últimos lustros, sino a una posición más racionalizada que escape a los extremos, es decir, que parta de los parámetros de un Proyecto nacional consensado, de nuestras necesidades globales, particulares y aspiraciones históricas, nunca de consideraciones coyunturales, transitorias o socialmente fragmentadas.
La hipótesis en relación con lo precedente es que los dilemas actuales del Estado Nacional en el contexto de la globalización económica, se absorben en la enorme necesidad de conjugar y compatibilizar dos conceptos y dimensiones referentes a las atribuciones sustanciales y a la actividad económica de aquél, que serían los relacionados con: la concepción y puesta en práctica de una Soberanía abierta al mundo con responsabilidad social ante las agudas desigualdades en nuestras naciones, así como la plena eficiencia corporativa y competitiva en las áreas económicas bajo su control, incluso, en una proyección internacional.
Se considera, no obstante, que pese a la enorme dificultad de lo enunciado, es preferible asumirlo así que adoptar acríticamente los postulados simplistas existentes al respecto de la corriente neoclásica en lo económico y unilateralmente “supranacionalista” en lo estatal, parcialmente descritas líneas arriba.
2.- Globalización, Regionalización y Rupturas Financieras Internacionales:
En este apartado se intenta vincular en el nivel teórico-analítico -incluyendo los sustentos estadísticos- las tres categorías enunciadas, dentro de una perspectiva histórico-dinámica que nos permita dar cuenta, en lo fundamental de los mismos, determinando así la influencia que han tenido y tienen en el modelo vigente de inserción mundial, estableciendo el conjunto de agentes económicos que en ello inter-influyen y condicionan el proceso insercional de nuestro aparato productivo, con sus respectivas consecuencias.
2.1 Globalización mundial, integración y regionalización económica.
En el sentido más literal, la Globalización económica que hoy vemos discurrir, ha sido procreada directamente por dos grandes procesos históricos con expresión actual: la internacionalización del capital y sus crisis estructurales, válido ello tanto para las economías altamente industrializadas como para las de menor desarrollo relativo, incluyendo pero no limitándose a las de industrialización reciente o emergentes. Pero también, como en otras épocas, ha estado presente su gran capacidad como sistema económico mundial para generar cambios, transformaciones que le permiten reestructurarse o reorganizarse y relanzar nuevamente su dinámica expansiva.
Los grandes fenómenos que “jalan” el proceso histórico son escuetamente los siguientes: la conclusión del prolongado ciclo expansivo en el crecimiento económico de la posguerra, el derrumbe de los acuerdos monetario-financieros de Bretton Woods, la mayor internacionalización de las instituciones financieras privadas, el agotamiento de la dinámica reguladora de las instituciones multilaterales creadas como parte de los acuerdos mencionados (FMI-BM), la erosión del paradigma económico keynesiano, el empuje de la investigación científica y su aplicación tecnológico-industrial, el desarrollo alcanzado por diversas economías en Asia y América Latina, el avance de la integración económica europea, la atrofia, por sus limitaciones del GATT, y la debacle del “socialismo realmente existente”, seguido todo, del debilitamiento de la confrontación este-oeste y la consolidación de la “tríada” como subsistema fundamental de la economía mundial.La globalización / Mundialización, o mejor, el capitalismo global tecnológico que rige hoy, constituye en su aparición, un fenómeno que modificó la tendencia histórica anterior, desde dos grandes ángulos de visualización:
q Dicho cambio, se produce en un doble contexto determinante: a) una crisis estructural de las economías de países altamente industrializados (PAI), base del sistema capitalista mundial, que agotó la dinámica expansión / estabilidad registrada las dos décadas anteriores; y b) la existencia del impulso que le proporciona una completa Revolución científico-tecnológica e industrial, que todo parece indicar, no agota aún todas sus potencialidades, lo que en conjunto alteró los principales supuestos vigentes y constituyó la base fundamental para su reestructuración a escala internacional, en lo económico-social, ideológico, cultural e institucional, incluyendo al propio Estado Nacional, propiciando así, nuevas formas de organización del trabajo industrial, y colocando como ejes del renovado proceso de expansión mundial del capital, a los nuevos sectores dinamizadores, como son aquellos ligados a la electrónica-informática y a los procesos de digitalización.
q Igualmente, como en otras épocas de grandes cambios, de quiebre histórico, el fenómeno viene contextualmente precedido de un “ciclo económico de tonalidad recesiva” en lo general, y en el largo plazo, pero su superación parece estar anunciando la entronización de un nuevo “ciclo económico de tonalidad expansiva”, aún incipiente y no generalizado en su dinámica característica a todas las “locomotoras” del sistema mundial.
Hoy, desde nuestro punto de vista, parecen ser tres los más grandes y principales obstáculos para avanzar en la dirección antes apuntada: a) el funcionamiento de un “sistema financiero” internacional inapropiado para ese objetivo, al ser propiciatorio del nuevo tipo de crisis financieras que se vuelven rupturas financieras recurrentes y lesionan al conjunto del sistema globalizado, aunque sean las economías emergentes las que configuran su epicentro y resienten sus más graves efectos, bloqueando así la estabilización de las tendencias de crecimiento alcanzadas hasta antes de su estallido; b) los cada vez mayores problemas que acarrea la ancestral pobreza y marginalidad en el planeta, que estrecha los mercados en lugar de ampliarlos; y c) la ausencia de un entramado institucional multilateral renovado, funcional al nuevo fenómeno en acto.
Más que abundar en este mega-proceso, abordaremos los aspectos de él que más se vinculan con nuestros objetivos temáticos, y en esa línea de razonamiento tenemos que hacer un primer planteamiento: no existe una teoría económica que recoja íntegramente el fenómeno de la globalización, y las teorías que daban cuenta de los fenómenos y procesos previos, como la marxista, la neokeynesiana y la monetarista, hoy no han sido capaces de generar el conocimiento sobre lo que constituye el principal problema teórico contemporáneo, salvo en forma parcial y fragmentaria.
Aunque hemos de precisar dos aspectos estrechamente relacionados con la afirmación anterior: se avanza gradualmente en la investigación del fenómeno, aunque sin los consensos deseables y en medio de fuertes polémicas, en lo cual influye también el que la globalización sea una tendencia mundial poderosamente dominante pero inacabada, en curso, muy desigualmente presente y muy heterogéneamente funcionando, pero que somete a su dinámica abarcadora a otras tendencias precedentes aún sobrevivientes. Si bien es cierto, igualmente, que la complejidad y lo inédito de distintos aspectos que le caracterizan dificultan un avance cognoscitivo superior a la velocidad deseable.
No obstante, queda claro que se está en presencia de un proceso tendencial multifacético y multidimensional que requiere analizarse desde una perspectiva multidisciplinaria, que, por un lado recupere sustentos teóricos muy importantes de las teorías mencionadas –y algunas más en campos diversos-, y por el otro incorpore nuevos enfoques de gran utilidad esclarecedora al efecto, como los del neo-estructuralismo, el institucionalismo, y de las nuevas teorías del comercio internacional, por mencionar estas no para que el eclecticismo nos resuelva el problema –que dudo lo hiciera-, sino que reconozcamos que una sola teoría muy difícilmente podrá hacerlo, por lo que requerimos una actitud intelectual abierta e integradora, sintetizadora, no mezcladora.
