..por la destrucción de lo que nos convierte en esclav@s  
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 Mayo 20, 2001

:: AQUI Y AHORA: Jornadas anarquistas en Sant Boi de Llobregat
[16-03-05]

Un espacio de encuentro y de debate. Un momento de complicidad e intercambio.

24 de Marzo (jueves)

17:00 - "Anarquía" [Llavor d'Anarquia]
20:30 - Cenador vegano
21:00 - Pase de película "Carandiru"


25 de Marzo (viernes)

12:00 - "Insurreccionalismo vs Etapismo" -dos formas de ver la lucha
14:00 - Comedor Vegano
18:00 - "Represión al movimiento anarquista en el 2003"
20:30 - Cenador Vegano
23:00 - Conciertos

26 de Marzo (sábado)

12:00 - "Antipsiquiatría" [compañeros de DIY attack, debate horizontal sobre antipsiquiatría]
14:00 - Comedor vegano
18:00 - Debate - "La miseria del movimiento okupa" (basado en el texto que lleva el mismo nombre y se puede encontrar en la revista Tensión nº 7)
20:30 - Cenador vegano
21:00 - Pase de película "The Weather underground"


27 de Marzo (domingo)

14:00 - Comedor vegano
16:00 - "Liberación Animal"

El coste de las todas las comidas será de 3 euros y el concierto será gratis (se agradecería no traer animales domésticos). El ateneo se encuentra justo enfrente de la parada de ferrocarriles de Sant Boi.

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Sobre la miseria del movimiento okupa

A modo de introducción

Lo que en un principio es simplemente una respuesta práctica al problema de la propiedad privada y un medio de lucha más (la expropiación de espacios), ha dado paso a todo un mundillo de dinámicas, actitudes, discursos y personajillos característicos que desde nuestra condición de anarquistas despreciamos profundamente. Que queda bien claro que el propósito de este escrito no es atacar a unos individuos o colectivos determinados sino socavar o al menos cuestionar ciertas prácticas, discursos y estereotipos.

Ganarse a la gente, perder el Norte

En el intento de ganarse a la gente de los barrios y fortalecer con el apoyo popular la oposición a la especulación, el movimiento okupa ha rebajado su contenido crítico al reformismo puro y duro. No es de extrañar, pues, que algunos C.S.Os (por llamarlos de alguna manera) no hayan tenido reparos en codearse con ayuntamientos, políticos de la izquierda parlamentaria e incluso con cajas de ahorros (Casa Encendida, Labo...). Por muchas veces que se grite eso de “Contra el Capital, Guerra Social” lo que en realidad viene a criticarse no es mas que la especulación y el astronómico precio de la vivienda utilizando, eso si, un lenguaje radical y agresivo. Rarísimas veces se encuadra la ocupación en una crítica unitaria y profunda a la vida cotidiana que se nos impone.

La crítica al precio del habitaje es perfectamente asumible por la mayoria de la gente apolitizada, pero también lo es para el propio Sistema, que no ve en esta reivindicación ningún peligro o contradicción para con sus pilares fundamentales. Poco quedaría de las movilizaciones okupas si los precios de la vivienda bajasen lo suficiente, aún cuando los mecanismos de dominación que hoy sufrimos permaneciesen intactos, incluyendo la propiedad privada. Es más, a veces da la sensación de que algunos okupas no aspiran a destruir los cimientos de esta sociedad ni a tomar todo aquello de sus vidas que les ha sido robado, solo a pagar un alquiler barato y punto.

Una crítica revolucionaria que vaya más allá de la reforma y que sea irrecuperable por el Sistema debe atacar el concepto mismo de la propiedad privada, no solo la especulación. Después de todo, ocupar es expropiar. Los efectos son distintos, pero en esencia tomar un espacio por la cara es lo mismo que atracar un banco, darle el palo a un recaudador o robar en el super. Ocupar significa negar el derecho a la propiedad privada y contraponer a ésta los espacios liberados, a través de los cuales la autogestión de nuestras vidas es viable. Las okupaciones tal como las entendemos ahora continuaran siendo legítimas mientras exista cualquier forma de propiedad privada, por mucho que bajen los precios de la vivienda.

Otra consecuencia nefasta de este intento de ganarse a la gente es el legalismo, tan de moda últimamente. Salvo excepciones muy concretas, como desalojos (a veces ni eso), se hace patente el rechazo hacia todo aquello que suponga un enfrentamiento real y cara a cara con el Poder. Se dice que es contraproducente, que echa por tierra nuestro mensaje, que no funciona, que nos pone en contra a todo el mundo, que tal, que cual y se acaban montando manis que parecen procesiones o realizando “acciones” coloristas mas propias de Payasos Sin Fronteras que de un movimiento combativo, como por ejemplo dejar carbón en las inmobiliarias la noche Reyes o simular el tapiado de una ETT con pancartas (Si esto es guerra social, vamos apañados...). ¿Resultado? Se ríen de nosotros en nuestras narices. No nos toma en serio ni Cristo, vamos.

