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Adrenalina Nº 5. Guerra social en todos los frentes.
[26-12-02]
20-J, un éxito ¿de quién?
Los
sindicatos mayoritarios dicen que la huelga ha sido un éxito a
pesar de la actitud del gobierno; los sindicatos minoritarios dicen que
la huelga ha sido un éxito a pesar de la actitud de los mayoritarios;
las ongs y sectas socialdemócratas insisten en que esta huelga
también ha sido un éxito a pesar de las provocaciones policiales.
Pero, ¿para quién ha supuesto un
éxito esta huelga?
Los sindicatos dicen que ha sido un triunfo para los trabajadores, otros
dicen que para los precarios, los inmigrantes, los jóvenes...
Los sindicatos pretendían con la convocatoria de la huelga reafirmarse
en su posición de gestores del conflicto en el mundo laboral y
de institución encargada de mantener el orden democrático
entre los trabajadores. También pretendían lanzarse a la
captación de sectores todavía no sindicados que pueden cuestionar
su papel de intermediarios: los inmigrantes, los trabajadores precarios,
los parados, etc.
En este sentido la huelga ha sido un éxito para la clase sindical,
o sea para el conjunto de liberados, representantes, delegados y políticos
que viven directa o indirectamente del sindicalismo. Y ha sido un éxito
por su alcance mediático que ha puesto otra vez en primera página
a la muchedumbre bajo las siglas sindicales.
Sin embargo el éxito no ha sido total, los brotes de desobediencia
a las consignas sindicales, los sabotajes, los enfrentamientos con la
policía y los desórdenes en las calles nos comunican que
hay voluntad de superar las consignas sindicales empeñadas en una
huelga "que no haga daño a la economía".
Los sindicatos mayoritarios, dedicados en exclusiva a defender su papel
como instituciones de control social en el ámbito de las grandes
empresas y la administración pública, han conseguido reforzar
su imagen de representantes de este sector.
Los sindicatos minoritarios, que antes marcaban la diferencia utilizando
métodos que tratasen de dañar (aunque fuese mínimamente)
la economía, ahora solo tienen que reivindicar migajas para diferenciarse
de los "grandes" mientras los métodos de enfrentamiento
de otros tiempos son sustituidos por
los cauces democráticos de moda.
Así, entre reuniones "de altura" de los grandes y demostraciones
de miserabilismo de los pequeños, surge un nuevo producto para
controlar a quienes no se encuadran en ninguna de estas estructuras; un
sector dominado por trabajadores sociales, profesores, oenegeros de profesión
y socialdemócratas con síndrome ciudadano responsable, se
auto-denominan "precarios" y pretenden, con este nombre, encuadrar
bajo sus pancartas a todo el sector de población que, efectivamente,
se encuentra en una situación laboral precaria.
En el método está reflejado también el mensaje, una
huelga de un día, avisada de antemano y decidida desde las cúpulas
sindicales es solo una demostración de la capacidad de control
que todavía tienen estas estructuras sobre el mundo laboral, el
supuesto objetivo de la huelga: paralizar la economía y hacer daño
a la otra parte no se cumple, la economía digiere la huelga como
un día festivo más. Una procesión de borregos con
banderita de usar y tirar, con un doble cordón policial (el de
los convocantes y el de la administración) y con misa al final
solo demuestra que, desde el punto de vista de la lucha por nuestra dignidad
el 20 de junio ha sido un día insignificante.
La huelga es un método válido siempre que la intención
sea verdaderamente imponer nuestras decisiones al contrario y hacer daño.
Sin embargo convendría hacer una revisión crítica
de la huelga como método, de sus límites y desventajas.
Hay otros más adaptados a nuestra capacidad actual de movilización,
en Argentina han estado experimentado algunos a nivel masivo:los saqueos,
los cortes en las comunicaciones, los sabotajes, etc. Ante la situación
actual tenemos que plantearnos si las prácticas que estamos desarrollando
habitualmente se adecuan a lo que queremos conseguir.
Acabemos con la mentalidad sindicalista, abandonemos las posturas resistencialistas
y replanteemonos los métodos que usamos. La conflictividad permanente,
el pensamiento estratégico y la actitud ofensiva son nuestras mejores
armas.
Madrid,
diciembre 2002
ALICIA
Y LA ESTRATEGIA
- "Minino de Chesire" empezó un poco tímidamente Alicia, ya que no sabía
si le gustaba que le llamaran así; pero al gato se le ensanchó la sonrisa;
"vaya, de momento parece complacido" pensó, y prosiguió: "¿Te importaría
decirme, por favor, que dirección debo tomar desde aquí?" -"Eso depende
en gran medida de a donde quieres ir" dijo el gato. -"No me importa mucho
a donde..." dijo Alicia. -"Entonces, da igual la dirección" dijo el gato.
Alicia en el País de las Maravillas. Lewis Carroll.
¿A dónde queremos ir? ¿Qué camino vamos a recorrer? ¿Qué medios vamos
a usar para llegar? Todos estos son planteamientos propios del pensamiento
estratégico, y del sentido común. La estrategia no es más que el arte
de escoger los medios adecuados para conseguir los objetivos que se buscan.
El vandalismo es un gesto de negación. Es una forma de rebeldía que rompe
con los prejuicios morales relacionados con la destrucción, la violencia
y el respeto a la propiedad privada. El vandalismo es una respuesta espontánea,
con forma destructiva, a la miseria de vida que nos impone la sociedad
capitalista. Y, sin embargo, como forma de rebeldía que es, el vandalismo
tiene sus limitaciones.
El acto vandálico empieza y termina en sí mismo, se rebela solo ante un
aspecto concreto de la realidad. El acto vandálico no cuestiona el contexto
social que produce esa realidad. En este sentido es un ataque superficial
que solo araña la superficie del enemigo. Al no chocar con la estructura
social que fabrica la miseria diaria; al no tratar de destruir las bases
ideológicas y físicas sobre las que se asienta el sistema, el vándalo
suele acabar resignándose ante su impotencia generando la ilusión de un
enfrentamiento real que, en la mayor parte de los casos, acaba convirtiéndose
en otra forma de evasión que, con el tiempo, desaparece. Un mismo acto
destructivo puede ser un acto vandálico o ir más allá. Lo que los diferencia
es la motivación de quien o quienes lo practican.
Cuando el acto destructivo no forma parte de una proyección que salga
del momento concreto, cuando acaba en sí mismo, es fácilmente recuperable
por su carácter puntual, aislado de todo contexto. El vandalismo como
descarga de tensiones es atractivo, es más peligroso que el baile, el
deporte o las drogas; pero desde el punto de vista del rechazo a este
mundo es más interesante. Sin embargo su transformación en una forma más
de folklore para jóvenes estresados o su conversión en algún tipo de carnaval
colectivo anual, después del cual cada uno vuelve a casa dispuesto a obedecer
el resto del año, reducen su potencial como gesto de negación.
La socialdemocracia, en sus distintas versiones y según como venga el
viento, ha instrumentalizado o condenado el vandalismo, usándolo como
reclamo mediático para llamar la atención, sobre sus chorradas políticas.
El vándalo se convierte en este caso en carne de cañón al servicio de
los mismos sectores que nos mantienen sometidos. Al no insertarse en una
crítica teórica y práctica del papel de la socialdemocracia, el vandalismo
es recuperado por el sistema. En el mundillo del radicalismo democrático
también se suele instrumentalizar el acto vandálico para dar una imagen
combativa a organizaciones que; o bien no tienen más objetivo que mantenerse
a sí mismas; o bien tratan de ocultar su esencia socialdemócrata detrás
de un pasamontañas.
En este punto, tenemos que volver a preguntarnos ¿A dónde queremos ir?
¿Cómo lo vamos a hacer? Y, sobre todo ¿Qué obstáculos debemos vencer para
tratar de conducir los acontecimientos en vez de soportarlos impasibles?
Es necesario fomentar el vandalismo y cualquier otra forma de desobediencia,
pero tratando de ir más allá. Transformando el vandalismo en una actitud
de enfrentamiento continuo contra la sociedad de clases y contra las estructuras
del poder. Transformar el acto vandálico en una actitud destructiva que
se extienda en el tiempo y en el espacio, que combata tanto la ideología
como las instituciones y las personas que se benefician, mantienen y protegen
el sistema que nos oprime.
