| No compañeros, no hay que dejar, para cuando
caiga el tirano, la implantación de los salvadores principios
del Partido Liberal. Algunos revolucionarios creen que basta con
derribar a Díaz para que caiga sobre el pueblo una lluvia de
bendiciones. Otros piensan que es indiferente luchar bajo la bandera de
cualquiera de los dos partidos revolucionarios, pues dicen que lo
primero es derribar al tirano, y que, una vez conseguido esto y hecha
la paz, los dos partidos revolucionarios – el liberal y el
antirreeleccionista – convocarían al pueblo a elecciones, se
reuniría un Congreso que estudiaría el programa del
Partido Liberal y se tendría ya listo un flamente
presidente que ejecutase la voluntad del no menos flamente
Congreso.
El pueblo es el eterno niño: crédulo,
inocente, candoroso. Por eso siempre ha sido burlado en sus
aspiraciones, y por eso, también sus dolorosos sacrificios han
sido estériles.
Abramos bien los ojos, compañeros
desheredados. No confiemos a ningún gobierno la solución
de nuestros problemas. Los gobiernos son los representantes del
capital, y , por lo mismo, tienen que oprimir al proletariado. de una
vez por todas, sabedlo: ningún Congreso aprobará el
programa del Partido Liberal, porque no seréis, vosotros, los
desheredados, los que vayáis a sentaros en los bancos del
Congreso, sino vuestros amos, y vuestros amos tendrán el buen
cuidado de no dejaros resollar. Vuestros amos rechazarán
indignados el programa liberal del primero de julio de 1906, porque en
él se habla de quitarles sus tierras, y las aspiraciones de los
proletarios quedarán burladas. A los bancos del Congreso no van
los proletarios, sino los burgueses.
Pero aun suponiendo que por un verdadero milagro
todos los bancos del Congreso estuvieran ocupados por proletarios, y
que, por esa razón, se aprobase el programa del Partido Liberal
Mexicano, y se decretase la expropiación de la tierra para
entregarla al pueblo; aun suponiendo que al frente de los destinos del
país se encontrase un ángel bajado del cielo
para hacer cumplir la voluntad del Congreso, ¿
creéis que los señores hacendados
obedecerían la ley y se dejarían quitar sus
tierras ? Suponer eso, creer que los ricos se someterían ala
humillación de quedar en la misma posición social que los
trabajadores, es una verdadera niñería. No; los
señores hacendados se levantarían en armas si
algún Congreso tuviera la audacia de decretar la entrega de la
tierra al pueblo, y entonces el país se vería
envuelto de nuevo en las llamas de una revolución, en la que tal
vez naufragasen las sanas aspiraciones de los trabajadores
inteligentes.
¿ Qué necesidad hay de aplazar la
expropiación de la tierra para cuando se establezca un nuevo
gobierno ? En la presente insurrección, cuando el movimiento
esté en toda su fuerza y el Partido Liberal haya logrado la
preponderancia necesaria, esto es, cuando debe hacerse efectiva la toma
de posesión de la tierra por el pueblo, y entonces ya no
podrán ser burladas las aspiraciones de los desheredados.
Compañeros: Benito Juárez fue instado,
durante la Revolución de Reforma, a que no quitase al clero sus
bienes sino hasta que hiciera la paz. pero Benito Juárez vio
bastante lejos, y comprendió que si se expropiaban al
clero sus bienes cuando se hiciera la paz, el clero volvería a
trastornarla y el país se vería envuelto en una nueva
revuelta. Quiso ahorrar sangre y dijo “es mejor hacer en una
revolución, lo que tendría que hacerse en dos”. Y
así lo hizo.
Hagámoslo así los liberales. En
una sola insurrección, dejemos como un hecho consumado la toma
de posesión de la tierra.