Otro planteamiento pertinente a este respecto, es en lo relativo a aquellas tendencias previamente implantadas al curso de la globalización que hemos presenciado en las dos últimas décadas, durante las cuales ellas acusaron cambios cualitativos, pasando a ser parte integrante de la globalización actual: es el caso de la interdependencia y la integración económica. Tales procesos, cuyo despunte se remite a los años 50 en Europa, adquiere en los años 80s y 90s, una extensión y profundización sin precedentes al influjo de los nuevos paradigmas económicos como, la desregulación, la apertura y liberalización del sector externo y la integración de mercados regionalmente que impactan el desempeño del modelo económico general y del de inserción mundial en particular.
La integración regional es hoy el punto de referencia de los modelos de inserción económica, representan la opción sustancial para participar en la globalización de manera agrupada, con mayor cobertura, con menos exposición a la ya de por sí existente. Extensivamente, los procesos integradores se han producido en tres direcciones diferenciadas: a) entre naciones industrializadas (no solamente los europeos, sino también Canadá y EUA); b) entre naciones en proceso de desarrollo (los de América del Sur, México con Chile, Israel, etc.) y c) entre naciones con asimetrías estructurales pronunciadas (México con Canadá y EUA, Israel con EUA, etc.). Es conocida en este contexto, la formación de tres grandes bloques regionales, genéricamente conocidos como: americano, europeo y asiático, con liderazgos identificados en los EUA, Alemania y Japón, respectivamente, quienes representan los porcentajes mayoritarios (absolutos en el caso de EUA y Japón, y relativos en el de Alemania) en términos de producción y comercio, al interior y exterior de su agrupamiento regional.
En los propios espacios regionales, se han formado una serie de articulaciones sub-regionales cuya característica es la más intensa integración e interdependencia económica, con relación al conjunto mayor (la región subcontinental), lo cual sería el caso de México y Canadá, o de algunas áreas geográficas específicas de tales naciones con EUA o regiones concretas de él, regularmente –aunque no exclusivamente- en zonas de límites fronterizos, lo que nos remite a problemáticas nuevas, no solamente de orden económico, sino socio-político y, eventualmente, jurisdiccional a consecuencia de lo anterior, porque el proceso conforma reordenamientos y redefiniciones en los ámbitos mencionados.
Por ejemplo, evidentemente la frontera sur estadounidense y norte mexicana con el tipo de industria maquiladora sostenida y creciendo por capital mayoritariamente de aquella nación y trabajo mexicano, patrones de consumo influyentes, migraciones poblacionales (turísticas y laborales), etc., ha creado un espacio sumamente integrado en franjas territoriales particulares, como es el caso de la “esquina del mundo”, y en otros continentes, lo que ha llevado al planteamiento del Estado Nacional disminuido en su soberanía territorial, y al despunte de una tendencia perfilada hacia el auge del regionalismo y subregionalismo económico, paradójicamente, en el seno del proceso de Globalización mundial, quizá como estadio intermedio de duración ilimitada, subsumido lo anterior en conceptos emergentes como “unidades geográficas” y “Estado-región”, cada vez
más usados en distintos tipos de estudios y análisis.Las empresas transnacionales son el gran factor de poder en este estadio intermedio -y aún, desde antes-, ya que su actividad económica es predominante en los encadenamientos productivos (la fábrica global), las inversiones extranjeras y los flujos comerciales al interior de tales delimitaciones geográficas (e incluso mundialmente), son más que hegemónicas, pero no generan la totalidad del movimiento económico: los espacios y agentes nacionales desarrollan una dinámica propia, y en distintas ocasiones, convergen o simbiotizan, con aquellas, pero de ninguna manera podemos subestimar –como lo hacen algunos autores- los impulsos nacionales autogenerados y remitir la totalidad del acontecer histórico-económico a la gravitación del “factor externo” (neodependentismo), sino debemos darle su justa dimensión en cada aspecto de la realidad.
El comercio intra-industrial e intra-firma, son modalidades dominantes practicadas por dichas empresas, en la magnitud que lo representan los siguientes datos: las 500 transnacionales más importantes transaron bienes y servicios en 1999, por un valor total de $4.8 trillones de dólares, y la comercialización total de las tres más importantes por su volumen de ventas, como son General Motors, Wal-Mart y Ford Motoro Co., fue del orden de $504 billones de dólares, superior al PIB de México en el mismo año. Su poderío hegemónico en el sector comercial se proyecta y parte en dos tercios: 1/3 del comercio mundial lo desarrollan en la modalidad intra-firma y otro tanto cristaliza en flujos con compañías asociadas y proveedoras. El tercio restante, en nivel internacional, queda a cargo de las empresas internacionalizadas o globalizadas de capital nacional de naciones como la nuestra, y de otras.Esta tremenda hiperconcentración de los flujos de comercio en el mundo, permite entrever y posibilita un acercamiento básico a la brutal desigualdad que ya hoy se expresa en el contexto de la globalización / integración económica mundial –aunque es cierto que este problema posee una “carga histórica” de muchos decenios, incluso siglos-, y la tendencia es hacia su profundización, porque los teóricos más apologéticos y perspicaces de la globalización, lo han sentenciado con meridiana crudeza: el proceso representa un severo castigo para quienes no logran subir a él, casi una condena al ostracismo económico.
Pero más allá, está el hecho de que dentro del conjunto de las tendencias económicas hoy predominantes, se trasluce una especial de enorme poder abarcador: la relacionada con la homologación del modelo económico mundial en una gran cantidad de aristas y perfiles, relativos a concepciones ideológicas, paradigmas compartidos, políticas económicas aplicadas, soluciones creadas para problemas de cierta similitud, es decir, hay un grado importante de estandarización de los comportamientos económicos (patrones de producción, demanda-consumo) que abate los antes inconmensurables niveles de riesgo para el capital en su internacionalización, y actúa dentro de un universo de condiciones disímiles de las unidades productivas, en el cual sobresalen y dominan las emplazadas en un segmento muy pequeño articulador de la globalización, propia del capitalismo global altamente tecnológico, contemporáneo.
Esta fuerza homogeneizadora en las economías del planeta –y no sólo los procesos de apertura, liberalización y articulación de mercados mundiales y demás factores correlativos- es lo que desde nuestro punto de vista da hoy pertinencia y sustancia al concepto de la mundialización, diferenciándolo del de globalización, útil precisión si consideramos que frecuentemente se usan como sinónimos, y no lo son. Por tanto, el doble proceso, homologación del modelo económico y estandarización de los comportamientos económicos a escala planetaria, sin precedentes, inédito en la historia económica –por más que el capital siempre haya tenido una cierta tendencia uniformadora correspondiente a la presencia progresivamente internacional y a su vocación hegemónica, favorecido todo ello a últimas fechas, por la completa desaparición del bloque este-europeo socialista-, da cuenta del establecimiento, en curso, de las condiciones que hagan posible la integral implantación mundial del capital, barriendo con todos los “diques de contención” que se crucen a su paso, aún extensos en ciertas zonas geográficas. La globalización es el medio y la mundialización es el fin, contando en ambos casos con la destacada participación del “duo homogeneizador”: Fondo Monetario Internacional-Banco Mundial, y congéneres, que en bloque son el “Consenso de Washington”.
