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 Mayo 20, 2001

:: Situación actual en las cárceles de Venezuela.
[15-07-03]
“…el rigor de los tribunales se reserva preferentemente para los pobres, para los inofensivos.”
Rafael Barret.

“Mire comemos perros y gatos”, gritaba un preso desde la TV, mientras mostraba de forma frenética, los despojos de un gato, que alguna vez, desprevenido, pasó por el patio de la cárcel de Tocuyito II a 120 Km. del suroeste de Caracas. Es así como la voz de este preso contiene los gritos de rabia y violencia de más de 19.500 reclusos que conforman la población penitenciaria, de los cuales un 48% son procesados sin sentencia.

El problema carcelario en Venezuela es de larga data, sólo basta recordar la década de los 90, en la que resuenan los ecos de la masacre en el desaparecido retén de Catia en 1992; o la masacre de 1996 en el retén de la Planta, en la que perdieron la vida más de 24 presos a causa de los abusos de autoridad de la Guardia Nacional, o la recordada masacre de la prisión
Sabaneta en Maracaibo, en donde murieron quemados y decapitados, una gran cantidad de presos. La razón principal: el hacinamiento y la reiterada violación de sus derechos más fundamentales, que imponen dentro de las prisiones la ley del más fuerte.

Pero la situación no ha variado mucho, a pesar de las promesas realizadas por el ejecutivo a los doscientos días de su mandato en donde dijo: “Ahora bien, en estos segundo cien días de gobierno, dentro del marco del Proyecto Bolívar 2000, también activamos un plan, un proyecto para adecentar las cárceles, las cárceles de Venezuela que en verdad son muchas de ellas un infierno, aquí mismo en la tierra” (Hugo Chávez, en cadena Nacional 12 de agosto de 1999).

Luego de cuatro años las condiciones de los presos siguen siendo pésimas, según PROVEA (Programa Venezolano de Educación Acción en Derechos Humanos) para el año 2002, murieron de forma violenta 147 presos y resultaron heridos 683, en diferentes riñas. Muchos presos han denunciado torturas infringidas por funcionarios de los centros penitenciarios, tal es el caso ocurrido el 29 de septiembre de 2002, en la Planta (Distrito Capital), donde el director del recinto y otros funcionarios torturaron a cinco reclusos para que éstos dieran el nombre del autor de un asesinato dentro del recinto. Los métodos utilizados: golpes, quemaduras realizadas con hornillas de cocinas eléctricas, descargas eléctricas en los genitales, así como, la respectiva tortura psicológica que va desde el insulto hasta las amenazas.

ABAJO LOS MUROS
La cultura del más fuerte en las cárceles aun se mantiene, es así como los presos más viejos, enfermos o débiles se ven sometidos a trabajar para otros presos, duermen en el piso, no comen, son maltratados, golpeados, se les quitan sus pocas pertenencias y en el peor de los caos son violados, además de someterlos casi como esclavos.

Mucha de la infraestructura de las prisiones se encuentra en estado de abandono, es así como en muchos recintos los presos no tienen siquiera baños, viéndose obligados a defecar en bolsas o latas, que luego son arrojadas por las rejas del recinto. En muchas celdas es latente el peligro de que existan cortos circuitos, por las grandes cantidades de conexiones realizadas por los presos. De igual forma las cocinas son completamente antihigiénicas, y en la actualidad se encuentran vacías por no haber alimentos. La corrupción es el pan nuestro de cada día, un ejemplo claro y descarado, se nota en la prisión de Ciudad Bolívar “Vista Hermosa”, donde se compran grandes cantidades de comida ya elaborada que son almacenadas sin ningún tipo de cuidado y finalmente los presos reciben comida en estado de descomposición.

Es así como esta mala o nula alimentación y las condiciones del recinto llevan a los presos a tener una salud precaria. Según los datos del Ministerio de Interior y Justicia, para el primer semestre del 2002, las enfermedades más frecuentes entre los presos son: las de la piel, subcutáneas con un total de 5210, casos reportados; infecciosas y parasitarias 4.555; transmisión sexual 201casos: por anemia 352; trastornos mentales un total de 501; trastorno afectivo 347; trastorno de personalidad 31; farmacodependiente 228; traumatismo y envenenamiento 867.