Hacer de nuestra actividad una amenaza real depende de que sepamos calibrar
las vulnerabilidades del enemigo y nuestras posibilidades. Se trata de
estudiar la coyuntura, anticiparse a los acontecimientos y mantener una
actitud ofensiva que nos permita arrebatarle la iniciativa al enemigo
y conservarla. A esto se le llama necesidad de pensamiento estratégico.
Hay algunos obstáculos que dificultan este trabajo. El fetichismo surge
de la sensación de impotencia frente a la realidad que nos rodea. Consiste
en tomar un elemento (un fetiche) parcial, dominable, manejable; que sustituya
a la realidad y acabar prefiriendo la parte a la realidad.
Es un obstáculo que nos impide relacionarnos con el entorno y percibir
lo que pasa realmente a nuestro alrededor. Posibles fetiches hay muchos:
la asamblea, las publicaciones, los adoquines, etc. todos elementos útiles,
si se usan adecuadamente, todos posibles fetiches si los sustituimos por
el contacto con la realidad y confundimos una cosa con otra. La percepción
de las circunstancias que nos rodean exige una actitud vigilante. Una
mirada que vea lo distante como si estuviera cerca y que, a la vez, se
distancie de lo cercano; es necesario conocer las armas del enemigo sin
distraerse con sus movimientos insignificantes; es imprescindible mantener
una mirada amplia, circular y profunda que preste atención a las transformaciones
que se dan en el entorno. La ausencia de esta actitud vigilante genera
una sensación de parálisis: se percibe el mundo siempre igual a sí mismo,
que no cambia en ningún aspecto.
La consecuencia es que se cae en la rutina, la repetición, en el aburrimiento
y en la apatía. La desorientación y la perplejidad ante los acontecimientos
que se suceden son hijas de la falta de análisis. Al estar desorientado,
el individuo busca algo a lo que aferrarse, algo que de sensación de seguridad.
Se adoptan ideologías, es decir, pensamientos que no están contrastados
con la realidad, ideas cristalizadas y así, se sigue sin ser capaz de
comprender lo que pasa a nuestro alrededor. En la búsqueda de seguridades
se mitifican realidades ajenas en el espacio o en el tiempo y se repiten
rituales con la esperanza esotérica de que, mágicamente, se realicen nuestros
deseos. Acabar con el esoterismo "revolucionario" y todos los demás obstáculos
que dificultan nuestra capacidad de maniobra exige hacer un esfuerzo por
observar nuestro entorno. A partir de la observación se deben tratar de
hacer análisis que nos sirvan para tomar decisiones. Estos estudios no
pueden ser adivinaciones sino hipótesis hechas sobre la base de la comprensión
de los acontecimientos actuales. Si contrastamos nuestros objetivos con
una visión clara de la situación en la que vivimos; de los puntos débiles
del enemigo con nuestras posibilidades, podremos desarrollar proyectos
concretos que sirvan para debilitar al adversario y fortalecer nuestro
campo. Proyectos que nos sirvan para mantener la iniciativa; proyectos
con ánimo ofensivo. El asunto no es tan complicado.
Si los objetivos que nos proponemos a corto o medio plazo indican hacia
donde nos queremos dirigir; la estrategia aclara cómo hemos de alcanzar
estos objetivos. Y, en este sentido, toda actividad lleva casi siempre
consigo algún tipo "planteamiento estratégico" incluso aunque sus actores
no sean conscientes de ello. El problema es que al no tener presentes
todos los recursos estratégicos, al no elaborar un plan, tomando en cuenta
todas las posibilidades a nuestro alcance, no se pueden aprovechar en
toda su potencialidad las circunstancias del momento. Rechazada la dinámica
de parar los golpes del adversario exclusivamente, rechazado el resistencialismo
propio de las organizaciones socialdemócratas, solo queda el ataque. El
ataque entendido como la anticipación a los acontecimientos, la conflictividad
permanente como determinación para acabar con este mundo. Hay que comprender
que si lo que queremos es incidir en la realidad y tratar de influir en
los acontecimientos en lugar de soportarlos se hace necesario retomar
el pensamiento estratégico.
La estrategia como arma indispensable para intervenir en la guerra social
en la que, de todas formas, estamos implicados querámoslo o no, y del
lado que recibe todos los golpes. Recuperar la estrategia implica hacer
un esfuerzo por plantearnos dónde estamos, qué estamos haciendo, qué opciones
no estamos contemplando, dónde llegaremos si seguimos así, etc. También
implica elaborar un plan que habrá de dividirse en una serie de actividades
concretas y precisas en el terreno práctico y, por supuesto, implica una
valoración del desarrollo de nuestra actividad para corregir los errores
o desajustes que se están dando y para contrastar continuamente objetivos,
entorno y desarrollo del plan.
SOBRE
LAS CAUSAS DE LA VIOLENCIA
Para muchos la causa principal de la agresividad destructiva es la cólera.
Según esta hipótesis las personas serían una especie de contenedor en
el cual se van acumulando tensiones psíquicas de distinta naturaleza,
hasta que se alcanza un nivel de "presión interna" que ya no puede ser
tolerada. En este punto la persona debe liberar la tensión acumulada.
No puede hacer menos. Se verifica entonces la explosión de cólera, se
movilizan los impulsos agresivos de tipo destructivo. La agresividad a
su vez, se expresa en actos violentos dirigidos a un objetivo cualquiera.
Generalmente el primer objetivo que se tenga a mano: El conductor que
realizado un adelanto considerado incorrecto, el niño desobediente, el
compañero trepa, el adversario político... un enemigo de cualquier tipo.
Es evidente que semejante explicación de la agresividad no explica nada.
No es cierto del todo, por ejemplo, que las personas estén obligadas a
descargar la ira mediante acciones violentas. Las personas no somos una
olla a presión. Puede acumular tensiones dentro de si hasta el infinito
sin explotar nunca, sin nunca descargarlas mediante comportamientos dirigidos
contra otras personas.
Por el contrario es fácil que suceda a la inversa, es decir, que el individuo
alentado a no manifestar con hechos su propia cólera, termine por eliminar
la propia cólera dentro de si y llegue, al menos en cierta medida, a liberarse
de estas emociones. En cambio se debe reconocer que en muchos casos la
agresividad no tiene nada que ver con la ira. El escalador social que
trabaja para eliminar a los competidores, los cuales a menudo le son del
todo desconocidos, el soldado que va al asalto contra individuos a los
que nunca ha visto la cara, el sicario, el político que estudia como desacreditar
a su opositor, todos actúan con la mente fría y su agresividad nace de
procesos perfectamente racionales y nunca emotivos. No es la ira lo que
les mueve si no el cálculo premeditado.
Otra emoción, algo diferente de la cólera, ha sido indicada como causa
principal, si no exclusiva, de la agresividad: el odio. Es verdad que
muchas veces odio y cólera crecen juntos, se potencian y se cruzan intrínsicamente
, pero, son sentimientos distintos. Se puede odiar sin cólera y se puede
estar encolerizado sin odiar. El odio de tipo racista, por ejemplo, no
esta ligado a la ira, sino a una tradición cultural. Es evidente que el
odio suscita en el hombre cargas de agresividad destructiva y es más bien
peculiar en el sentimiento de odio el deseo de exterminar el objeto odiado.
Sin embargo las situaciones en las que la agresividad no corresponde al
odio son innumerables. La agresividad que impulsa a explotar al trabajador
no es para nada producido por sentimientos de odio, sino mas bien por
motivaciones económicas. Lo que me induce a arruinar a un adversario.
Lo que me lleva a deshacerme de un competidor es debida a mi sed poder.
