El verdadero revolucionario es
un ilegal por excelencia. El hombre que ajusta sus actos a la ley
podrá ser, a lo sumo, un buen animal domesticado; pero no un
revolucionario.
La ley conserva, la
revolución renueva. por lo mismo, si hay que renovar hay que
comenzar por romper la ley.
Pretender que la
revolución sea hecha dentro de la ley, es una locura, es un
contrasentido. La ley es yugo, y el que quiera librarse del yugo tiene
que quebrarlo.
El que predica a los
trabajadores que dentro de la ley puede obtenerse la
emancipación del proletariado, es un embaucador, porque la ley
ordena que no arranquemos de las manos del rico la riqueza que nos ha
robado, y la expropiación de la riqueza para beneficio de todos
es la condición sin la cual no puede conquistarse la
emancipación humana.
La ley es un freno, y con
frenos no se puede llegar a la libertad.
La ley castra, y los
castrados no pueden aspirar a ser hombres.
Las libertades conquistadas
por la especie humana son la obra de los ilegales. tenemos que salirnos
del camino trillado de los convencionalismo y abrir nuevas
vías.
Rebeldía y legalidad
son términos que andan a la greña.
Queden, pues, la ley y el
orden para los conservadores y los farsantes.
Ricardo Flores
Magón
Regeneración,
1910
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