Ha sido precisamente el “enganchamiento” de nuestras economías en el hoy vigente macroproceso reestructurador, al influjo, presencia y efectos de la desastrosa crisis internacional de sobreendeudamiento externo, episodio que para México constituyó el pivote hacia un cambio de proyección histórica al enterrar una estrategia de industrialización que determinó el modelo de inserción internacional seguido durante casi cuatro décadas: la sustitución de importaciones, ciertamente de sobra agotada, inservible para hacer frente al reto de los nuevos tiempos, siendo reemplazado por el actual modelo de inserción en la globalización (MIG), en cuyo proceso fue definitiva la propia estrategia de los organismos financieros multilaterales (FMI-BM), mediante los Programas de Estabilización y Ajuste, y los de Cambio Estructural, instituciones que frente a la debacle financiero / productiva de las naciones hiperendeudadas, se ubicaron en una posición de fuerza que les permitió fijar las reglas del “rescate”, el “aval” frente a los acreedores internacionales y los apoyos financieros subsiguientes, casi nulos, a cambio de disciplina férrea en el cumplimiento de aquellos programas, al costo social y soberano necesario.
Nunca como entonces, se evidenció tan descarnadamente cómo un ineficiente modelo de inserción en la economía mundial, era generador de vulnerabilidad, de perjuicio económico nacional y de restricción del ejercicio de la soberanía económica, de ausencia de decisión propia en todas y cada una de las medidas concernientes a la problemática que se enfrentaba, por más que sea cierto que los gobernantes mexicanos compartían en lo fundamental los paradigmas económicos y el perfil de los programas preescritos, y en esa medida “interiorizaron” los mismos. Para ellos, no hubo imposición; para la inmensa mayoría de la sociedad mexicana si la hubo claramente desde las estructuras de decisión política internas, al instrumentarse todo aquello sin consenso social. Así, las crisis recurrentes en México, dentro de su nefasto expediente, tienen este componente cíclico pernicioso vigente en intervalos temporales alternados: inserción económica ineficiente-ejercicio soberano casi pleno-declive de los beneficios económicos de la inserción-crisis financiera severa-abstención del ejercicio soberano en aras de la recomposición económica-reinserción ineficiente, etc.
Pero como afirmamos líneas atrás, un modelo de inserción en la economía mundial tiene como sustento de partida la realidad estructural interna, que recoge –o pretende recoger- el modelo de desarrollo económico, de tal forma, que para nuestro caso nacional, un nuevo modelo de inserción eficiente debe partir de la introducción de reformas al modelo económico general, ya que este condiciona en medida determinante al segundo, pero en los márgenes propios de éste último está el actuar pro-activamente en la generación de condiciones favorables provenientes del entorno mundial en cuyo seno se desenvuelve para que la fuerza “moldeadora”, influyente de él, coadyuve y no obstruya su ruta hacia la eficiencia del modelo de inserción. Por tanto, en las actuales condiciones mundiales, los espacios económicos propios de la inserción (los flujos comerciales y financieros), son susceptibles de desarrollar una lucha por la modificación de sus perfiles de funcionamiento, es decir, de introducción de reformas.
.2.2 Rupturas Financieras y mecanismos de transmisión e impacto.
La desigual y heterogénea implantación de la globalización económica a escala mundial, directamente propulsada por la Revolución científica y tecnológica, se expresa en la mayor profundidad cobrada por el proceso en el sector financiero mundial.
Todo parece indicar que la llamada “escuela regulacionista” tiene razón al afirmar que el sistema monetario-financiero de la economía internacional, ha transitado desde un estadio de regulación fundamental, a otro de progresiva desregulación / liberalización de los agentes y procesos financieros, es decir, desde un paradigma dominante entonces a otro dominante hoy, así como hacia un cambio sobre la concepción teórica del papel de los mercados: desde la incapacidad para generar una actividad eficiente, hasta la plena capacidad para hacerlo por sí mismos y sin graves problemas, no obstante podemos afirmar, que en ello se condensa el núcleo de la severa problemática actual: las crisis financieras que desembocan en rupturas globales.
El proceso de desregulación financiera, es también un proceso de largo plazo que ha tenido dos grandes canales de materialización: de “facto” y aquellos conducidos bajo programas de gobierno y/o supervisados por autoridades multilaterales (FMI-BM). En el primer caso, dicha desregulación transcurre paralela a la internacionalización de las instituciones bancarias privadas (aunque igualmente, de las empresas productivas) estadounidenses durante los 50s y la década de los años 60 y 70. Y en el segundo caso, ha asumido la forma de liberalización programada de los controles normativos para agentes y flujos financieros, incluso en términos espaciales, así como para las condiciones y precios de los instrumentos y productos que se transan internacionalmente. De tal manera, que la incontenible internacionalización del capital financiero, provocó y extendió la desregulación, y dicha extensión geográfica e intensificación –en el cuadro de la crisis / reestructuración mundial- condujo a la integración financiera.
Una aclaración pertinente: la desregulación no implica “ausencia total de normas respectivas”, sino la necesidad de una “nueva funcionalidad”, es decir, otras normas no restrictiva a los libres movimientos financieros, sino que parta y se adapte a ellos. Sin embargo, aquél enorme proceso, incuba y consuma en su seno, una verdadera Revolución financiera durante las dos últimas décadas. Conceptualmente, ésta significa y define los profundos cambios habidos en la economía financiera contemporánea, y sugiere una ruptura total con el pasado, es decir, da cuenta del cambio de fondo en las tendencias de las variables principales que impactan el comportamiento y las prácticas de los agentes activos en el mercado.
En suma, se trata de la presencia de una línea divisoria entre lo precedente y lo actual en el mundo de las finanzas mundiales, cuya consecuencia ha sido la emergencia de nuevos patrones globalizados de mercado, que han modificado sustancialmente la influencia y los alcances de la política monetaria y fiscal de los Estados. Por lo tanto, entendemos por globalización financiera una forma distinta a la anterior de funcionamiento de los mercados, de sus agentes y de los flujos, con mayor integración e intercomunicación internacional e influencia recíproca, teniendo como norma fundamental la libre circulación de dinero, valores y capital, prácticamente sin interferencias mayores del Estado, y dentro de una perspectiva de mundialización y lucha hegemónica.