Creo que se puede considerar que en nuestro tipo de sociedad la agresividad
destructiva raramente nace del odio. Obviamente hay quien atribuye la
agresividad destructiva a la rivalidad. Que entre las personas de nuestra
cultura haya una fuerte rivalidad y que esta sea origen de impulsos agresivos
bastante potentes, no se puede negar. Cualquiera que posea, o esté en
grado de poseer un bien deseable o considerado como tal es potencialmente
un rival. Y en el enfrentamiento con un rival se genera evidentemente
un sentimiento agresivo. Quedaría por ver si el sentimiento de rivalidad
ha existido siempre entre los seres humanos y si eso pertenece a una cultura
pasada, presente o futura. La hipótesis de una organización social en
la que la rivalidad sea inútil, por lo tanto inexistente, no es inconcebible.
En cambio parece bastante inconcebible una comunidad humana ausente de
impulsos agresivos.
Por otra parte a propósito de la rivalidad, se debe hacer el mismo discurso
que respecto a la ira y al odio: La rivalidad es sin duda, al menos en
nuestra época, uno de los impulsos de la agresividad, pero no la única.
Es evidente que podría comprobar que hay impulsos agresivos contra personas
que no son para nada rivales. No creo que el comandante de un campo de
exterminio nazi considerase a sus víctimas como rivales. La diferencia
de poder entre unos y otros era tal que excluía todo tipo de rivalidad.
Una interpretación de la agresividad destructiva que tiene puntos en común
con lo anterior, fundados sobre la rivalidad, es la que atribuye el impulso
agresivo a la frustración. Pero la frustración no hace nacer, en todos
y siempre, impulsos agresivos dirigidos a la eliminación del "culpable",
del que se ha interpuesto entre yo y el objetivo.
Hay personas que se adaptan tranquilamente a la dificultad, que antes
se dejan vencer por el desaliento que por la reacción agresiva, que directamente
prefieren encontrar obstáculos en su camino y por eso, al menos a nivel
de conciencia, aceptan de buen grado tanto la intervención frustrante
como a su autor. La frustración, la desilusión por el propio fracaso,
el rencor hacia quien de cualquier modo ha obstaculizado un cierto proyecto
de conquista son rasgos típicos de la personalidad insegura. En cambio
hay quien considera que la principal causa de la violencia es la inseguridad.
El punto de partida sería según esta teoría en defecto de desarrollo de
la personalidad y por tanto de una incompleta realización de las aptitudes
del individuo. De esto derivaría la debilidad del carácter y esta daría
lugar a una constante incertidumbre, agravada por la poca autoestima.
La persona que no se ha autorrealizado seria vulnerable y provisto de
escasos recursos interiores. Tendría necesidad constantemente de reanimado
por lo que le rodea, por el éxito, por la estima ajena y en general por
un incesante flujo de señales que le den la prueba de su valor. Pero en
el mundo en el que vive el no encuentra todo esto, pero si encuentra frustraciones
de todo tipo.
Entonces para defenderse a si mismo y mantener su dignidad, no le queda
mas que una via: la de atribuir la propia infelicidad, los propios fallos
y la propia debilidad a la maldad de los otros. Se siente enemigo de todos
y propensión principal es la de destruir a los rivales que le rodean.
Esta es la teoria que obtiene el mayor consenso, en estos momentos en
el que triunfalismo psicoanalítico esta de moda, y es la que reconduce
la agresividad al llamado "trauma infantil". Seguramente hay mucho de
verdad en eso que sostiene los representantes de esta corriente. Las experiencias
vividas en la primera infancia no pueden no dejar huellas profundas en
la personalidad. Un niño que en los primeros meses de vida haya sufrido
graves privaciones en el plano afectivo o que haya sido fuertemente reprimido
en el disfrute de su propio cuerpo, o que de cualquier modo haya sido
víctima de rígidos condicionamientos, probablemente desarrollará dentro
de sí considerables propensiones a la agresividad. Hay que decir sin embargo
que en este campo se ha llegado muchas veces a conclusiones simplistas
o en algún caso directamente grotescas.
Alguno ha afirmado, por ejemplo, que el fenómeno de la contestación juvenil
ha sido producto del hecho de que los rebeldes no habían sido amamantados
en el seno materno. Pero volvemos a la teoría. El niño, se dice, debe
ser amamantado en el seno durante un tiempo considerable, debe ser abrazado
por la madre lo mas a menudo posible, no debe seguir ningún ritmo de alimentación;
no debe llorar nunca; no debe recibir de la vida más que leche materna,
el abrazo materno, las caricias maternas, los consuelos maternos, etc.
Si algo de todo esto falla el niño se convertirá sin duda en agresivo
y enemigo de la humanidad. No dudo en decir que este mecanismo naturalista
me convence bastante poco. Las condiciones dadas como ideales por esta
teoría en cuestión parecen cercanas a las de un encarcelado. Las ataduras
protectoras de la madre, el continuo persistir del cordón umbilical que
cada cierto tiempo asume el papel de la leche materna, del abrazo, del
beso, de la hiperprotección, etc. contiene algo de obsesivo, de sofocante
y de inhibitorio. El niño, como todo ser humano, también necesita frustraciones
para progresar, obstáculos que superar, conflictos, etc. Pero sobre todo
necesita afirmarse a si mismo, apoderarse de los instrumentos que le sirven
para vivir.
Y para obtener esto debe disponer de un mínimo de autonomía y por tanto
debe tener la oportunidad de separarse de la madre. Sobre la base de mi
experiencia como pediatra creo poder afirmar que en muchos casos es el
exceso de presencia materna es lo que provoca la agresividad del niño.
Es lógico. Un individuo perseguido por una protección obsesiva e implacable
puede también desarrollar dentro de si el impulso de eliminar al perseguidor
por un lado y al extraño por otro, que siempre le ha sido presentado como
enemigo. En resumen hay que dudar que todo cuanto haya sido llamado trauma
infantil lo sea en realidad, por el contrario se puede pensar que un ansia
materna de tipo sobreprotector sea capaz de producir en el niño cargas
de agresividad, cuando supera ciertos límites. He intentado hasta aquí
justificar la opinión según la cual ninguno de los motivos analizados
por si solo explica el origen de la agresividad destructiva en todos los
casos. Creo que este impulso destructor presente en muchas personas se
origina en un fenómeno más general.
Este fenómeno es a mi parecer la adaptación al sistema dominante. Desde
el momento en que nace el ser humano sufre las presiones ejercidas sobre
él por las costumbres sociales y su evolución es influenciada. Tales costumbres,
como sucede en nuestro tipo de cultura, no permiten un libre desarrollo
del individuo, sino que tienden a modificarlo según las exigencias ligadas
a las estructuras del poder, por lo que la evolución de la personalidad
sigue líneas patológicas. Sin embargo, parece incontestable, que nuestro
sistema social esta fundado sobre la preeminencia del poder, de tipo económico
respecto a las relaciones afectivas. Lo importante para nosotros no es
vivir en un clima de amor, de confianza, de generosidad, sino poseer los
medios con los que dominar a nuestros semejantes. Este es el hábito que,
desde el primer día de vida, pesa sobre la evolución de cada persona.
Ahora bien el hombre puede elegir: rechazar el enfrentamiento con el hábito
en el sentido de aceptarlo y adaptarse acríticamente, o bien luchar contra
el condicionamiento, resistir a las sugerencias del sistema, romper la
norma y, en definitiva, asumir la posición de revolucionario.
En este segundo caso tendrá la oportunidad de desarrollar la propia personalidad,
por así decirlo, fisiológicamente de manera sana. En el primer caso deberá
pagar necesariamente la propia rendición, la propia adaptación, la distorsión
de si mismo. La locura producida por la adaptación al sistema es la disolución
de la personalidad que produce una condición de debilidad, de ausencia
de confianza en si mismo y, por tanto, una continua búsqueda de consuelo
"desde el exterior". En otras palabras, que no encuentra dentro de sí
los motivo válidos para valorarse a sí mismo, debe buscar los motivos
fuera de sí y precisamente en esos símbolos que la costumbre propone como
signos de respetabilidad, de fuerza, de valentía, de potencia, etc. Pero
quien se dedica a la conquista de estos símbolos entra inevitablemente
en concurrencia con todos aquellos que persiguen el mismo fin. Por lo
tanto con la gran mayoría de los individuos que forman la sociedad. La
consecuencia genera dos sentimientos de enorme potencia.
En primer lugar el odio por el competidor, que buscando acaparar el "valor"
al que se aspira, cumple evidentemente una operación dirigida a dañar
al rival.
