Deseamos que nuestros compañeros los
desheredados se penetren bien de lo que es la libertad
política y los beneficios que pude reportar a los
pueblos. Nosotros tenemos la convicción de que la libertad política
por sí sola es impotente para hacer la felicidad de los pueblos, y
es por eso por lo que trabajamos con empeño por hacer entender al
pueblo que su verdadero interés es el de trabajar por la
libertad económica, que es la base de todas las libertades, el
cimiento sólido sobre el cual se puede construir el gran edificio de
la emancipación humana.
La libertad política da el hombre el derecho de pensar, el
derecho de emitir su pensamiento, el derecho de reunirse, el derecho
de ejercer el oficio, profesión o industria que le acomode, el
derecho de transitar libremente por el territorio nacional, y
entre otros muchos derechos y prerrogativas tiene le derecho
de votar y ser votado para los cargos públicos de elección popular.
En cambio de estas libertades vienen las obligaciones, siendo las
principales: el pago de contribuciones para los gastos públicos, el
servicio gratuito a las autoridades cuando éstas necesiten el
auxilio de los ciudadanos, la obligación de servir como
soldado.
Ya hemos explicado otras veces que la inferioridad social del
proletariado y del pobre en general hace completamente ilusoria la
libertad política, esto es, no puede gozar de ella. La ignorancia y
la miseria inhabilitan al hombre para pensar y emitir sus
pensamientos, y aun cuando lograse pensar y emitir sus pensamientos,
serian estos de una inferioridad intelectual tan marcada que su
influencia seria nula por la imposibilidad de hacerlos preponderar
sobre la brillante argumentación de los hombres instruidos.
Intelectualmente, pues, el proletariado esta subordinado a las
inteligencias de los hombres cultos que por el hecho mismo de su
cultura gozan de comodidades y tienen por lo tanto, ideales que
corresponden ala vida fácil de las clases altas de la
sociedad, cuyo interés es conservar esas facilidades de existencia
que no se fundan en un principio de igualdad y de justicia sociales,
sino en la desigualdad mismas, en el hecho de la
diferencia de facilidades de existencia entre las clases alta y baja
de la sociedad. Se ve, por esto, que la libre emisión del
pensamiento aprovecha casi exclusivamente alas clases altas. El
derecho de reunión es igualmente ilusorio par el proletariado en
virtud de su inferioridad intelectual que lo subordina,
naturalmente, lógicamente, a las clases cultas, que, si se trata de
reuniones políticas, se sirve de la masa como fuerza numérica para
decidir una contienda electoral, o para hacer variar de política a
un gobierno o simplemente de tablado sobre el cual exhibirse y
brillar mejor.
Ilusorio es, igualmente el derecho de ejercer el oficio,
profesión o industria que se quiera. La ignorancia y la miseria
inhabilitan al hombre para entregarse libremente al ejercicio de una
profesión, derecho que solamente puede ser disfrutado por las clases
altas que tienen dinero para sostener los estudios de sus hijos.
Igualmente se necesita poseer bienes de fortuna par establecer una
industria. Al proletariado no le queda otro derecho que el de
ejercer un oficio, y aun para escoger un oficio se necesita gozar de
alguna independencia económica y poseer cierta instrucción,
circunstancias que no concurren en la generalidad de los
pobres.
Lo que se ha dicho acerca de los derechos políticos aquí
enumerados, se puede decir, con ligeras variaciones, de los demás.
para gozar de los derechos políticos se necesitan la
independencia económica y la instrucción, y todo hombre que se
dedique sinceramente a trabajar por el bienestar del pueblo debe
luchar, con todas sus fuerzas, por un cambio de las condiciones
políticas y sociales existentes, en otras que garanticen, al menos
una independencia relativa, gracias a la cual pueda el
proletariado unirse, educarse y emanciparse al fin.