Se destacan las cuatro características más trascendentes de éste fenómeno:
q Operativamente, lo principal que se ha desregulado y liberalizado en las economías emergentes, son: las tasas de interés, han desapareciendo “los techos” y se han mantenido ocasionalmente los “pisos” a las mismas, aunque se mantienen aún las tasas de descuento en los títulos gubernamentales, se simplificaron los controles de crédito e inversión, también lo relativo a depósitos o reservas obligatorias, ha disminuido igualmente el número de intermediarios financieros intensificándose la centralización del mercado, se ha multiplicado el número de instrumentos financieros con reglas mínimas de colocación, se suprimieron obstáculos para la participación de intermediarios financieros con reglas mínimas de operación y en el patrimonio de los bancos y otras empresas financieras.
q La aplicación de las innovaciones tecnológicas al servicio financiero, ha permitido monitorear y participar en los mercados mundiales, ejecutando órdenes de transferencias y pago, colocación de inversiones, y compra-venta de divisas, las 24 horas del día en lapsos de tiempo ínfimos, apoyado en vastos y fulgurantes flujos informativos, en el contexto de una amplísima diversificación de carteras –en instrumentos y espacios nacionales-, que hacen extremadamente difícil su control.
q Cambios en los patrones competitivos que inducen a una cerrada disputa por ganar espacios en el mercado y rentabilizar al máximo las operaciones, que se realizan en montos verdaderamente elevados, o hasta descomunales (especialmente los de productos derivados y títulos de deuda), apoyadas en las nuevas tecnologías financieras lo que implica que tales mercados son dominados por los gigantescos inversionistas institucionales y por los bancos más poderosos del orbe.
q El mercado bursátil y su gama de productos financieros, han desplazado al bancario como espacio fundamental de las transacciones mundiales, produciéndose, sin embargo, una simbiosis que dificulta la delimitación entre flujos de dinero y capital, valores y divisas, en los cuales prevalece el componente especulativo, todos muy superiores en valor y extensión diaria a las corrientes de inversión extranjera directa.
Lo anterior permite entender mejor que la influencia de la política monetaria, financiera y fiscal es limitada frente a la globalización de los mercados financieros, su dinámica y efectos, pero la profundización de la interdependencia genera también, en coyunturas críticas, mecanismos perversos de propagación / contagio e impacto en cuyo marco los propios Estados Nacionales, con el débil instrumental regulatorio y de supervisión que se quedan, les resulta severamente complejo tomar el control de la crisis y revertir los desequilibrios que se hacen presentes en los distintos mercados por conducto de los precios de productos financieros, los cuales se desplazan muy velozmente de uno a otro mercado y región, dependiendo, el grado de su efecto negativo, de la amplitud del desajuste y de la situación concreta en que se encuentren dichos mercados y sus fundamentos reales al momento de su ocurrencia, pero invariablemente, modifica el monto, ubicación y dirección de los flujos de capital, y contrario sensu, cuando hay bonanza y auge.
3.- Crisis Financieras Globales o la Vulnerabilidad Nacional.Crisis cambiario-financieras nacionales asociadas al derrumbe de Bretón Woods, han habido muchas desde los años 70. Sin embargo, se acepta genéricamente, la presencia de tres crisis financieras globales en las últimas dos décadas: la crisis internacional de endeudamiento externo que estalla con la declaración de moratoria forzada de México en agosto de 1982, la crisis financiera global, también desde México, los últimos días de diciembre de 1994 y todo el año de 1995, y la crisis global del “dragón asiático”, que involucró originaria y principalmente (pero no exclusivamente) a cinco naciones del sudeste de Asia: Tailandia, Corea del Sur, Indonesia, Filipinas y Malasia, desde mediados de 1997 a 1998.
Abordaremos las dos últimas desde el punto de vista de una revaloración, de frente a los modelos implicados de inserción en la economía mundial globalizada, detectando sus fallas fundamentales y el concurso determinante del entorno internacional.
En su visualización es Gerald Corrigan , se diferencia la crisis financiera -cuyo ámbito de generación y expresión, como para Kindleberger, son los propios circuitos monetarios y financieros-, de las rupturas financieras, que se presentan cuando la crisis financiera es de tal magnitud que se desborda e invade el ámbito de la economía real, es decir, el aparato productivo, de distribución y consumo, volviéndose una crisis del conjunto de las relaciones económicas, una crisis sistémica. Naturalmente, esto es lo sucedido en los tres casos enunciados, con agravante de que los mecanismos interdependientes de los mercados globales las convirtieron rápidamente en crisis regionales con ondas de impacto general, pero desiguales, dependiendo de los dos tipos de causas que agregadamente mencionamos antes. Sin embargo, ello es repetidamente posible, porque los propios mercados financieros internacionales carecen de mecanismos de detección, alerta y contención de los “procesos críticos”, y las autoridades financieras multilaterales se han concentrado en “operaciones de rescate”, tanto más costosas cuanto más insuficientes resultan.Además, debemos agregar una diferenciación más para el caso de las “crisis o cracks bursátiles”, escindibles del conjunto económico si los desajustes, aún graves, se circunscriben a ese solo ámbito, como fue el caso del crack financiero de 1987 (y otros), que partió de una “euforia” en los años previos durante los cuales se acumuló una gran “riqueza” en esos mercados mediante el “boom” desatado por los procesos de fusiones y adquisiciones en los EUA, en buena medida, financiados por colocación de deuda bursátil (“take overs” y compras apalancadas), particularmente colocando en masa los “junk bonds” y los derivados financieros, “boom” que llegó a su vértice a principios del mes de octubre y mediados del mismo mes, al limitar la deducibilidad fiscal mediante tales instrumentos cuando se conoció el elevado déficit comercial estadounidense y la incertidumbre provocada por el dato sobre las abultadas tenencias de valores en manos de extranjeros, revirtió la tendencia anterior, “reventando la burbuja especulativa” y marcando el inicio del declive bursátil, que ciertamente impactó otras Bolsas del mundo, pero no se tradujo en una ruptura financiera, si acaso –dicen los especialistas-, en una “minirecesión”, ya que se actuó con lineamientos eficaces de política económica.
Así entonces, crisis financieras, crisis globales y “crack bursátiles” son conceptos y fenómenos disímiles, aunque interconecatados. Los procesos desarrollados, particularmente en “economías emergentes” como los de apertura, desregulación, liberalización, e internacionalización de los sistemas financieros, luego de la crisis internacional de la deuda externa, si bien permitió a las naciones sobreendeudadas, retornar al mercado de capitales recuperando la “elegibilidad crediticia” durante la década de los 90s, al desactivar los instrumentos de protección al sistema financiero doméstico, modificaron en sustancia el comportamiento de los agentes financieros, nacionales e internacionales, lo cual se produjo sin una estructura normativa y de supervisión adaptada, funcional, al cambio efectuado en términos de regulación prudencial, abriendo así las puertas a la inserción en mercados integrados globalmente y a los flujos mundiales de capital, más abundantes, pero con un comportamiento mayormente errático, aunque también, con márgenes de acción más amplios, dada la reorientación de las estructuras operativas y la agudización de la competencia en tales mercados. En consecuencia, se abrió paso, tanto a la posibilidad de las crisis y las rupturas financieras globales y mecanismos de propagación, contagio e impacto, como a la vulnerabilidad de la economía nacional frente a su ocurrencia y recurrencia, tanto más, cuanto disminuida estaba la capacidad de control del Estado Nacional mediante sus políticas monetaria-cambiaria y fiscal, ante fenómenos de dimensión y velocidad desmesurada.