En segundo lugar la concurrencia produce un profundo sentido de frustración,
tanto en el vencedor como en el vencido. En el vencedor porque su victoria
nunca es definitiva y debe ser constantemente reconquistada en nuevas
competiciones cada una de las cuales en caso de derrota, anula los éxitos
precedentes. En el vencido por la simple razón de haber perdido la apuesta.
De este tipo de frustración nacen otros sentimientos: la envidia por quien
ha obtenido un éxito superior al nuestro, la vanidad de ostentar los símbolos
del poder conquistado, los celos en el enfrentamiento con aquellos que
podrían robarnos o en cualquier caso amenazar lo que poseemos, el miedo
a todos en cuanto enemigos en potencia, y por lo tanto la vileza. El hombre
vil, decía Montaigne, sólo tiene una posibilidad: destruir al enemigo.
El individuo adaptado al sistema, afectado por una degradación de la personalidad,
irremediablemente enredado en los engranajes de la concurrencia, incapaz
de imaginar un modo de vivir que no esté fundado sobre la carrera hacia
el poder y el dinero, constantemente frustrado, traicionado y egoísta.
Si la acción delictiva le viene impuesta, o al menos sugerida, por el
mecanismo social que él ha aceptado como el único posible, lo cumplirá
sin excitaciones. No tendrá nunca la fuerza de oponerse a los mandamientos
del sistema. Precisamente por que su personalidad es demasiado frágil
para rebelarse en una práctica inexistente. Como es un gregario, un borrego
o un siervo, también logra llegar a una carga que le consiente ejercitar
un poder sobre los otros. Un siervo siempre dispuesto a cualquier bajeza.
La adaptación al sistema es una condición psicológica que genera agresividad
destructiva de mil maneras. El odio en nuestro sistema tiene una función
social.
Por lo tanto viene también sólidamente afianzado en las generaciones futuras
bajo la forma de tradición. Pero si el individuo de nuestro tiempo fuese
capaz de un mínimo de razonamiento lógico, se daría cuenta de que el enemigo
propuesto, o impuesto por el gobernante no es verdaderamente un enemigo.
Por lo tanto no alimentaría en sus enfrentamientos algún sentimiento de
hostilidad. El gobernante explota la agresividad producida por la concurrencia
y la frustración en cada individuo canalizándola y dirigiéndola contra
un enemigo inventado. Pero no siempre la agresividad de un individuo tiene
connotaciones destructivas y por lo tanto negativas. No siempre la capacidad
de tolerancia a las frustraciones es un síntoma de fuerza personal.
Si el insulto, la amenaza y el ataque son dirigidos contra las ideas en
las que creo, o bien contra las personas cuya integridad siento que debo
defender, y si la frustración toma la forma de abuso, de opresión, de
engaño y de explotación de clases, la tolerancia se convierte en debilidad
culpable, a veces directamente en crimen. La agresividad que este tipo
de comportamiento ofensivo suscita en mi debe traducirse violencia. La
cual, en tales condiciones, es la violencia de la rebelión, la contestación,
de la justicia y de la libertad. Enfrente del discurso de la agresividad
destructiva emerge en toda su complejidad el discurso educativo.
El convencer, con cualquier medio, a los otros, a construir un mundo diferente
a este, no es realizar una acción educativa. Es cumplir un acto de engaño,
exactamente que convencer a los demás de conservar el mundo tal cual está.
La revolución no puede ser obligatoria. Y menos inculcadas con métodos
de persuasión, mas o menos directos u ocultos. La aspiración a la revolución
debe partir de la personalidad del individuo. Lo que constituye la tarea
de cada persona es no impedir el nacimiento de este impulso. En otros
términos, creo que la educación, en lo que respecta al argumento que nos
interesa, esta en actuar de manera que los otros puedan construir el mundo
que quieren. Se entiende que esto significa dar los instrumentos con los
que realizar su elección.
No hay otra línea de conducta legitima. Si se quiere que la agresividad
destructiva se separe de la personalidad del ser humano, cosa que considero
posible y si se quiere que la violencia de las instituciones desaparezca
de la sociedad, que también es posible, hay que hacer que nuestros hijos
y nietos puedan rechazar la adaptación, la competición y la resignación
frente a sistema persecutorio y suicida.
Marcello Bernardi (Extraído de Infinity Nº2)
ANSIEDAD
Nerviosismo, inquietud, inseguridad, angustia..., ansiedad. Son distintas
formas de describir estados en los que nos encontramos a menudo. Se pueden
manifestar en forma de tensión, falta de concentración, dificultad para
tomar decisiones, sensación de perdida del control sobre nuestra propia
vida...También puede aparecer como palpitaciones, mareo, sequedad en la
boca, movimientos torpes o sin una finalidad concreta, evitación de situaciones,
etc.
La ansiedad es una reacción emocional ante una amenaza o peligro y es
útil porque nos prepara para afrontarlos. Las condiciones de vida en que
nos desenvolvemos marcan de manera decisiva nuestros estados de ánimo
y, estos a su vez, influyen en la relación que tenemos con nuestro entorno.
Conseguir los medios necesarios para vivir nos obliga a vender gran parte
de nuestro tiempo y esfuerzo. La relación con el mundo laboral es la responsable
de muchas de nuestras tensiones cotidianas, no hay más que mirar a nuestro
alrededor para observar las consecuencias: dificultades para relacionarnos,
actitudes autodestructivas, búsqueda de chivos expiatorios, etc. Las salidas
falsas que se nos ofrecen al trabajo asalariado (auto-empleo, "cooperativismo",
supervivencia a base de robo o subsidios) no son más que maneras distintas
de sobrevivir que, en muchos casos, solo contribuyen a empeorar nuestra
frágil estabilidad emocional.
Así pues, queramos disfrazarlo o no, estamos obligados a relacionarnos
con el mercado laboral a lo largo de casi toda nuestra vida. Los cambios
que se están produciendo en la forma en que se desarrolla el trabajo asalariado
nos influyen directamente, no solo en el momento de trabajar sino en toda
nuestra vida. La palabra que mejor define la relación que hoy tenemos
con el trabajo es la de: inseguridad. Inseguridad a la hora de conseguir
un empleo, inseguridad una vez que lo hemos conseguido por la posibilidad
de perderlo cuando quiera el jefe (sin consecuencia ninguna), inseguridad
cuando estamos trabajando porque se nos puede cambiar de puesto (de contenido
de trabajo) en cualquier momento; inseguridad en los ingresos que pueden
variar a gusto del patrón en cualquier momento.
El resultado es que vivimos en un estado de permanente incertidumbre,
en el cual, de un día para otro, por circunstancias ajenas a nosotros,
nuestra vida puede dar un vuelco (siempre a peor, claro) a causa de la
relación que estamos obligados a mantener con el trabajo asalariado. El
mismo proceso de transformación del mercado laboral ha hecho que el colectivo
de trabajadores asalariados quede fragmentado a su vez en varios subgrupos
por las condiciones en que se desarrolla nuestra explotación. Hay quienes
mantienen seguro su puesto por que al capital le conviene de momento que
así sea; hay quienes pierden poco a poco esa seguridad por que son cada
vez mas prescindibles, estamos quienes nos movemos en las relaciones laborales
totalmente inciertas e inseguras y están también quienes directamente
han sido excluidos del mundo laboral a su pesar y sin posibilidad de conseguir
los medios básicos de supervivencia.
En este contexto de fraccionamiento laboral y de debilidad de la conciencia
de pertenencia a una misma clase, la trabajadora, el apoyo mutuo escasea.
Sólo las luchas y los choques con quienes nos explotan pueden hacer resurgir
la solidaridad entre explotados. Mientras tanto, la sensación de soledad
y de indefensión contribuyen todavía más a aumentar nuestra ansiedad.
A esto hay que añadir las condiciones en las que trabajamos y la presión
calculada a la que nos someten nuestros empleadores para extraer lo máximo
de nosotros. La frustración que implica vernos obligados a bloquear nuestros
propios deseos y necesidades por la urgencia de mantener, por un poco
de tiempo más, nuestro empleo temporal añade todavía más angustia a nuestra
existencia.
