| El hierro se estremeció en el seno de
la montaña al sentir pisadas en la cumbre.
- Es el hombre que anda en busca de mí
-dijo. Y sus moléculas vibraron intensamente en una sensación
mezclada de angustia y de placer. Las pisada resonaban enérgicas, como si fueran
las de un hombre audaz que se enfrenta a la naturaleza para rescatar
de ella lo que el ser humano necesita.
-¿ Para qué me querrá ? - se preguntó
con inquietud el benemérito metal. Y la montaña entera, cuya armazón
componía él, tuvo un sacudimiento. "Me estremezco a la sola idea de
tener que ser convertido en auxiliar de la injusticia, yo que, por
mi misma naturaleza, debiera ser únicamente propulsor del progreso y
la libertad", añadió.
Hubo una pausa, en la que se escuchó con
toda claridad, el sonido un pico golpeando el dorso de la
montaña.
-Sí, es el hombre que me busca para
hacer de mí, tal vez, la cadena que ha de arrastrar. Es el hombre
que se afana por encontrarme para convertirme en reja de calabozo o
en cerrojo de presidio. Y sus moléculas vibraron de indignación y de
cólera...
Los golpes continuaban y el eco repetía
los sonidos, que parecían el lamento de un gigante agredido por la
espalda.
-Es el hombre que me busca, quizá, para
hacer de mí la metralla, con la cual el tirano le ahogará la
protesta en la garganta, o la guillotina que ha de arrancarle la
cabeza cuando dé un paso fuera del estrecho sendero de la ley
escrita por sus verdugos...
El pico hería, hería, hería, y la
montaña gemía como un monstruo impotente bajo los puños de un
titán.
-¡ Ah, cuánto sufro ! ¡ Oh, qué cruel
incertidumbre ! Yo no quiero ser cadena, ni cerrojo, ni reja. Quiero
ser metralla, pero en manos del pueblo, para barrer a los tiranos.
Quiero ser guillotina, pero en manos del rebelde, par arrancar la
cabeza del opresor. ¿ Qué iré a ser ? Puedo ser acicate; pero
también puedo verme convertido en freno. Impulso y contengo, según
el uso que se me quiera dar; doy la vida y doy la muerte; soy arado
y soy espada....Hoja afilada, esclavizo en manos del esbirro,
liberto en manos del caserío. ¡Ah, se me usa para el bien y para el
mal ! Gatillo de arma de fuego, se me hace disparar el maldito
proyectil que arranca la vida de Ferrer, como la bala bendita que
liberta al mundo de la tiranía de Canalejas. En manos de Maura soy
esclavo de las tinieblas; en manos de Pardiñas sirvo ala justicia.
Un mismo fulgor mío es de vida y es de muerte; brillo con promesas
de vida en el revólver de Angiolillo; brillo con livideces de muerte
en la estrella del polizonte ¿ Qué iré a ser ?
El pico hería, hería, hería, haciendo
gemir ala montaña en medio de la naturaleza, indiferente alas
angustias del hierro.
Ricardo Flores Magón Regeneración, n. 217, diciembre 18 de 1915
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