Chiapas: resistencia global desde la perspectiva zapatista

Bernardo González

 

El mundo cambió después de diez años del levantamiento zapatista: finalmente se impuso el neoliberalismo y el libre comercio a escala planetaria.

Sin embargo, no obstante el avance del imperio global, la experiencia zapatista de autogobierno en los territorios bajo su control ha sido y seguirá siendo exitosa.

Los zapatistas estuvieron muy cerca de lograr una enmienda constitucional ajustada a sus demandas, que hubiera establecido un estatuto de autonomía en los territorios considerados indígenas. Gracias a la lucha zapatista, la autonomía no es hoy un planteamiento disparatado.

El tema indígena dejó de ser tabú en la agenda nacional, para convertirse en un tema crucial y urgente.

Los zapatista del EZLN mantienen la iniciativa, no  han sido derrotados, sólo acotados territorial y militarmente. Su capacidad de convocatoria no se ha desgastado en lo fundamental.

Hoy observamos, con toda claridad, que el levantamiento indígena chiapaneco del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) representa uno de los movimientos populares de resistencia contra el libre comercio más importantes del mundo. Aún más, en la región mesoamericana, que abarca México, Centroamérica y el Caribe. La insurrección indígena, con el EZLN actuando  como vanguardia armada, es el movimiento más contundente que se ha producido contra la imposición del neoliberalismo en nuestro territorio, colindante con los Estados Unidos.

Después de la derrota de la Unión Soviética que condujo a su desaparición del escenario político y económico mundial, más la derrota electoral de los sandinistas en Nicaragua , el desarme del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) en El Salvador,  la derrota militar y política de la Unión Nacional Revolucionaria Guatemalteca (UNRG), el levantamiento zapatista resultó ser el más eficaz dique a la imposición del modelo de integración a gusto de la globalización comandada por los Estados Unidos.

El fin de la Tercera Guerra Mundial, o Guerra Fría, marca una nueva época a escala planetaria, permitiendo  que la globalización y el neoliberalismo se consolidaran como modelo dominante en todo el orbe. Ello nos impactó directamente, porque la circunstancia de ser vecino del hegemón mundial es determinante y esencial, desde una perspectiva geopolítica, geoeconómica y geoestratégica, es decir, territorial; tenemos, por tanto, una situación histórica particular por la vecindad con la cede del mayor imperio mundial surgido en la historia.

Por ello tal vez vale la pena recordar que Estados Unidos ha sido tradicionalmente para México el gran imperio del norte, y nuestra relación ha sido siempre subordinada y dependiente, resultando que en este momento de globalización la situación se complica para la región, entre otras razones por la vecindad con el país que se ha convertido en el imperio dominante en el mundo y su capacidad de explotación y dominio militar va en aumento.

Sin embargo, no obstante esta situación adversa, los zapatistas de Chiapas y del EZLN han logrado establecer un territorio autónomo por la vía de los hechos y ejercer una forma de autogobierno indígena. De esa manera han construido una especie de cerco sanitario para atenuar los efectos nocivos de la globalización en  las comunidades originarias bajo su influencia.

Evidentemente los zapatistas no pueden cantar victoria, el levantamiento indígena no logró detener la imposición del modelo neoliberal en toda mesoamérica y las consecuencias nefastas de diez años de libre comercio en la región son evidentes.

El balance de los diez años desde el levantamiento a balazos, protagonizado por los indígenas chiapanecos, es muy complejo, porque por un lado los representantes de la globalización, es decir, las trasnacionales y las megacorporaciones globalizadas, más los dóciles funcionarios de los gobiernos entreguistas de la región, han logrado establecer reformas constitucionales adecuadas, que les permiten facilitar dentro del país la operación de las corporaciones globalizadas. Por ejemplo, los tratados de libre comercio requirieron de ajustes constitucionales profundos como fue la reforma al artículo 27 constitucional, que significó el establecimiento de la contra reforma agraria, permitiendo echar atrás todos los acuerdos agrarios de la posrevolución, esenciales para la pacificación del país. Otros cambios sustantivos ejecutados para adecuar la legislación nacional a las  necesidades del libre comercio son los cambios a muchas reglamentaciones primarias y secundarias, como son los casos de la Ley de Bancos e Instituciones Financieras, las leyes especiales para organismos auxiliares de crédito, las nuevas leyes fiscales y tributarias, etcétera.

Por otro lado, se emprendió un basto programa de privatización indiscriminada de las poderosas empresas creadas por el estado social mexicano, generalmente relacionadas con apoyos al campo, formadas para responder a necesidades sociales estratégicas del desarrollo económico del país, transferidas (o incluso desaparecidas cuando así convenía) sin mediaciones a poderosos grupos mafiosos nacionales ligados al poder, como el acaso del sistema financiero estatal o las comunicaciones y transportes.

La firma del Tratado de Libre Comercio con Norteamérica (TLCAN, por sus siglas en español; NAFTA en inglés) hace diez años, representó la definición de la voluntad del gobierno de Salinas de Gortari de imponer una supralegislación imperial en materia económica. La nueva reglamentación derivada de los tratados abrió de par en par la economía, como bazar de garage, para que las empresas estatales fueran vendidas sin restricciones, o para permitir los flujos libres de comercio y de capital financiero.

Muchos sectores se manifestaron entonces en contra de la firma del TLCAN y su entrada en vigor el 1º. de enero de 1994, alertando sobre las previsibles consecuencias adversas para el país de su establecimiento, porque representaba la entrega de los principales resortes que mueven la economía nacional al control y beneficio de las corporaciones internacionales.

Sin embargo, ninguna manifestación resultó más contundentemente que la que impulsaron los zapatistas con su levantamiento armado, rechazando de plano el TLCAN y el modelo de integración subordinada. Lo singular y trascendente del zapatismo, además de aplicar formas aparentemente agotadas como lo es la lucha armanda, es que irrumpió como un movimiento indígena contra la globalización, es decir, se trataba de una forma de lucha de resistencia con una dimensión global, más allá de sus demandas inmediatas o locales, que resultaba inédita hasta entonces, sobre todo proviniendo de un sector social tradicionalmente considerado marginal y con poca capacidad estratégica .