El resultado de todas estas tensiones supone habitualmente un desgaste
lento que va socavándonos poco a poco. Desgaste que mina nuestra seguridad
en nosotros mismos, que nos hace sentirnos insignificantes frente a nuestros
explotadores y que, muchas veces, hace que nos sintamos responsables de
situaciones que no hemos elegido. Un desgaste que puede acabar convirtiéndonos
en vegetales deseosos de que toda esta pesadilla acabe cuanto antes, mientras
"descansamos" viendo caricaturas de nosotros mismos en el programa televisivo
de moda. Cuando reconocemos la ansiedad en nuestra vida reaccionamos automáticamente,
es natural. Sin embargo, muchas veces, esta reacción no solo no nos alivia
sino que nos confunde todavía más y contribuye a la perpetuación de la
situación miserable. Gran parte de estas reacciones vienen dictadas por
creencias que nos han inculcado y no hemos sabido o querido cuestionar.
Creencias dictadas en muchos casos por los mismos que quieren mantenernos
como explotados inofensivos y obedientes. Creencias útiles para confundirnos
y empujarnos a aceptar con resignación nuestra condición de esclavos.
Creencias y hábitos que deberíamos destruir para afrontar de forma realista
la situación en la que vivimos. Asumir el papel de víctima es una de estas
imposiciones. Desde todos los ámbitos se refuerza esta idea. Y, en parte,
es cierto que somos víctimas de un sistema que se sostiene sobre nuestra
explotación de la mayoría para el beneficio de unos pocos. Pero esto es
solo una porción de la realidad. Tenemos también parte de responsabilidad
en que esto siga siendo así, mantenernos en el papel de víctimas contribuye
a aumentar nuestra impotencia y confusión. Solo luchando contra los que
se benefician de nuestra situación sentaremos las bases para acabar con
la explotación. Desarrollar nuestra capacidad para analizar las razones
que nos mantienen sometidos, es el primer paso para salir de la fosa victimista.
Asumir que tenemos capacidad para intervenir en el presente y defender
nuestra dignidad enfrentándonos a nuestros amos, es el siguiente.
Otra reacción ante la ansiedad es culpabilizarnos de nuestra propia situación
asumiendo que somos los responsables exclusivos de todo lo que nos pasa.
En este sentido va dirigida la propaganda institucional que trata de descargar
en nosotros la responsabilidad por nuestras condiciones de vida. También
desde la propaganda del sistema se nos anima a que busquemos culpables
de nuestras miserias entre gente cercana (familiares, inmigrantes, vecinos,
etc.). En uno y otro caso de lo que se trata es que no salgan a la luz
las verdaderas relaciones de explotación. Que no distingamos a nuestros
verdaderos enemigos y que no empecemos a actuar de forma consecuente con
esta realidad. En la búsqueda de cierta seguridad es fácil caer en la
tentación de aferrarse a ideologías, dogmas, sectas, religiones, patriotismos
de cualquier color o incluso al culto al trabajo, lo que nos hace hundirnos
un poco más. Siempre que nos sentimos amenazados de alguna manera, a la
ansiedad le suele acompañar un impulso destructivo.
Este es una consecuencia natural de nuestra situación. Es necesario aceptarlo
como algo útil que nos suministra energía y motivación para afrontar las
amenazas y para satisfacer nuestras necesidades. Además es un detector
infalible que nos avisa cuando nuestras necesidades están amenazadas o
en peligro.
La destrucción, nuestra capacidad destructiva, nos da miedo por dos razones
sobretodo: Primero, por que implica la negación de todo lo que nos han
enseñado respecto a nuestra finalidad en este mundo. Un mundo dominado
por la ideología capitalista, por el culto a la cantidad y a la adquisición.
Una sociedad basada en la acumulación debe necesariamente fomentar el
rechazo sobre su contraria: la destrucción llevada a cabo por los que
tenemos poco o nada que perder, se desarrolle esta en el plano físico
o de la ideas.
En segundo lugar, nuestra capacidad destructiva, nos asusta por que no
podemos separarla de nosotros mismos; mientras la acumulación puede escindirse
de uno (se acumulan discos, libros, etc.) la destrucción va asociada inseparablemente
a quien la practica. La destrucción no es un concepto o pensamiento metafísico,
implica actividad física y mental a la vez. Al destruir el individuo se
arriesga a destruirse a si mismo en el intento (o al menos a poner en
peligro su tranquilidad socio-doméstica). Se hace necesario, por todo
esto, aceptar nuestra capacidad destructiva como algo útil y natural.
Se hace necesario también aprender a canalizarla correctamente. A dirigirla
contra la fuente real de nuestras miserias. No hacerlo implica que suframos
estallidos periódicos de ira fuera de contexto contra alguien que no tiene
por que ser responsable de nuestra situación o contra nosotros mismos
en forma de actitudes auto-destructivas. El miedo a la muerte, mas o menos
camuflado, esta presente no solo en relación a la destrucción sino también
en otros ámbitos de nuestra vida. Históricamente el poder lo ha usado
como herramienta de dominio. La religión hace del miedo a la muerte un
instrumento para controlar a los feligreses. La democracia capitalista,
cuyos mandamientos se imponen en forma de leyes, usa la muerte legal (la
cárcel) como un importante herramienta de control. A la vez promociona
actitudes ante la vida que son claramente perpetuadoras del sistema.
Las actitudes de tipo cristiano en las que la vida es un lugar donde se
deben hacer méritos, en forma de resignación y sufrimiento, para "la otra
vida" se añaden a las actitudes de tipo instintivo, en las que la r el
rato", o de sensaciones esperando la muerte; o el tipo hedonista ,promocionado
por las marcas comerciales, en el que se habla lo menos posible de "problemas"
y se pretende centrar la existencia en una danza entre el dolor y el placer,
con algún estimulante de por medio en forma de producto de moda en el
mercado. Frente a este vivir insípido, solo cabe una actitud, la de tomar
las riendas de la propia vida y darle un sentido que la eleve por encima
de la supervivence la supervivence la supervivencia.
Observar la realidad que nos rodea, desafiando las creencias que nos han
inculcado, tomar conciencias de las razones por las cuales nos encontramos
en la situación que nos encontramos, darnos cuenta de nuestra capacidad
para intervenir en nuestro entorno, comprobar que no somos los únicos
en esta situación y actuar en consecuencia.
* * *
Comprender la realidad que nos rodea, sin dejarnos manipular por la ideología
capitalista o por cualquier otra forma de pensamiento fosilizado, es un
paso imprescindible da cara a intervenir en nuestro entorno. Dotarnos
de los medios teóricos implica analizar la dinámica de los acontecimientos,
la evolución de la economía y comparar nuestra situación con otras similares
en otros lugares o en el pasado. Cualquiera que quiera desarrollar el
enfrentamiento con quienes nos mantienen sometidos necesita hacer un esfuerzo
por entender el sentido de los acontecimientos actuales y descubrir en
ellos las fuerzas en movimiento que se necesitará impulsar o combatir.
La comprensión del mundo que nos rodea debe hacer visibles a quienes se
esnifan nuestra sangre día a día.
Cada hora que perdemos haciendo que el empresario se forre, cada hora
que perdemos esperando la cola de la oficina de empleo, cada hora que
perdemos en el transporte que nos lleva al curro, nuestros enemigos disfrutan
de los beneficios que les reporta la situación actual. Por ello el enfrentamiento
con el enemigo tiene que ser permanente, para ello se le debe conocer,
aprender como actúa, cuales son sus puntos débiles e incidir sobre ellos.
Parte de nuestro esfuerzo tiene que encaminarse a señalar a nuestros enemigos,
hacer públicas sus actividades y su implicación en el aparato que nos
exprime. Quien quiera acabar con este modelo social debe entender la destrucción
como una herramienta básica. Destrucción de los pilares ideológicos sobre
los que se sostiene hoy el capitalismo; destrucción de las creencias que
nos impiden actuar eficazmente y nos dificultan las relaciones con nuestro
entorno; destrucción de todo lo que nos mantiene sometidos. Nuestra creatividad
tiene que ser una herramienta para amplificar nuestra capacidad destructiva.