El derecho del voto es también ilusorio por la misma razón
que hace ilusorios los demás derechos cuyo conjunto es lo que se
llama la libertad política. La ignorancia y la miseria ponen a los
pobres en una situación de inferioridad que los subordina, natural y
lógicamente, ala actividad política de las clases altas de la
sociedad. Por razones de educación, de instrucción y de posición
social, las clases altas asumen el papel de directoras en las
contienda electorales. Los individuos de las clases altas, en virtud
de su independencia económica, disponen de mas tiempo que los
proletarios para dedicarse a otras cosas de las ocupaciones
ordinarias de la vida, y, todavía mas, muchos de los individuos de
las clases directoras hacen de la política la única de su vida. Todo
esto contribuye a que el proletariado que, en virtud de verse
forzado a trabajar día con día para poder vivir, no puede tomar a su
cargo la dirección de las campañas políticas, tenga que
subordinarse en las farsas electorales. La discusión de
los candidatos, la confección de los programas de gobierno, el plan
de la campaña electoral, la propaganda y todo lo que requiere
actividad y discernimiento, quedan absolutamente a cargo de los
directores del movimiento electoral, pues aun en el caso de que se
formaran clubes especiales de trabajadores para los trabajos
electorales, lo que en ellos e hiciera no seria sino el reflejo de
lo que se hace en los clubes electorales de las clases directoras,
de los cuales son mero espejo. de todo lo cual resulta que los
pobres no tiene otro derecho que el de firmar la boleta y
llevarla las casillas; pero sin conocer, a punto fijo, las
cualidades de las personas que tienen que elegir, a quienes sólo
conocen por lo que de ellas dicen los propagandistas de las clases
directoras.
El derecho de votar se reduce, en tales condiciones, a la
tarea de firmar una boleta y llevarla a la casilla, y con ello
los trabajadores – y los pobres en general- nada ganan, como no sea
el cambiar de amo, amo que no va a trabajar en beneficio de los
intereses de los pobres sino en beneficio de las clases altas de la
sociedad, pues éstas fueron las que en verdad hicieron la
elección.
He aquí como la libertad política, por sí sola, no tiene el
poder de hacer feliz a ningún pueblo. Lo que urgentemente necesitan,
no sólo México, sino todos los pueblos cultos de la tierra, es
la libertad económica, que es un bien que no se conquista con
campañas electorales, sino con la toma de posesión de bienes
materiales, tale como la tierra y la dignificación y ennoblecimiento
de la clase trabajadora por medio de mejores salarios y menor número
de horas de trabajo, cosas que, como lo hemos repetido mucho, darán
al proletariado la oportunidad de unirse, de estudiar sus problemas,
de educarse y de emanciparse finalmente.
Por lo expuesto se ve que, en realidad, el pueblo no
ejercita, no puede ejercitar plenamente los derechos políticos; pero
eso no lo descarga de las obligaciones que le impone la ley. No
tiene derecho a otra cosa que morirse de hambre; pero esta obligado
apagar las contribuciones para que vivan con holgura precisamente
quienes lo dominan. El brillante ejército, los polizontes de todas
clases, los funcionarios políticos, judiciales, municipales y
administrativos, desde los mas altos hasta los mas humildes, los
miembros de las Cámaras legislativas federales y de los estados y
una caterva de empleados altos y bajos, tienen que ser pagados con
las contribuciones de todas las clases, aduanales, del timbre,
directas y municipales que pesan exclusivamente sobre los hombros
del pobre, porque si bien es cierto que son los ricos los que las
pagan por los negocios que tienen entre las manos, sacan lo que han
pagado al gobierno encareciendo las rentas de las casas, de las
tierras, de los comestibles, de las mercancías en general, siendo
por lo tanto, los pobres los únicos que tienen que pagar los
gastos del gobierno, entre os que hay que agregar las subvenciones
ala prensa gobiernista, las gratificaciones que acostumbra dar a los
mas viles y mas bajos de los aduladores, y las cantidades que los
hombres que gobiernan sacan de las cajas de las oficinas públicas
para aumentar sus riquezas.
Pero no es esta la única obligación de los pobres. Entre
otras está el servicio gratuito que deben prestar, ya por medio de
las rondas para cuidar los intereses de los ricos, ya componiendo
carreteras para que se deslicen mejor los automóviles de los ricos
también, y por ese tenor los demás servicios, hechos gratuitamente
por los de abajo en beneficio de los de arriba, y, como digno remate
de la burla con que se paga la candidez de los pueblos, el
proletariado debe dar sus mejores hijos al cuartel y sus más
bellas hijas al lupanar, para que sus hijos lo asesinen cuando
se declare en huelga, o reclame sus derechos y sus hijas sean
mandadas por los señoritos, y los viejos también, de la santa
burguesía. Obligaciones, cargas, afrentas, miseria,
prostitución, crimen, ignorancia, desunión, ese es el sombrío
cortejo de males que sobre el pueblo arroja la libertad política
cuando sela considera como la panacea que ha de curar todas las
dolencias de la humanidad. La libertad, así, es un edificio sin base
sólida e incapaz de tenerse en pies. Lo que el pueblo necesita para
gozar de libertades es su emancipación económica, base inconmovible
de la verdadera libertad.
Ricardo Flores Magón Regeneración,
Noviembre 12 de 1910
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