En un estudio realizado por el FMI, en el cual evalúa las pérdidas económicas que trajeron consigo las dos últimas crisis globales (1995, 1997-98), son muy ilustrativos los datos, pero también la constatación de que han sido verdaderas rupturas financieras, ya que establecen que las variables de mayor afectación son los salarios y el empleo, con lo que adicionalmente nos evidencias que el costo es fundamentalmente popular. El cálculo se hace en términos de “pérdida % del PIB potencial en cuatro años”, los subsiguientes al estallido de la crisis, estimándose, primordialmente para México (epicentro de la crisis, 1995) y para Argentina (el más afectado por el “efecto tequila”), en 30% y 15%, dicha pérdida, respectivamente Nuevamente, en el caso de México, ello se tradujo en el impacto desastroso en cinco rubros macroeconómicos: pérdida de puestos de trabajo-caída de los salarios reales-fuga hacia la economía informal; incremento de la proporción de la población que vive por debajo de la línea de pobreza; intensificación del proceso inflacionario para el consumidor por el efecto devaluatorio; la caída en la captación y disponibilidad tributaria debido a: la quiebra bancario-financiera enfrentada con recursos públicos cuantiosos (equivalente al 19% del PIB), y por efecto del descenso grave en la actividad económica; y consecuentemente, el decrecimiento en el gasto social.
En tanto -siguiendo con el estudio del FMI-, en el caso de la crisis asiática, el “efecto dragón” golpeó gravemente a “cuatro de los tigres asiáticos” en cuanto a su “ PIB potencial perdido”: 27% Corea del Sur, 82% Indonesia, 39% Malasia, y 57% Tailandia. Salvo Corea del Sur, los otros tres casos son mayormente onerosos que el caso mexicano, destacando el de Indonesia, verdaderamente devastador, ya que al ser exportador de petróleo, principalmente a Japón (en abierta recesión), y con precios del crudo en “caída libre”, más la convulsión política, parece entonces, natural por la confluencia de macro procesos críticos.
La similitud principal es la presencia de problemas estructurales en México y en “los cuatro asiáticos”, de distinto origen e intensidad y diferentemente determinadas, pero existentes: proviniendo de la parte negativa del saldo del modelo de industrialización mediante sustitución de importaciones, y la implantación sobre ese cimiento minado en México del modelo de inserción en la globalización, pretendidamente para subsanar las deficiencias dejadas por aquél, no obstante, trayendo consigo otras problemáticas propias, por lo que aquella pretensión no ha tenido éxito hasta la fecha, globalmente considerado el asunto.
Y en el caso asiático, el virtual agotamiento del “modelo ejemplar de desarrollo”, se ha expresado en el desigual impacto regional que produjeron los importantes cambios habidos en el curso de los años 90, en una variable fundamental que se proyectó en dos direcciones principales: la capacidad competitiva, intra-regional e inter-regionalmente (en nivel mundial) afectando estructuralmente a tales economías y reflejándose en su sector externo, como amplios desequilibrios.
En la evaluación que se ha hecho, y en la polémica que se ha generado respecto de la crisis asiática –al parecer hay más consenso, relativamente, en cuanto a la crisis mexicana-
encontramos en algunos analistas un excesivo énfasis en lo relativo a los efectos causados por las políticas de apertura y libre circulación financiera, sin hacer sólido tratamiento de otros aspectos estructurales como los productivo-comerciales, la competitividad, la rivalidad regional, etc., y quienes abordan estas cuestiones reivindicándolas como eje articulador del
análisis que presentan, de tal manera, que casi se contraponen y se hacen excluyentes o incompatibles, y en rigor no parecen serlo, ya que constituyen dos niveles distintos (analíticamente) de “lo estructural” y su expresión “coyuntural”, es decir, del modelo de inserción en la mundialización.Hemos de agregar, respecto a la drástica caída de los factores de competitividad (sabido es que estos factores comprenden el proceso industrial intensivo en capital, productividad del trabajo, costos de producto, de transporte, costos de financiamiento, etc., es decir, elementos estructurales situados en la economía real de los países asiáticos) mencionados líneas arriba, fundamentalmente en el caso de “los cinco”, pero no solamente ellos, sino otras muy importantes economías de la región, como Japón, China y Hong Kong, conducen a la pérdida de posiciones de mercado, y las pierden, todos entre sí y frente a competidores de otras regiones, ya que el crecimiento % de sus exportaciones medidas en dólares y en dos periodos distintos, comparativamente 1990-1996 y 1996-97, lo denotan con transparencia. Corea del Sur pasa de un incremento de 14% a otro de 4.3%, Malasia de 14.9% a 3.1%, Tailandia de 19.4% a 0.7%, Indonesia de 12.1% a 8.4%, Filipinas, la excepción, de 16.2% a 20.9%. Además, Japón, que evoluciona desde un crecimiento de 8.4% para el primer periodo, a un decrecimiento de –2,4% en el otro, China de 19% a 11.2%, Taiwán de 12% a 4.6%, Singapur de 17.4% a 5.2%, y Hong Kong, con una tasa negativa de –8% en 1996, pasa a otra también negativa de –0.3%, siendo el promedio para el periodo 1990-97, de –4.1%.
En el caso de América Latina, se aprecian los efectos de la crisis mexicana en el subcontinente (PIB de economías más grandes), y el “efecto cruzado” de los flujos de capital en cada región (AL/Asia) en los Cuadros 1 y 2. La Inversión Extranjera Directa a A.L. se recuperó asombrosamente y creció en el bienio 1995-1996 43.6%, sumando un total aproximado de $30,835 millones de dólares, aunque para México el crecimiento fue solamente de 0.3% (unos 700 millones de dólares), abajo de Brasil, que tomó unos $8,000 millones de eses total, y Argentina con $3,200 millones de dólares (quien tuvo que firmar un Acuerdo de ajustes estructurales con el FMI, en abril de 1995) quedó muy por atrás de ambos, y en Chile tal IED creció en 177%, pero sumó sólo $2,800 millones de dólares.
Sin embargo, observando “la asimetría de los impactos de la crisis global asiática” en el Cuadro No.4 , durante “el año álgido” de ella (1998), con relación al comportamiento de tres variables fundamentales del sector externo de los países altamente industrializados (PAI), como son: el cambio % en los volúmenes de exportaciones, el saldo de la cuenta corriente como % del PIB, y el PIB per cápita, teniendo en mente, o revisando de nuevo, los datos proporcionado líneas arriba para México y “los cinco”; lo de “crisis global” resulta muy relativo.
Los saldos, verdaderamente devastadores para los “epicentros de las crisis” se dan a consecuencia de la destrucción: de riqueza generada, del bienestar social alcanzado, de la solidez institucional, de las expectativas de movilidad social, en tanto, en lo fundamental, el capital especulativo refluye incrementado a los sistemas financieros de economías industrializadas, haciéndolos más poderosos, sin dejar de considerar trastornos reales para determinados agentes financieros allá, pero incomparables en su severidad a los primeros.
En suma, las rupturas financieras condensan y reproducen desmesuradamente, desde la vulnerabilidad económica nacional, la problemática de un modelo de inserción en la globalización ineficiente, desfavorable, incapaz de ofrecer estabilidad y crecimiento sostenido (indispensable para abordar los problemas históricos) al modelo nacional de desarrollo, lo cual no significa una “trampa”, sino la adopción pasiva del perfil dinámico actual de la globalización y mundialización del capital, es decir, de una versión hoy presente del capitalismo global altamente tecnológico, que como se ha demostrado históricamente, en el caso de estadios inferiores del mismo, es susceptible de modificarse en cuanto a su impacto en el bienestar social, y ello se ha hecho mediante la lucha política, nacional e internacional, pero con proyecto nacional para darle viabilidad y certidumbre.