Es necesario plantearnos como queremos intervenir y desarrollar proyectos
reales que hagan visible en nuestro entorno la existencia de un rechazo
total al sistema capitalista. Es necesario acabar con la imagen estereotipada
del revolucionario como una especie de misionero evangelista (que tanto
se han empeñado en practicar los intelectuales izquierdistas y los gurús
de diversas ideologías "salvadoras"); es necesario acabar con los misioneros
de todo tipo. El revolucionario es, sencillamente, alguien que comprende
porque se encuentra incómodo en este mundo, alguien que quiere acabar
con esa situación enfrentándose con las causas y no simplemente parcheando
las consecuencias. El revolucionario no es un mártir, es alguien que prefiere
luchar para vivir que sobrevivir vegetando en cualquier rincón. El revolucionario
siente pasión por la vida y por eso acaba aburriéndose de los sucedáneos
de vitalidad que ofrece el sistema para mantenernos como zombis resignados.
Gran parte de la angustia y las tensiones con las que convivimos son consecuencia
directa de nuestra relación con el mundo laboral. Los ansiolíticos reformistas
en forma de apaños socialdemócratas no van a terminar con las causas de
nuestro mal. Solo el enfrentamiento directo con el sistema capitalista
y sus defensores puede sentar las bases para la transformación real de
nuestra vida cotidiana.
"No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte y si
todavía quedan prejuicios hay que destruirlos... (no puede uno) encerrarse
cobardemente en un texto, un libro, una revista de los que ya nunca más
saldrá, sino al contrario, salir fuera para sacudir, para atacar (...)
sino ¿para qué sirve?"
Antonin Artaud
RECURSOS (para explotar) HUMANOS
Así es como se llama en el mundo empresarial al departamento, sección
o responsable encargado de conseguir que el empresario saque mayor beneficio
de la explotación de los trabajadores: que nos expriman más y mejor. Entre
sus funciones está la de elegir a quien se contrata y a quién no, la de
señalar a quien se debe renovar y a quien despedir, la de evaluar a cada
trabajador para decidir sobre su futuro, la de establecer a quien y como
se dan los incentivos, la de elaborar planes de formación que faciliten
la introducción de las nuevas tecnologías, la de hacer que el trabajador
identifique sus intereses con los de la empresa, la de servir de pantalla
protectora de la directiva en momentos de conflictividad laboral, la de
informar a la dirección del clima existente y la de hacer cumplir las
órdenes de esta a los trabajadores.
Si en los años `40 el jefe de personal era un administrativo "de confianza"
del director o un ex-militar, la evolución de la estructura y del funcionamiento
empresarial ha hecho que quienes componen este departamento hoy sean psicólogos,
trabajadores sociales y abogados. Así mismo se han separado las funciones
de recursos humanos (rr.hh.) de las de relaciones laborales y estas últimas
se ocupan ahora de los asuntos administrativos y de las reclamaciones
de los trabajadores. También se tiende actualmente a la descentralización
del departamento y su descarga en los jefes de línea; así como a un funcionamiento
como suministrador de servicios a la empresa cuyo producto es la mejor
explotación de la mercancía más importante: las personas.
La
creciente importancia de la dirección de rr.hh. se debe al contexto cambiante
en que se mueven las empresas y su continua necesidad de adaptación; se
debe a la introducción de nuevas tecnologías, a los cambios en la organización
interna de la empresa, a la aparición de nuevas leyes, pero sobre todo
se debe a que se dan las condiciones para un recrudecimiento del enfrentamiento
entre empleadores y empleados. Cuando los empresarios prevén una época
de conflictividad es cuando el departamento de rr.hh. toma verdadera importancia
pactando con los líderes sindicales a espaldas de los trabajadores, chantajeando,
reprimiendo o despidiendo a los menos domesticados.
GRANDES
MITOS DEL IZQUIERDISMO
En el largo camino de la acción revolucionaria uno se encuentra muchos
enemigos, algunos son evidentes y esto mismo es lo que hace que sean fácilmente
localizables pero difícilmente atacables. La mayoría de las instituciones
capitalistas y sus lacayos se comportan de esta manera. Todo el mundo
sabe donde encontrarles pero no siempre se tiene la capacidad de atacarles
o hacerles daño. Sin embargo, existe otro tipo de enemigos que suelen
ser mucho más peligrosos. Estos enemigos son difícilmente identificables
para muchos pero sin embargo la mayoría de las veces son fácilmente atacables.
Los recuperadores izquierdistas y socialdemócratas se encuentran dentro
de esta categoría. Se mantienen en un estado latente, ocultos a nuestro
lado esperando el momento para asomar la cabeza y golpear, después vuelven
a sus madrigueras o simplemente desaparecen. Partirles la cara después
puede ser placentero y ejemplarizante, pero no elimina el daño hecho.
Es necesario encontrarles y ajustar cuentas antes de que tengan la posibilidad
de hacer daño, para ello se hace imprescindible conocer su manera y métodos
de funcionamiento para identificarles cuando son fácilmente localizables
y atacables. Conocer las tácticas de los enemigos es el primer paso para
desarrollar nuestras propias tácticas contra ellos.
La socialdemocracia abarca un abanico tan amplio de personas, colectivos
y grupúsculos que en un primer momento podrían confundirnos. Sin embargo,
la socialdemocracia es como un látigo de siete colas (rojo y de cuero)
aunque los extremos golpeen en sitios distintos, todos parten de una base
común manejada por una misma mano. Básicamente podemos dividirlos en dos
bloques diferenciados que se reparten el trabajo actuando donde les corresponde.
Por un lado encontramos la socialdemocracia integrada que aparece como
tal, a esta categoría pertenecen todos los partidos y sindicatos "mayoritarios"
(PSOE, CCOO, UGT, sectores de IU...). Por otro lado está la socialdemocracia
integrada que intenta no mostrarse como tal. Estos son la mayoría de las
veces los que por su carácter minoritario no pueden acceder a puestos
de poder. Son lo que se mueven por las okupas, en las manis y se envuelven
de una capa de radicalidad. Cuando hablemos del izquierdismo nos referiremos
principalmente a éstos puesto que son los que más cerca tenemos y por
tanto los que más daño nos hacen. De todas maneras no nos detendremos
en analizar todas y cada una de las puntas del látigo (desde el bolchevismo
infatiloide de las JCM al ciudadanismo ¿bien?pensante de ATTAC pasando
por el periodismo apagafuegos del Molotov) sino que nos centraremos en
sus formas comunes de actuar, su objetivo y sus causas.
Los izquierdistas son una facción más del capital, su facción estatista.
No tienen ningún interés en destruir el capitalismo, sólo buscan gestionarlo.
Su papel en la actual división de tareas espectacular es la recuperación.
El izquierdismo tiene como actividad principal evitar la revuelta integrando
en su seno (y por tanto en el capitalismo espectacular) cualquier tipo
de disidencia potencialmente revolucionaria. Cuando la integración se
vuelve imposible no duda en señalar, y si puede eliminar, a cualquiera
que dentro de su campo de operaciones se oponga al sistema que lo ha creado.
Por eso el izquierdismo aparece allí donde es necesario, allí donde pueda
surgir el mínimo conflicto que desestabilice de una u otra manera la sociedad
capitalista que lo crea y alimenta. Tiene una función preventiva, extirpa
cualquier potencialidad revolucionaria antes de que pueda desarrollarse.
Nosotros, que queremos destruir esta sociedad hasta los cimientos, estamos
condenados a encontrarnos con ellos, igual que estamos condenados a encontrarnos
con la policía y no podemos más que tratarlos de igual forma.