No hagamos aprecio de los que aconsejan que se
deje la expropiación de la tierra “para después del
triunfo”. Precisamente el triunfo debe consistir en la
consumación del acto mas grande que han visto las naciones desde
que comenzaron a vivir : la toma de posesión de la tierra por
todos los habitantes de ella, hombres y mujeres.
Pero si, ofuscada nuestra razón por las
promesas de los políticos que todo lo aplazan “para
después del triunfo”, nos afiliamos alas banderas de esas
sirenas que nos hablan de leyes libérrimas, de democracia, de
derechos políticos, de boletas electorales y de todas esas
fuerzas que sólo sirven para desviar al proletariado del camino
de su verdadera emancipación : la libertad económica; s i
de nada nos sirven las elocuentes lecciones de la historia, que nos
habla de que ningún hombre puede hacer la felicidad del pueblo
pobre cuando está ya al frente del gobierno; si queremos seguir
siendo esclavos de los ricos y de las autoridades “después del
triunfo”, no vacilemos, volemos a engrosar las filas de los que pelean
por tener un nuevo amo que se haga pagar bien caros sus
“servicios”
Compañeros: despertad, despertad, hermanos
desheredados. Vayamos ala revolución, enfrentémonos al
despotismo; pero tengamos presente la idea de que hay que tomar
la tierra en el presente movimiento, y que el triunfo de este
movimiento debe ser la emancipación económica del
proletariado, no por decreto de ningún gobernante, sino por la
fuerza del hecho; no por la aprobación de ningún
Congreso, sino por la acción directa del proletariado.
Me imagino qué feliz será el pueblo
mexicano cuando sea dueño de la tierra, trabajándola
todos en común como hermanos y repartiéndose los
productos fraternalmente, según las necesidades de cada cual. No
cometáis, compañeros, la locura de cultivar cada quien su
pedazo. os matareis en el trabajo, exactamente como os matáis
hoy. Uníos y trabajad la tierra en común; pues todos
unidos, la haréis producir tanto que estaréis en aptitud
de alimentar al mundo entero. El país es bastante grande y
pueden producir sus ricas tierras todo lo que necesiten los
demás pueblos de la tierra. Mas eso, como digo, sólo se
consigue uniendo los esfuerzos y trabajando como hermanos. Cada quien,
naturalmente, - si así lo desea- puede reservarse un
pedazo para utilizarlo en la producción según sus gustos
e inclinaciones, hacer en él su casa, tener un jardín;
pero el resto debe ser unido a todo lo demás, si se quiere
trabajar menos y producir mas. Trabajada en común la tierra,
puede dar mas de lo suficiente con unas dos o tres horas de trabajo al
día, para poder vivir. Por eso me parece mejor que la
tierra se trabaje en común, y esta idea creo que será
bien acogida por todos los mexicanos.
¿ Podrá haber criminales, entonces ?
¿ Tendrán las mujeres que seguir vendiendo sus cuerpos
para comer ? Los trabajadores llegados a viejos ¿ Tendrán
que pedir limosna ? Nada de eso : el crimen es el producto de la
actual sociedad basada en el infortunio de los de abajo en
provecho de los de arriba. Creo firmemente que el bienestar y la
libertad son fuentes de bondad. Tranquilo el ser humano; sin las
inquietudes en las que actualmente vive por la inseguridad del
porvenir; convertido el trabajo en un simple ejercicio
higiénico, pues trabajando todos la tierra bastarán dos o
tres horas diarias para producirlo todo en abundancia con el auxilio de
la gran maquinaria de que entonces se podrá disponer
libremente; desvanecida la codicia, la falsedad de que hay que hacer
uso ahora para poder sobrevivir en este medio maldito, no
tendrán razón de ser el crimen ni la prostitución,
ni la codicia y todos los humanos gozaremos la verdadera libertad,
igualdad y fraternidad que los burgueses quieren conquistar por
medio de la boleta electoral.
Compañeros, ¡ a conquistar la tierra
!
Ricardo Flores Magón
Regeneración, 28 de enero de 1911
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