Quedan claras dos grandes cuestiones: 1) Las rupturas financieras globales son recurrentes y se acorta el lapso temporal de su ocurrencia, de manera que no estamos ante una falla coyuntural o instrumental, sino ante un problema de fondo, sistémico en el entorno financiero mundial, incompatible en el largo plazo con la tendencia a la mundialización del capital. 2) Ello, ha vuelto a poner en la agenda de las relaciones económicas internacionales, el asunto de la búsqueda de consensos para conseguir una reforma real al “sistema” financiero internacional, incorporando la perspectiva de los intereses de los naciones en desarrollo, haciéndolos compatibles con la globalización de mercados y la mundialización del capital, que está ya en pleno proceso de consolidación, y tiene uno de sus obstáculos centrales en esta dinámica actual de las finanzas mundiales que no le da la estabilidad y desarrollo que necesita para cumplir sus objetivos históricos.
Cuadro No.1: Efectos de las Crisis Globales en el PIB de Países de América Latina: 1995-1998.
PAÍS Crecimiento % del PIB 1995 1996 1997 1998
Brasil 4.2 2.9 3.8 0
México (-6.2) 5.2 6.8 4.9
Argentina (-2.9) 5.5 8.0 3.9
Chile 9.1 6.9 7.0 3.1
Colombia 5.2 2.1 2.7 0.7
Fuente : CEPAL, Balance Preeliminar de las Economías de América Latina y el Caribe, 1999.
Cuadro No.2: Flujos de Capital Mundial por Fuente y Región, durante las Crisis Globales: 1995-1998. ( Miles de Millones de USD)
Fuente / Región 1995 1996 1997 1998
Flujos Privados Netos 210.6 295.2 199.6 171.5
América Latina 36.0 92.2 90.3 75.4
Asia Pacífico 130.6 155.6 45.5 32.5
Europa 36.1 41.0 49.8 51.2
Inversión de Capital 103.7 126.5 133.8 129.0
Crédito 106.9 168.7 66.3 42.5
Bancos Comerciales 88.8 103.5 (-3.7) 2.4
Flujos Oficiales Netos 42.7 2.8 29.7 30.8
América Latina 25.5 (-10.0) (-6.7) (-0.7)
Asia Pacífico 9.5 4.2 29.4 28.4
Europa 4.1 8.2 5.4 3.1
Inst. Financieras Int. 19.3 6.4 27.8 26.1
Créditos Bilaterales 23.4 (-3.6) 1.9 4.6
Financ. Externo Neto 253.3 298.0 229.3 202.2
Fuente: Instituto de Finanzas Internacionales (IFI), Washington, 1999.
4.- El Modelo Exportador Mexicano: Análisis Crítico de su Perfil General.
Este apartado tiene como propósito identificar críticamente el perfil general del actual modelo exportador mexicano de inserción en la globalización (MIG), recapitulando brevemente sobre el componente estructural que “arrastra consigo”, más las problemáticas de reciente entronización, ambas, conformadas establemente a lo largo de cierto tiempo, y que en conjunto configuran las bases sistémicas de dicho modelo, parte integrante del más general al que nos hemos referido como modelo nacional de desarrollo (“neoliberalismo”).
Se ha sustentado antes, que la incorporación de los distintos espacios nacionales capitalistas al mercado mundial capitalista –desde modelos autodefinidos de inserción, apoyados en un Estado Nacional consolidado, o como espacios absorbidos externamente (colonias y semicolonias) a un espacio mayor dominante, totalizador y abarcante del mismo, generan especificidades de desarrollo interno del capital, extendiendo nuestro argumento en sustancia, plantearemos aquí que tales peculiaridades nacionales sobredeterminan los factores estructurales de la inserción, sus términos generales, pero no en forma determinista, sino mediando la acción / conflicto de los grupos sociales y del poder. Por ello, nuestro enfoque metodológico es que el modelo exportador de inserción en la globalización, está definido por el modelo de acumulación interno, pero el perfil distintivo de éste último impregna definitivamente al de inserción externa (incluyendo la participación del Estado Nacional), que en tal virtud, adquiere también contornos concretos que le identifican en su inmersión en el mercado mundial dominado por el capital, dotándolo de sustancia y contornos propios: a ello llamamos modelo exportador de inserción en la globalización, y procedemos a una revisión general.
4.1 Factores estructurales y Restricciones para una Eficiente Inserción:La hipótesis presente es que el modelo actual de desarrollo y de inserción se han construido sobre las bases de las serias deficiencias legadas por el MISI, en lo interno-externo, pero especialmente en su vinculación exógena, y acusa una doble problemática: los obstáculos y desequilibrios heredados, y los que trajo consigo la ineficiente articulación al proceso globalizador (MIG) más recientemente, complicando extraordinariamente su reconstitución, también desde una doble perspectiva: de la coherencia con un modelo de desarrollo interno virtualmente reformado, y desde una óptica de eficiencia en la inserción a la economía mundial (beneficios económicos para el bienestar social, reduciendo la vulnerabilidad nacional y sustentando la Soberanía desde un nuevo proyecto nacional, como se ha afirmado antes).
Entre los “saldos negativos” del Modelo de Sustitución de Importaciones MISI, se incluirían: El efecto desarticulador sobre el sector industrial, y el alto coeficiente de importación de insumos intermedios, equipos y maquinaria productiva, es decir, de tecnologías para sostener y profundizar el esfuerzo industrializado y el frustrado intento del Estado –globalmente visto- para comandar este proceso con inversiones masivas, tecnología al efecto (nunca “de punta”), se trensó con el desarrollo de los problemas financieros del Estado y del proceso de industrialización mismo, que desemboca, en el mediano plazo, en “los dos severos “déficit gemelos”: el fiscal y el de cuenta corriente de la balanza de pagos. Se vuelve obstáculo decisivo a la prosecución del proceso económico general en términos de desequilibrios manejables: inicia así la fase de las crisis recurrentes en las cuales persistentemente encontraremos, entre otros factores decisivos, el de la frágil cuenta comercial externa y la cuenta corriente (progresiva y desmesuradamente negativas) directamente vinculadas a ello, sin haber solucionado este déficit estructural estratégico a la fecha.
Así también, el relegamiento del sector agrícola, en teoría, soporte con el Estado del MISI, fue también muy adverso, ya que propició el hundimiento del sector medio y minifundista, privado y ejidal, en una crisis de largo aliento de la que, considerando distintos factores agregados en diversos momentos, no emerge aún , pero encuentra en este contexto sus elementos referenciales determinantes (débil política crediticia, subsidios indiscriminados, endeble crecimiento de la productividad, política tributaria inadecuada, no estratégica para el sector, intermediación comercial excesiva, etc.). En otras palabras, marcan el tránsito hacia un sector agro-importador masivo.