Los izquierdistas viven sometidos a la ideología socialdemócrata, la cual
no es sino una versión de la ideología espectacular adecuada a sus necesidades
y circunstancias. La ideología, en tanto que falsa conciencia de la realidad
no es sino pensamiento muerto, cristalizado. Las ideologías se expresan
de muchas formas, siendo una de ellas el mito. El mito es un relato alegórico
que produce un sentido para aquello que no lo tiene o cuyo sentido no
puede o no quiere ser conocido. Para ello produce una falsa realidad,
una fantasía mediante la cual la realidad adquiere un falso sentido. Existen
muchos mitos, desde la mitificación del pasado hasta la mitificación de
personajes históricos (1936, 1917, Durruti y el Ché son ejemplos de mitos
creados por diferentes ideologías), sin embargo todos los mitos tienen
características comunes. Todo mito es ideológico, puesto que proporciona
un falso modelo de una contradicción de la estructura social, este falso
modelo no permite resolver la contradicción por lo que tiende a perpetuarla
El mito basa su fuerza en su repetición inexplicada, en la comodidad de
su aceptación sin necesidad de razonamiento, de esta manera se graba en
la mente y actúa como un resorte asociando situaciones sin conexión lógica
(ej: ese señor lanza un piedra, entonces ese señor es un policía). Debido
a esto tiene una función moralizante y adiestradora, "educativa" en el
sentido más imbecilizante de la palabra. El mito da ante lo desconocido
la seguridad del clavo ardiendo, cuanto más te quemas, más fuerte te agarras.
Frente a la incertidumbre de lo que no se puede conocer el mito actúa
como la argamasa que mantiene unido al colectivo, sin embargo los que
están rodeados de cemento mítico no pueden respirar y mucho menos moverse
ya que al ser una falsa explicación los mitos impiden relacionarse objetivamente
con la realidad impidiendo por tanto actuar sobre ella.
Desde este punto de vista no es extraño que los apóstoles del izquierdismo
hagan hincapié en la necesidad de crear mitos (ver, y después tirar a
la basura, el Desobediencia global nº 3). Lo que sorprende es que presuntos
intelectuales de peso lo hagan de una manera tan descarada e imbécil.
Algunos de los mitos favoritos del izquierdismo son los que hacen referencia
de la violencia. Los izquierdistas han creado tantas fantasías alrededor
de este tema que nos limitaremos sólo al más repetido: el famoso mito
del provocador-infiltrado.
Mito: Detrás de todo acto violento se encuentra un provocador. El provocador
es un señor malísimo que esconde sus cuernos bajo una capucha negra y
que engaña a los tiernos manifestantes para que estos expresen su rabia
provocando que otros señores malísimos nos peguen. Este infame exaltado
o bien es un policía disfrazado o bien es alguien "psiquícamente débil"
(ver Maldeojo nº 2) con algún oscuro motivo sadomasoquista que nadie alcanza
a comprender. Evidentemente esta siniestra mano conspirativa se encuentra
detrás de cada piedra lanzada, cada ventana rota o cada banco quemado.
Realidad: Nadie niega que existan provocadores policiales en las manis.
Nadie niega que tiren piedras para camuflarse y poder detener después
más fácilmente. Todos debemos ser conscientes de las tácticas policiales
(por eso no vendría mal replantearnos muchas ideas sobre seguridad) y
de la presencia de estupas en los disturbios. Decir que no hay ningún
madero infiltrado en los disturbios es tan absurdo como decir que todos
lo son o que son sólo ellos los que los provocan.
Mito: En toda organización o grupo que practica la acción directa o la
violencia revolucionaria existe al menos un infiltrado policial. El infiltrado
es la mano que hace bailar a los otros activistas al son del Ministerio
del Interior. Siendo capaz de manejar a los perversos violentos como si
estuviese jugando al RISK provoca la represión que se ceba en los inocentes
miembros de los movimientos sociales. De no ser ellos mismos policías
entonces vuelven a ser elementos "psíquicamente débiles" teledirigidos
por algún astuto y malvado anarquista probablemente italiano.
Realidad: Obviamente cualquier organización revolucionaria que practique
la acción directa corre el riesgo de encontrase algún infiltrado en ella.
Ahora bien, un infiltrado suele tener dos objetivos: o bien provocar la
detención de los miembros de la organización, o bien busca pasar información
a sus mandos durante largos períodos de tiempo. En el primero de los casos
el infiltrado tiene que estar dentro o muy cerca de la organización, para
ello debe pasar primero una etapa de adiestramiento en la cual debe tender
puentes y ganarse la confianza de mucha gente, en el segundo le basta
con prestar atención a los bocazas y a los que señalan con el dedo en
los bares. De cualquier modo la seguridad que tienen (o deberían tener)
estos grupos le impide un acercamiento directo por lo que debe buscar
el atajo más corto, que son precisamente otras organizaciones abiertas
pero cercanas a dichos grupos. Es decir donde más fácilmente se infiltra
un policía no es en un grupo que práctica la acción directa, sino en el
entorno que lo rodea. (Aquí merecería la pena resaltar el papel de infiltrado
que cumplen muchos izquierdistas que señalan en las ruedas de prensa,
en las manis y desde sus publicaciones)
Como se ve, en realidad es el mismo mito aplicado a dos situaciones bastante
parecidas. ¿De donde viene la necesidad de los mitos sobre la violencia?
El izquierdista teme la violencia porque pone en peligro la coexistencia
pacífica que busca con el capital. Como cualquier acción que pueda desestabilizar
al sistema (aunque evidentemente también pueda ser usada o recuperada
por él mismo) la violencia es condenada ideológicamente por éste como
si fuese un hecho aislado de la realidad, sin tener en cuenta las condiciones
socio-históricas en las que se da. Siendo el izquierdismo una expresión
más del podrido pensamiento dominante, los izquierdistas están condenados
a condenar la violencia.
Ahora bien, por su función recuperadora, el izquierdismo no puede condenar
la violencia sin más, sino que necesita de argumentaciones que le permitan
condenarla sin dejar al descubierto su integración en el espectáculo (lo
cual disminuiría su capacidad recuperadora). Ante esta contradicción el
izquierdismo necesita mitos para dar sentido a una posición insostenible.
En general el izquierdismo se encuentra en una posición en la que su supervivencia
depende de aparentar criticar la sociedad que le mantiene, para ello debe
esterilizar su crítica si es que quiere sobrevivir ya que su papel sólo
es eficaz si su antagonismo es creíble pero inocuo. Esto es lo que obliga
a los izquierdistas a no comprender la realidad. No es que no pueda hacerlo,
es que hacerlo les destruiría. No hay más ciego que el que no quiere ver,
y por eso no sorprende la cantidad de imbecilidades por página que llegan
a escribir en sus textos y publicaciones.
Volviendo al caso concreto de la violencia nos encontramos que la necesidad
de encontrar argumentaciones que justifiquen ante su crédulo público la
condena de la violencia les lleva a crear el mito del policía=provocador=infiltrado
o el violento=enfermo mental. La estructura de este mito vienen impuesta
por las identificaciones simplistas que implica cualquier ideología. En
ambos casos se fusionan una inversión absurda, un juicio moral dominante
y una pseudocrítica social de risa. Por un lado tenemos que como todo
policía es violento y por lo tanto malo, entonces todo aquel que práctica
la violencia es policía y por supuesto también malo. (El más conocido
"las fascistas son violentos, los violentos son fascistas" que proclaman
los otros medios de desinformación y los otros lidercillos) Cuando esta
imbecilidad se vuelve insostenible recurren a argumentos igualmente simples
como "los "psíquicamente débiles" (eufemismo de enfermo mental) son peligrosos
e incomprensibles, los violentos, que también son peligros e incomprensibles,
son "psíquicamente débiles"
Un acto de violencia es incomprensible para un izquierdista no sólo por
lo antes expuesto, sino por que su victimismo les obliga a ello. La víctimas
no golpean, son golpeadas. No se divierten, sólo sufren. Los zombies izquierdosos
de horchata en las venas nunca entenderán a los que aún tenemos sangre.
Por eso el Molotov (uno de los faros y guías oficiales del izquierdismo
más demócrata-jipioso) necesita inventar provocaciones policiales para
justificar los enfrentamientos del 20-N del 2001 y del 2002 en Madrid
iniciados por los propios manifestantes. También es la causa de toda la
basura soltada por los distintos foros sociales y sus secuaces contra
el Black Block para desacreditar y condenar sus actos violentos de revuelta.