Pero claro, “hay que convencer a la gente, porque sin ellos no tenemos fuerza” y demás patrañas que nos recuerdan inevitablemente a las campañas propagandísticas que preceden a las elecciones. Algunas hace tiempo que pensamos que seríamos mucho mas fuertes si pasásemos a golpear donde duele y a extender un mensaje claro e irreconciliable con los valores dominantes, sin sacrificar nuestra lucha por aquellos a los que no les importamos una mierda y que no mueven un dedo ni por su propia libertad.

No aislarnos en nuestros espacios es necesario de cara a destruir todo aquello que nos oprime, pero de ahí a convertirnos en boy scouts hay un mundo. En ese sentido vemos muy positiva la reciente iniciativa de crear una Oficina de Okupación (aunque ya veremos como se desarrolla la iniciativa), así como las respuesta que se ha dado a algún desalojo o los constantes sabotajes que se están llevando a cabo últimamente contra inmobiliarias y que tratan de sobreponerse, esperanzadoramente, a la insoportable levedad del movimiento okupa.


Del medio al fin

La expropiación ha sido siempre una herramienta de los movimientos
revolucionarios para tomar del enemigo aquello que no tenían y que sus proyectos requerían (armas, material de imprenta, dinero,...). Y aunque en determinados contextos históricos los robos han adquirido un cierto protagonismo en las luchas, jamás (que nosotros sepamos) se habían erigido como punto central de éstas. Hace ya un tiempo, y en parte a causa de la intoxicación mediática, se
sitúan las okupaciones y toda su periferia ideológica-estética en el centro de la oposición a lo existente. Se ha aislado esta forma concreta de lucha y se la ha señalado como la lucha. Este modo obtuso de ver las okupaciones desvía una lucha encaminada a destruir los cimientos de esta sociedad hacia el simple “okupar por okupar” y reduce toda crítica revolucionaria a la queja anti-especulación.


¿Okupa yo?

En la falsa conciencia colectiva alimentada por los mass-media, el okupa es el joven pseudoradical y antisistema que está en la edad de rebelarse, que se droga a tropel y que no sabe lo que se hace. La gracia de esta imagen es que en ella encasillan a prácticamente cualquier persona que de alguna forma participe en el asalto a la sociedad. Desde las manis contra las cárceles hasta los
ataques a sucursales bancarias, todo las iniciativas de lucha que rompan mínimamente con la lógica democrática son “cosas de okupas”. Poco importa que la mayoría de personas que se involucre en estas iniciativas tengan tanto de okupas como de monjes budistas, la cuestión es hacer encajar toda la oposición al
sistema en la patética e inofensiva figura del okupa inconsciente, guarro y yonki.

La función de este metodo de manipulacion está lejos de ser una conscuencia más de la burda ignorancia periodistica, como muchos sostienen, sino que es una forma más de control hacia todo aquello que podría suponer una amenaza para la normalidad impuesta. Basta añadir el adjetivo okupa a cualquier iniciativa concreta de lucha para esterilizar y desacreditar su contenido crítico (“no saben lo que se dicen”, “son jovenes”, “ya se acomodarán”, “no tienen ni idea”...) cuando no hacerlo desaparecer por arte de magia (es facil que nadie se cuestione cierta critica si sabe que son “okupas” las que la defienden).

Ante esta situación hay okupas que optan por limpiar su imagen y presentarse a si mismos como personas cívicas, educadas, respetuosas con los vecinos y dignas de la confianza de la buena pero engañada sociedad democrática. Aspiran a ser bien vistos por todos, a dar pena a las viejas y a que la prensa deje de
llamarles guarros, yonkis o violentos, a menudo a traves de la creacion de proyectos asistencialistas y onegeros o bien tratando de extirpar de su alrededor todo aquello que no encaje con la figura del okupa bueno que cree que debe sacrificar el enfrentamiento por la buena prensa y el victimismo
proselitista.


Se abre el telón...

No hace falta decir que, siguiendo la lógica de una sociedad espectacular donde la vida no se vive sino que es representada, no son pocas las que interiorizan religiosamente la imagen del okupa y tratan de reproducirla buscando en ella una identidad que pueda paliar un poco su debilidad psicológica. Y así como estamos
rodeados de esclavos que se desviven por parecerse lo máximo posible a los jóvenes enrollados que salen en los anuncios de Nokia o del Corte Ingles también pululan por ahi tropecientos mil chavales que en el teatro de la vida se colocan el disfraz de okupi y desfilan por los centros sociales repitiendo como robots un guión escrito por otros. De ahí su sobrado gusto por hacer fotos y grabar videos de las okupaciones, las manis y demás movidas... Les encanta verse a si
mismos como protagonistas de una película de cine. En la representación total encuentran la comodidad porque construyen su vida sobre la imagen y no sobre sus deseos y necesidades reales. Otro ejemplo lo encontramos en el típico teatrillo de los dos okupas encapuchados subidos al tejado de la casa con una bengala
encendida.

