Chiapas: resistencia global desde la perspectiva zapatista
Bernardo
González
El
mundo cambió después de diez años del levantamiento zapatista: finalmente se
impuso el neoliberalismo y el libre comercio a escala planetaria.
Sin
embargo, no obstante el avance del imperio global, la experiencia zapatista de
autogobierno en los territorios bajo su control ha sido y seguirá siendo
exitosa.
Los
zapatistas estuvieron muy cerca de lograr una enmienda constitucional ajustada
a sus demandas, que hubiera establecido un estatuto de autonomía en los
territorios considerados indígenas. Gracias a la lucha zapatista, la autonomía
no es hoy un planteamiento disparatado.
El
tema indígena dejó de ser tabú en la agenda nacional, para convertirse en un
tema crucial y urgente.
Los
zapatista del EZLN mantienen la iniciativa, no
han sido derrotados, sólo acotados territorial y militarmente.
Su capacidad de convocatoria no se ha desgastado en lo fundamental.
Hoy
observamos, con toda claridad, que el levantamiento indígena chiapaneco del
Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) representa uno de los
movimientos populares de resistencia contra el libre comercio más importantes
del mundo. Aún más, en la región mesoamericana, que abarca México,
Centroamérica y el Caribe. La insurrección indígena, con el EZLN actuando como vanguardia armada, es el movimiento más
contundente que se ha producido contra la imposición del neoliberalismo en
nuestro territorio, colindante con los Estados Unidos.
Después
de la derrota de
El
fin de
Por
ello tal vez vale la pena recordar que Estados Unidos ha sido tradicionalmente
para México el gran imperio del norte, y nuestra relación ha sido siempre
subordinada y dependiente, resultando que en este momento de globalización la
situación se complica para la región, entre otras razones por la vecindad con
el país que se ha convertido en el imperio dominante en el mundo y su capacidad
de explotación y dominio militar va en aumento.
Sin
embargo, no obstante esta situación adversa, los zapatistas de Chiapas y del
EZLN han logrado establecer un territorio autónomo por la vía de los hechos y
ejercer una forma de autogobierno indígena. De esa manera han construido una
especie de cerco sanitario para atenuar los efectos nocivos de la globalización
en las comunidades originarias bajo su
influencia.
Evidentemente
los zapatistas no pueden cantar victoria, el levantamiento indígena no logró
detener la imposición del modelo neoliberal en toda mesoamérica y las
consecuencias nefastas de diez años de libre comercio en la región son
evidentes.
El
balance de los diez años desde el levantamiento a balazos, protagonizado por
los indígenas chiapanecos, es muy complejo, porque por un lado los
representantes de la globalización, es decir, las trasnacionales y las
megacorporaciones globalizadas, más los dóciles funcionarios de los gobiernos
entreguistas de la región, han logrado establecer reformas constitucionales
adecuadas, que les permiten facilitar dentro del país la operación de las
corporaciones globalizadas. Por ejemplo, los tratados de libre comercio
requirieron de ajustes constitucionales profundos como fue la reforma al
artículo 27 constitucional, que significó el establecimiento de la contra
reforma agraria, permitiendo echar atrás todos los acuerdos agrarios de la posrevolución,
esenciales para la pacificación del país. Otros cambios sustantivos ejecutados
para adecuar la legislación nacional a las
necesidades del libre comercio son los cambios a muchas reglamentaciones
primarias y secundarias, como son los casos de
Por
otro lado, se emprendió un basto programa de privatización indiscriminada de
las poderosas empresas creadas por el estado social mexicano, generalmente
relacionadas con apoyos al campo, formadas para responder a necesidades
sociales estratégicas del desarrollo económico del país, transferidas (o
incluso desaparecidas cuando así convenía) sin mediaciones a poderosos grupos
mafiosos nacionales ligados al poder, como el acaso del sistema financiero
estatal o las comunicaciones y transportes.
La
firma del Tratado de Libre Comercio con Norteamérica (TLCAN, por sus siglas en
español; NAFTA en inglés) hace diez años, representó la definición de la
voluntad del gobierno de Salinas de Gortari de imponer una supralegislación
imperial en materia económica. La nueva reglamentación derivada de los tratados
abrió de par en par la economía, como bazar de garage, para que las empresas
estatales fueran vendidas sin restricciones, o para permitir los flujos libres
de comercio y de capital financiero.
Muchos
sectores se manifestaron entonces en contra de la firma del TLCAN y su entrada
en vigor el 1º. de enero de 1994, alertando sobre las
previsibles consecuencias adversas para el país de su establecimiento, porque
representaba la entrega de los principales resortes que mueven la economía
nacional al control y beneficio de las corporaciones internacionales.
Sin
embargo, ninguna manifestación resultó más contundentemente que la que impulsaron los zapatistas con su levantamiento armado,
rechazando de plano el TLCAN y el modelo de integración subordinada. Lo
singular y trascendente del zapatismo, además de aplicar formas aparentemente
agotadas como lo es la lucha armanda, es que irrumpió como un movimiento
indígena contra la globalización, es decir, se trataba de una forma de lucha de
resistencia con una dimensión global, más allá de sus demandas inmediatas o
locales, que resultaba inédita hasta entonces, sobre todo proviniendo de un
sector social tradicionalmente considerado marginal y con poca capacidad estratégica .