Con respecto a la mujer, se podría decir que se encuentran en una situación más humana, 1152 es la población total femenina repartidas en 15 anexos, sin embargo continúan las restricciones para la visitas conyugales, a diferencia de los hombres que gozan de un alto nivel de permisos para recibir estas visitas.

Otro aspecto a resaltar es que por perjuicios de la familia “es mal visto que una mujer se encuentre detenida” y por ello las detenidas casi no reciben visitas. De todas formas no tenemos información de lo ocurrido con el anexo de mujeres de la prisión de Ciudad Bolívar (una de las más violentas del país) que para el año de 1999, permitió la convivencia de hombres y mujeres con niñ@s menores de tres años.

Lo descrito líneas arriba apenas es un panorama de lo terrible que son las cárceles en nuestro país. La diarrea verbal de la cuarta y de la quinta no ha servido para nada. Es impresionante que el dinero proveniente del Banco Interamericano de Desarrollo sea destinado para modernizar la burocracia del Estado, 75 millones de dólares para formar a los represores, jueces y vigilantes de las prisiones. Mientras el problema de fondo no es tocado.

Las cárceles son el síntoma de una sociedad enferma, de una sociedad que necesita reafirmarse como superior incluso con sus propios miembros, es síntoma de una sociedad autoritaria e individualista, que olvidó sus orígenes colectivos. La sociedad occidental se ha construido sobre conceptos abstractos, como el de la propiedad, el dinero y el lujo. Acá son encarcelados muchos jóvenes por robar, ya no sólo por comida, sino por querer estar a la moda, la mayoría de los delitos tienen sus orígenes en esa necesidad de estar según los lineamientos de la cultura hegemónica, de la economía global que ha hecho del ciudadano un consumidor. Los responsables reales de todos los delitos que se han cometido los pueden encontrar en esas grandes industrias transnacionales, en esos hombres invisibles que imponen un sistema de vida donde el dinero y la propiedad son los factores determinantes para considerar a una persona “alguien”. Con respecto a esto Kropotkin decía: “ningún preso reconoce que la pena que se le ha impuesto es justa.

Hablad a un detenido por hurto y preguntadle algo acerca de su condena. Os dirá: Caballero, los pequeños rateros aquí están, los grandes viven libres, gozan del aprecio del público (...) ¡cuantas veces no hemos oído decir en la cárcel: Los grandes ladrones no somos nosotros son los que aquí nos tienen! ¿Y quien se atrevería a decir lo contrario?” Ni siquiera en las sociedades del “primer mundo”, como Suiza, las cárceles son inservibles. El caso de Marco Camenisch es un ejemplo: aislado, condenado a no poder recibir visita, con la correspondencia restringida, humillado y sometido a la tortura psicológica infringida por las autoridades de ese país... No hace más que reafirmar lo que toda la vida han planteado los anarquistas, la lucha por los presos y presas no es para mejorar el sistema carcelario, muy al contrario, es para acabar de una vez por todas con ese sistema, las cárceles no funcionan, las cárceles sólo sirven para proteger los intereses de los que ostentan el poder. El poder genera injusticia; la injusticia y la desigualad generan prisiones. El círculo vicioso en donde hoy pierden la vida un gran número de personas.

La lógica del “castigo ejemplar” no funciona, nunca funcionará, y en nuestro caso, en las cárceles venezolanas deshumanizan al preso y a sus familiares. En la cárcel del rodeo, las mujeres que visitan a los detenidos deben pasar por una requisa en donde se les quita toda la ropa y son obligadas a agacharse sobre un espejo para ver si en sus partes íntimas llevan algún tipo de droga. La degradación del ser humano palpita sin cesar en cada barrote de la prisión.

Por la libertad de todos los presos y presas
¡Todos los presos y presas son presos y presas políticos!
¡Por la demolición de todas las prisiones!

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