En el terrorífico mundo de las pasiones contenidas que predica el izquierdismo
no hay sitio para la rabia, el odio y la diversión proletaria y por eso
mismo tampoco puede haber sitio para los izquierdistas entre los revolucionarios
o en sus alrededores. M.Andolini
P.D. A diferencia de los intelectuales, los proletarios salvajes no nos
conformamos con plasmar nuestras pajas mentales en un papel. Toda teoría
revolucionaria necesita una aplicación práctica para no morir en el campo
de batalla de la guerra social. Por eso como último consejo nos gustaría
señalar que en boca cerrada no entran moscas, boca partida no se va de
la lengua y dedo roto no señala. ¿Aún no ha sentido el placer de darle
una colleja a un izquierdista? Anímese, hay para tod@s.
Alarma social
El pasado 15 de Octubre fueron detenidos 4 compañeros en Valencia acusados
de reventar una inmobiliaria en solidaridad con el desalojo del C.S.O.
Malas Pulgas y de agredir al dueño de la misma. El caso ha seguido la
tónica habitual de los últimos montajes policiales en el Estado Español.
Sin interesarnos si los compañeros hicieron o no la acción, una vez detenidos
son criminalizados por la prensa (se dice que forman un grupo terrorista
de acción urbana y estupideces por el estilo), acusados por el juez de
delitos por los que podrían caerles 15 años (entre ellos lesiones terroristas),
encarcelados provisionalmente en Picassent y trasladados a Madrid a la
audiencia Nacional.
Entre todo el esquema habitual de los montajes lo que más llama la atención
es que el 12 de noviembre el titular del juzgado nº 2 de Valencia, Luis
Francisco de Jorge Mesas deniega un recurso de libertad interpuesto por
los abogados "al considerar que se sentía presionado y alegando que los
colectivos que están haciendo presión en la calle, están creando una alarma
social desmesurada y por lo tanto tienen que continuar en prisión" (fuente:
palabras de guerra), lo que en el lenguaje del poder quiere decir que
los responsables de que los compas sigan entalegados son los chic@s mal@s
que responden en la calle. Esta excusa absurda sólo es una manera de desviar
la atención del caso. La respuesta en las calles a la represión es uno
de los pilares de la solidaridad revolucionaria, dejarla de lado es abandonar
a los compañeros cuando más nos necesitan. Hacernos cómplices de los detenidos
asumiendo y continuando su lucha es la mejor manera de mostrarles nuestro
apoyo y nuestra solidaridad. ¡Guerra social en todos los frentes! ¡A la
mierda la socialdemocracia! ¡A por ell@s!
P.D: el 26/11/02 salió en libertad uno de los detenidos bajo una fianza
de 4000 euros.
Pedofilia política
El sábado 23 de Noviembre tuvo lugar en Madrid una ginkana contra la ley
de calidad de la enseñanza que acabo con un concierto en la plaza de España.
Durante el concierto numerosos jóvenes fueron etiquetados con pegatinas
de los más diversos partidos y sindicatos: PSOE, CC.OO., UGT, IU, el Sindicato
de Estudiantes, asociaciones de padres, castellanistas.... para luego
ser grabados y exhibidos en las televisiones. Una demostración más del
viejo y ridículo izquierdismo que sale a la calle buscando chamaquitos
para alimentar sus viejas y putrefactas formaciones. Los sectores más
vampíricos del capitalismo aprovechan cualquier oportunidad para acercarse
a los jóvenes. Preferimos emborracharnos con la destrucción de su mundo
a que nos succionen la vida que nos queda unos pederastas políticos como
ellos.
RECIBIMOS Y PUBLICAMOS
7/5. Holanda. Pym Fortuyn (lider ultraderechista) eliminado a balazos.
16/5. Madrid. Se caen las lunas de una oficina de Repsol en solidaridad
con Argentina.
26/5. Madrid. Se caen las lunas de la FSM-PSOE.
28/5. Melilla. Un vigilante de un centro de menores apedreado por cuatro
jóvenes.
29/5. Barcelona. Incidentes en la cárcel de Quatre Camins.
20/6. Huelga General. Según la prensa se producen más de mil actos violentos,
84 detenciones y un infarto policial.
22/6. Madrid. Dos menores se fugan del reformatorio El Pinar y otros queman
un colchón. En lo que va de año se han fugado ya 12.
26/6. Málaga. Séptimo dia de huelga de limpiezas. Disturbios y enfrentamientos
con la policía, 4 policías heridos, 25 detenidos y 190 contenedores quemados.
Principios de julio. Bilbao. Atacada una furgoneta de Telefónica en solidaridad
con Argentina y una sede de Iberdrola en solidaridad con los vecinos de
La Punta (Valencia).
7/8. Según la prensa cada español debe a bancos y cajas una media de 14632
euros (2´4 millones de ptas.)
12/8. Según la prensa en Madrid el precio medio de un piso es 248000 euros
(41 mill. ptas.). La compra de una vivienda se lleva el 62% del sueldo
de los madrileños.
14/8. Sevilla. Asesinado un joven por la Guardia Civil al atracar un local.
Enfrentamientos con la Guardia Civil, los vecinos vuelcan un coche policial,
varios detenidos.
30/8. Según la prensa en lo que va de año han muerto 574 trabajadores
en accidente laboral. También se anuncia la puesta en marcha de un reformatorio
en Carabanchel para los menores detenidos por "kale borroka". Principios
de Septiembre. Madrid. Arde una furgoneta de los supermercados Champion.
15/9. Madrid. Caen las lunas de una sede de la empresa UniPost. 5/10.
Madrid. Coincidiendo con la convocatoria de manifestación sindical caen
las lunas de una sede de CCOO en vallecas, una de CGT en iglesia y un
coche de Atlas TV (productora del programa "Infiltrados")
11/10. Valencia. Arde un cajero en el barrio del Cabanyal.
12/10. Barcelona. Más de 2 horas de disturbios al final de la manifestación
contra el día de la hispanidad:: Valencia. En respuesta a una manifestación
nazi caen las lunas de 3 bancos y de un restaurante de comida rápida y
arden varios contenedores. 14/10. Valencia. Desalojo del C.S. Malas Pulgas.
15/10. Valencia. En respuesta al desalojo, atacadas 4 inmobiliarias, 4
detenidos.
24/10. Francia. Nueva ley de seguridad contra la prostitución, las okupaciones
y los delitos contra la autoridad.
8/11. Madrid. Un trepa de CCOO-juventud recibe un par de collejas.
12/11. Según la prensa la seguridad privada crecerá este año por encima
del 15%. El paro sube en 80.000 personas.
14/11. Según la prensa el precio de los pisos usados sube un 15% en el
último año. 4 madres solteras se niegan a desalojar los pisos del Ivima
que habían okupado hace 3 años.
16/11. Barcelona. Manifestación en solidaridad con los detenidos de Valencia.
Disturbios varios.
20/11. Zaragoza. Disturbios en el casco viejo al final de la manifestación
antifascista, atacados bancos y etts:: Madrid. Apedreada la policía tras
la manifestación en solidaridad con los detenidos de Valencia en la universidad.
24/11. Madrid. Disturbios al final de la manifestación antifascista. Barricadas,
varias inmobiliarias, tiendas de telefónica y bancos atacados, alguno
con fuego, 7 detenidos.
26/11. Según la prensa hay en Madrid 3000 menores de edad con "trastornos
de conducta disocial" algunos de los síntomas son "destrucción de objetos,
incendios, robos, no ir al colegio, fugarse del hogar, desobediencias,
peleas y mentir reiteradamente".
1/12. Baracaldo. Caen las lunas de un banco y una inmobiliaria. 2/12.
Bilbao. Caen las lunas de una tienda Zara.
5/12. Zaragoza. Asesinado por la policía una persona tras un atraco, un
familiar suyo falleció en identicas circunstancias 25 años antes.
9/12. Génova. Estallan dos bombas frente a una comisaría.
12/12. Barcelona. Estalla un artefacto casero en una oficina de Hacienda.
Desactivado un correo bomba contra la sede de El País.
13/12. Roma. Desactivado un correo bomba contra Iberia:: Madrid. Caen
las lunas de varias inmobiliarias en solidaridad con los detenidos de
Valencia.
14/12. Milán. Desactivado otro correo bomba contra Iberia.
16/12. Roma. Desactivado otro correo bomba más contra Iberia.
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