Las caras tapadas y el fuego evocan disturbios y enfrentamiento, pero lo cierto es que ninguna de las dos cosas se están dando en ese momento, todo son imágenes, puro espectáculo para justificar un discurso radical que no se corresponde con la práctica real. Evidentemente estos personajes jamás reconocerán que son el reflejo de una imagen artificial, y de hecho es muy probable que ni siquiera sean conscientes de que lo son (o de que lo somos).

Eso no significa, ni mucho menos, que estas personas no lleven dentro una naturaleza rebelde que hostil a todas las formas de dependencia y dominio que le han sido impuestas, tan solo significa que de alguna forma no están siendo sinceras consigo mismas y que en vez de luchar por ser libres lo que están haciendo es representar un papel que en la mayoría de los casos les satisface a
medias (hablamos por los que conocemos). A nivel colectivo esta alineación individual tiene como consecuencia la construcción de un enorme y patético circo, a menudo jerarquizado (los que mejor representan la imagen del okupa mas respeto acaparan), que en nada daña a lo existente y que en vez de liberarnos nos encadena a una variante más de no-vida.


Poniendo las cosas en su sitio

Apostamos por destruir el concepto de “movimiento okupa” así como la mentalidad reduccionista que lo sostiene. La okupacion de espacios es una herramienta sin más importancia que la que puedan tener las otras. Nuestra lucha no puede encerrarse entre los muros de ningún centro social porque estalla allí donde se da el conflicto, a veces a kilómetros de la especulación inmobiliaria. Si perdemos la visión global de la realidad y dividimos la lucha contra lo existente en batallitas parciales jamás conseguiremos avanzar ni erigirnos como una amenaza real para las estructuras de poder y dominio. La revuelta tiene muchos frentes, pero eso no significa que debamos de atrincherarnos en uno y olvidarnos de los demás. No pedimos que se bajen los precios de los pisos ni que el ayuntamiento nos proporcione espacios, sencillamente cogemos lo que necesitamos para poder dirigir nuestras vidas sin depender de nadie, de forma alegal y sin dialogar con los responsables directos de toda esta mierda. Pedir,
pactar, y dialogar con el Estado significa legitimar su poder, aceptar como válida su relación con nosotras y hacernos responsables de la represión que se ejerce contra nosotros mismos.

Con el Estado el único dialogo posible es el de las piedras. Reprobar al gobierno y sus lacayos la represión cuando esta se vuelve “excesiva” o criticar su manera incompetente de gestionas nuestras vidas son muestras de un servilismo y una doble moral que nos asquea. ¡Es su existencia misma lo que queremos eliminar! Si renunciamos a la coherencia en este aspecto habremos comenzado a renegar de todo lo que somos y queremos ser, por muy beneficiosos que se nos pueda presentar el dialogo en ese momento determinado.

Planteamos la okupación como solución inmediata al problema de la vivienda pero también como forma de abolir la propiedad privada y romper el aislamiento masivo al que nos someten las ciudades. La okupación como parte, y nunca como todo. La okupación como punto de fuga en la sociedad del trabajo y el consumo. La okupación como creación de espacios liberados, no discotecas alternativas ni
espacios de consumo “enrollado”. No hay autogestión posible allí donde el tiempo y las relaciones personales vienen dictadas por la mercancía (drogas, en general) ni hay libertad real allí donde se necesitan seguratas, educadores o maderos. La represión también lleva rastas. O cresta.

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Somos conscientes de que a la hora de realizar esta crítica se nos escapan muchas cosas y que algunas de las que no se escapan no se corresponden del todo con la realidad. No nos importa demasiado, pues este no ha pretendido ser un análisis exhaustivo ni una crítica desgarradora, simplemente hemos intentado señalar algunas cosas relacionadas con las okupaciones que nos parece que están ahí y podrían representar un peligro, sobretodo teniendo en cuenta la ausencia de crítica que a veces predomina en estos ambientes. Quede claro también que las críticas no las hacemos al "movimiento" en su totalidad, pues sabemos que todo aquello que aquí atacamos no se da en todos los casos.

No se da totalmente pero aun así existe, surge en algunas partes y no queremos que se extienda. Éste es un escrito exagerado y polarizado porque tiene la intencion de crear debate, y con esta voluntad debe ser leído. En cualquier caso nuestro email esta ahí (tension (at) riseup.net), dispuesto a recibir críticas, puntualizaciones y demás aportaciones que si consideramos interesantes podemos publicar en el siguiente este número.

EXTRAIDO DEL FANZINE TENSION nº 7

Hablaremos sobre este tema el 26 de marzo en el Ateneu Santboia a las 6 de la tarde, dentro de las jornadas de debate que tienen lugar desde el 24 hasta el 27.

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