| Hoy aparece Regeneración como periódico independiente de
combate.
Como se nos pudiera tachar de inconsecuentes, vamos a
explicar a nuestros ilustrados lectores la causa que ha impulsado a
variar su carácter netamente jurídico.
La justicia, mal administrada como ha estado hasta la fecha,
fue lo que primero nos indujo a fundar nuestro periódico, destinado
a exhibir en toda su deformidad las arbitrariedades y los abusos de
los pésimos funcionarios del ramo judicial, tanto los locales como
de estados y territorios.
La justicia ha sido, aquí y en los estados, una esclava de
los mandatarios sin conciencia, que no han encontrado en ella sino
un medio fácil y verdaderamente cómodo para satisfacer sus pasiones,
que en un medio vulgar hubieren encontrado la ruda oposición del
juez correccional y la mano férrea de la
policía.
La judicatura ( hay sus excepciones, aunque por desgracia
escasas ), desempeñada por nulidades en el orden científico y muchas
veces en el orden moral se resentía y sigue resintiéndose de falta
de expedición, y lo que es peor, en algunos casos, que por otra
parte abundan, de falta de probidad.
Nuestra lucha ha sido ruda. ha tenido todos los caracteres de
una lucha de pigmeos encarados a los titanes: solos en ella,
encontrándonos a cada paso con el lívido fantasma del indiferentismo
político, hemos luchado aislados, sin mas armas que nuestros ideales
democráticos y sin mas escudo que nuestras profundas
convicciones.
Lo que mas pudo habernos lastimado en nuestro entusiasmo ha
sido esta odiosa forma de cobardía política: el indiferentismo, un
producto de la época, época de opresión que ha hecho de los
espíritus débiles opten por el partido de la fuerza, porque ella es
la que falta y la que protege su pusilanimidad, y que los espíritus,
no precisamente débiles, pero sí poco aptos para la lucha franca y
descubierta, prefieren buscar en el alejamiento de la vida pública
un lenitivo para calmar sus decepciones políticas.
Nosotros no nos arredramos ante el indiferentismo político,
precisamente porque nos alientan sanos ideales, nos confortan firmen
convicciones y creemos poseer fuertes energías.
El día en que algunas de estas cosas nos falten habremos
muerto para lo que signifique civismo e iremos a esconder nuestra
ignominia en el híbrido campo de la indiferencia; pero mientras
aliente en nosotros un soplo de las ideas liberales, mientras el
espíritu democrático de nuestros reformistas nos influencie en
su vida sana y viril, y mientras los sagrados principios
republicanos inflamen nuestras almas jóvenes y deseosas del
bien público, lucharemos sin descanso, hasta el logro de nuestros
ideales, pensando siempre que con esos mismos ideales fueron
nuestros padres del 57, sostenidos vigorosamente en la tribuna, en
el libro, en la prensa y en los campos de
batalla
Nuestra lucha por la justicia no era mas que un reflejo de
nuestros principios pero se veía circunscrita esa lucha a un
mezquino radio de acción: no podíamos tratar mas que de asuntos
judiciales: Por mas que nuestras conciencias tendieran la vista al
amplio campo de la administración general, el lema de nuestro
periódico JURIDICO nos impedía abarcar otros asuntos de
interés, si se quiere, tan delicados y trascendentes como los
forenses. pero nuestros principios han vencido,
han sobrepujado al campo netamente jurídico y han entrado de lleno
al de la administración general. tenía que ser.
la administración de justicia no es mas que un complemento, como
poder, de los otros dos : el ejecutivo y el legislativo. Aunque con
distintas atribuciones, los tres poderes tienen que existir
conjuntamente. de modo que, si uno de ellos camina mal y tiene
inmensas y deplorables laguna, los otros deben tenerlas igualmente,
por ser de la misma administración general.
Esas razones nos han inducido a cambiar el lema de
Regeneración.
Por otra parte, continuaremos tratando los asuntos jurídicos
como hasta la fecha y seguiremos haciéndolas críticas, quizá un
tanto amargas, pero por esa razón no menos justas, de los actos de
los empleados judiciales. Ojalá nuestros
esfuerzos sean simpáticos al público, que es nuestro juez y cuyo
fallo respetuosamente esperamos
Regeneración n. 20 diciembre 31 de 1900
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