Desde otro punto de vista, la implantación del MIG, trae consigo sus propios factores de desequilibrio estructural: una apertura económica provocadora de vulnerabilidad nacional -dados los problemas estructurales preexistentes y la artificial prolongación del MISI, mediante el “Desarrollo compartido” y el “Auge Petrolero”, que los exacerbó muy significativamente- ante los enormes flujos de inversión especulativos, los violentos mecanismos de transmisión e impacto, la globalización de las crisis y sus devastadoras secuelas, como se indicó en otro apartado anterior, los cuales hemos tratado hasta aquí, pero que por cierto, no son todos los que consideraremos.Es decir, el modelo presente de desarrollo económico y el de inserción, se sustentan en un cimiento híbrido: viejos y nuevos problemas entrelazados, los segundos profundizados al influjo de los primeros, y éstos, retroalimentados, sin solución, mediante las políticas de reciente implantación.
4.2 La Integración Económica: opción de desarrollo e inserción mundial.
Nuestro país ha optado, no solamente por la apertura y liberalización de los mercados, sino por la profundización de ese proceso mediante la integración económica con América del Norte (Canadá y EUA), y la firma de Acuerdos de libre comercio con un grupo amplio de Naciones, destacando entre ellas, el obtenido con las agrupadas en la Unión Económica Europea (UE), trascendente por ser la primera potencia comercial del mundo, aunque nuestros lazos económicos con ella, hasta hoy, hayan sido modestos. En todos los casos, arrastramos como restricciones las mencionadas antes, son nuestra realidad estructural de partida, por lo que, evidentemente, tal modelo de inserción en la globalización es frágil, vulnerable, ineficiente y debe ser ajustado.
Los factores que podemos identificar como flancos débiles y de ruptura en dicho modelo –algunos ya existentes, pero profundizados, y otros recientes ya consolidados-, son:
a) Alto nivel de obsolescencia de los bienes de capital utilizados en la planta industrial. Profundización de la desarticulación industrial y de las cadenas productivas, como efecto combinado de las fallas estructurales preexistentes, del modelo de desarrollo actual y de las rupturas económico-financieras recurrentes
b) Disminución del efecto industrializador de la apertura externa y del eje exportador, expresado en la progresiva gravitación de la maquila de exportación en el conjunto de la balanza de pagos.
c) Tendencia errática en la generación de empleos, particularmente en el sector manufacturero, y dilatación de los espacios ocupados por la economía informal.
d) Caída salarial sostenida en el mediano plazo y reconcentración del ingreso, a pesar del incremento estable de la productividad del trabajo, manufacturero, por ejemplo.
e) Excesivo nivel de concentración de mercado, sector industrial, producto y empresas en el comercio exterior –lo que, junto al segundo punto mencionado-, le ha restado severamente gravitación al sector exportador en la dinámica económica general.
f) El alto y progresivo contenido (en algunos renglones) de importación de la planta fabril, especialmente de insumos intermedios y bienes de capital, como factores indispensables –en buena medida- para la generación del flujo exportador, ha tenido un doble efecto nocivo: ha “desindustrializado” segmentos concretos de la planta manufacturera, y anula la probable introyección de efectos positivos a la planta industrial, expresándose tal relación deficitariamente en la balanza de pagos.
g) La tendencia hacia un libre comercio interregional total, no se corresponde con una muy insuficiente infraestructura comercial (vías de comunicación terrestre, puertos de embarque y aeropuertos), que resta competitividad a los productos nacionales, pero además, profundiza las desigualdades regionales en su heterogéneo tendido.
h) Se ha producido la instalación de un segmento muy reducido de empresas manufactureras de capital nacional predominante en el vértice de la pirámide industrial (menos de medio centenar), que se han transnacionalizado, y en algunos casos, globalizado, muy equidistantes de la masa mayoritaria de grandes, medianas y pequeñas empresas,, muy especialmente, estos últimos dos grupos mencionados, se desarrollan en un ambiente empresarial muy distinto y hasta opuesto, que ejemplifica algo así como “los dos Méxicos corporativos”, ya que la dinámica y derrama económica de las primeras mencionadas, es centralmente externa y han sido altamente beneficiadas del modelo de inserción prevaleciente, en tanto las últimas, tienen un movimiento marginal –en lo fundamental- frente a dicha articulación.
i) La presente “oleada importadora”, refleja la desincentivación existente en dos aspectos sustanciales de la actividad industrial: la producción interna de una gran cantidad de bienes que hoy se importan –dados los diferenciales propiciados de costos-, como son alimentos, materias primas y distintos insumos, y la baja orientación hacia la posible generación de “ventajas tecnológicas” (esto último, junto a la baja remuneración existente de la mano de obra).
j) Se ha intensificado la crisis del sector agropecuario, al convertirse, en subsectores alimentarios específicos, en agro-importador neto.
k) Este conjunto de problemáticas, aunque parcial y sesgadamente presentes en los planes y programas oficiales de desarrollo económico. Hay un gran vacío, en la práctica, de una real e integral política industrial.
l) Por último, la fragilidad del sistema bancario mexicano, es decir, en sus distintos componentes, financieros (nivel de capitalización, apalancamiento, intermediación, etc.) y operativo (costos, internacionalización, profundización, diversificación, etc.).
m) No se mencionan tampoco, los elementos de orden socio-político, pero asumimos que juegan un papel importante, dando su sello particular al conjunto precedente, o bien produciendo su dinámica específica (movimientos masivos, armados, sucesión presidencial, etc.)
En suma, lo anterior, es lo que denominamos líneas arriba, el conjunto de factores estructurales endógenos generadores de la alta exposición de nuestra economía a las crisis recurrentes, quienes actúan interrelacionadamente con otras fuerzas de estricto origen exógeno (la magnitud y alto contenido especulativo de los flujos de capital de corto plazo, la volatilidad cambiaria, los desajustes de las economías altamente industrializadas, los mecanismos globales de transmisión e impacto, por ejemplo) determinando la coyuntura concreta –en ambas dimensiones-, o sean, los elementos de explosión y la amplitud misma de la crisis, o la marcha errática, inestable de la economía, eventualmente. Son también, la base objetiva de los “flancos de vulnerabilidad” del modelo de inserción actual en la globalización, las causas del perfil débil e ineficiente que se expresa en los indicadores y variables concretas involucradas, precedentes y subsecuentes. Es otras palabras, constituyen las razones múltiples por las cuales el modelo reiteradamente mencionado, puede y debe ser ajustado, modificado, igualmente, en ambas direcciones, interna y exterior. Por lo tanto, esta realidad es la que subyace en el importante y espectacular avance del sector exportador mexicano, digamos que es su gran “talón de Aquiles”. La manifestación y consecuencia de dicha “espectacularidad”, que engloba los avances del modelo, se subsume en tres grandes niveles:
1) La erupción de las exportaciones manufactureras desde México, que ha modificado la gravitación específica de nuestra economía en el concierto mundial como lo manifiestan los datos (el “ranking”), en una doble dimensión: en el propio subcontinente latinoamericano, pero también en relación con otros espacios regionales altamente exportadores (como los asiáticos y varios países europeos, por ejemplo).
2) La participación directa, aunque no protagónica, que objetivamente tiene hoy nuestra economía en el juego mundial de poder, en las disputas hegemónicas intra-bloques, al estar alineada con el bloque norteamericano.
3) Los eslabonamientos y efectos específicos resultantes de la opción integradora a las economías de América del Norte, más la manifiesta vocación establecida hacia el libre comercio casi total, en el largo plazo, pone en entredicho el alineamiento norteamericano mismo, pero éste arroja ya hoy resultados y tendencias concretas proyectadas al futuro.
5.- Evaluación General de la Integración Comercial con América del Norte.
Si la opción estratégica de inserción en la mundialización es en el presente la integración económica con América del Norte, particularmente con EUA, y luego, está siendo la extensión intra e interregional del libre comercio (como tendencia de largo plazo), veamos lo que al respecto expresan los datos recopilados en los Cuadros No. 3, 4 y 5.Cuadro No. 3: Comercio Exterior de México con Canadá y EU.
(Periodo 1993 / 1998, Millones de Dólares)
Canadá 1993 1994 1995 1996 1997 1998
Exportaciones 1,569 1,483 1,987 2,172 2,156 1,521
Importaciones 1,176 1,621 1,374 1,744 1,968 2,292
Saldo 393 -138 613 428 188 -771
ComercioExterior 2,745 3,104 3,262 3,916 4,124 3,813
E.U.A.
Exportaciones 42,851 51,645 66,273 80,574 94,185 102,872
Importaciones 45,295 54,791 53,829 67,536 82,002 93,095
Saldo -2,444 -3,145 12,444 13,038 12,183 9,777
ComercioExterior 88,146 106,436 120,101 148,110 176,187 195,166
Total
Exportaciones 44,420 53,128 68,260 82,746 96,341 104,392
Importaciones 46,471 56,411 55,203 69,280 83,970 95,387
Saldo -2,051 -3,283 13,057 13,466 12,371 9,005
ComercioExterior 90,890 109,539 123,463 152,026 180,311 199,779Fuente: Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), con datos de SECOFI.
Cuadro No 4: Principales Productos Exportados a EUA, 1998 (Mills. Dls.)
Producto Valor Participación %
Total de Exportaciones 102,938.20 100.0
Automóviles para Transporte de Personas 9,722.40 9.4
Cables aislados para electricidad 5,101.70 5.0
Petróleo crudo 5,038.00 4.9
Otros aparatos e instrumentos eléctricos 4,147.30 4.0
Artículos de tela, tejidos de algodón y fibras veg. 3,977.40 3.9
Máquinas para procesamiento de inversión 3,888.60 3.8
Partes sueltas para automóviles 3,692.70 3.6
Automóviles para transporte de carga 3,442.00 3.3
Partes y piezas sueltas para maquinaria 2,863.00 2.8
Piezas para instalaciones eléctricas 2,778.50 2.7
Motores para automóviles 1,651.70 1.6
Artículos de tela, tejidos de seda y fibra natural 1,651.50 1.6
Máquinas, aparatos e instrumentos de com. elec. 1,506.00 1.5
Manufacturas, materias plásticas o resinas sintét. 1,157.40 1.1
Vidrio o cristal y sus manufacturas 1,133.40 1.1
Total de Exportaciones de los 15 Productos 51,751.60 50.3
Fuente: ANIERM, 1999, con datos de Banxico. (Incluye maquiladoras).Cuadro No. 5: Principales Productos Importados de EUA, 1998 (Mills. Dls.)
Producto Valor Participación %
Total de Importaciones 93,094.70 100.0
Piezas y partes para instalaciones eléctricas 7,267.70 7.8
Refacciones para automóviles 6,349.40 6.8
Lámparas, válvulas eléctricas incandescentes 4,165.40 4.5
Artefactos de pasta de resina 3,507.40 3.8
Refacciones para aparatos de radio 2,822.50 3.0
Máquinas para proceso de información 2,818.40 3.0
Motores y sus partes para automóviles 1,973.30 2.1
Cojines, chumaceras y flechas 1,748.60 1.9
Generadores, transformadores y motores. 1,459.10 1.6
Papel y cartón preparado 1,372.40 1.5
Receptores y transmisores 1,197.90 1.3
Aparatos y equipo radiofónico 1,196.60 1.3
Aparatos e instrumentos de medida 1,158.50 1.2
Resinas naturales y sintéticas 1,030.90 1.1
Prendas de vestir y de fibras vegetales 976.10 1.0
Total Importaciones de los 15 productos 39,043.90 41.9
Fuente: ANIERM, 1999, con datos de Banxico. (Incluye maquiladoras).Brevemente resumida, la teoría integracionista, divide los efectos de tales procesos –en cualquiera de sus fases- en dos grandes ángulos de visualización: el microeconómico, es decir, el impacto sobre los mercados, empresas, sectores y productos, surgido de la materialización y avance del proceso mismo; y, el perfil general que asumen las políticas económicas diseñadas y aplicadas al efecto, entre los participantes de la integración comercial y económica. En ambos casos, en su interrelación con el bienestar.
Para poder ser discernidos, deben analizarse los dos grandes mecanismos que se ponen en acción: la creación de flujos comerciales y la desviación de los mismos desde unos espacios económicos a otros mediante su efecto proporcional y cruzado, influyendo en ello los precios relativos, la especialización industrial, el nivel tecnológico, la localización productiva, los patrones de demanda / consumo, la oferta de bienes y servicios, la estructura imperfecta de los mercados, economías de escala, externas, modificación de los términos de intercambio, las migraciones de mano de obra y las corrientes de capital bajo libre movilidad, por ejemplo, y de manera significativa, y mediante el postulado del “second best” sustituye el enfoque estático, ahistórico sobre las condiciones productivas y de intercambio de cada Nación en el largo plazo, a partir de lo cual, la especialización productiva y comercial hará más eficiente la asignación y uso de los recursos escasamente existentes, dado un enfoque dinámico, que postula que dicho proceso en su desenvolvimiento, produce la convergencia, primero, e igualación, después, de las condiciones económicas entre las economías integradas, dicho técnicamente, la igualación en la remuneración de los factores productivos.
Evidentemente, con el enfoque estático preexistente, hubiera sido imposible “vender” tal teoría a las naciones en desarrollo. No es necesario abundar para percibir la gran distancia entre el esquema teórico y el resultado actual de mediano plazo para México.
En Conclusión, el reto de hoy para México es: cómo obtener mejores y mayores resultados, si no es desde cambios internos que se proyecten hacia una más eficiente inserción externa que adapte los paradigmas actuales a un nuevo proyecto nacional, conjugar especialización, competitividad, productividad, eficiencia, apertura e integración, con democracia, empleo, capacitación, educación, bienestar, es decir, con justicia social.
Todo parece indicar que no hay otra alternativa real, salvo el muy improbable e inviable retroceso en todo ello, pero mientras tanto, ya ha habido episodios negativos precisos con cargo al ejercicio de la Soberanía nacional, porque las debilidades estructurales mencionadas y analizadas, son también una restricción al ejercicio de la Soberanía nacional, y no solamente a la consecución del desarrollo y la justicia social.
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