..por la destrucción de lo que nos convierte en esclav@s
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 Mayo 20, 2001

:: De un prisionero anarquista verde.
[25-11-04]
Estoy en la cárcel ya desde hace unos meses y existe la posibilidad de que tenga que quedarme aquí por mucho más tiempo. Tengo que admitir que esta experiencia se está revelando menos devastadora de lo que me temía. Con eso no quiero faltar el respecto hacia tod@s l@s que padecen profundamente por su encarcelamiento, ni fingir ignorar la violencia de la cárcel que desde el ingreso, con el cacheo personal que viola tu dignidad de mujer/hombre, y continuando con todos los atropellos, provocaciones o la verdaderas torturas a mano de los carceleros, intenta aniquilarte como individuo y arrancarte cualquier forma de libertad e intimidad.

Pero quizás quien logra ver las rejas y las cadenas que nos encierran fuera de las cárceles, no sufre menos, pero se traumatizará en menor medida por el enfrentamiento con la que es la más concreta y brutal manifestación del dominio: la realidad carcelaria. Quien después ha caído víctima de la venganza del Estado por su lucha por la libertad, por lo menos puede consolarse de haberse fugado de otra cárcel, la de la sumisión y la resignación.

Es cierto que es duro quedarse sin la proximidad y el contacto de las compañeras y de los compañeros; es insoportable verse las muñecas apretadas por las esposas; es odiosa la inactividad forzada y probablemente los sueños de muchos presos son agitados por el ruido de una reja que se cierra, pero no puedo más que sentirme afortunado respecto a quien no puede concebir relación humana más allá del dualismo explotado-explotador; a quien tiene el día dividido en horas, minutos y segundos, con un reloj en la muñeca cuyo tic-tac es hasta demasiado parecido al tintineo de las cadenas; a quien tiene sus horizontes ocultados por el cemento de fábricas y edificios; o a quien está totalmente trastornado por la cacofonía producida por las máquinas y por los amigables electrodomésticos, de las proclamas de radio y TV y por el sonido de los teléfonos móviles, en fin del "bienestar" tecnológico, hasta el punto de que no se llega a escuchar la voz de nuestra Madre Tierra, que nos invita a reapropiarnos de nuestras vidas, a redescubrir la alegría de la comunión con la vida y la exaltación de estar todavía viv@s y de poder actuar.

Vari@s compañer@s me piden contribuciones escritas, no podría estar más que entusiasmado por la posibilidad de contribuir a pesar de la detención que estoy padeciendo, pero la verdad es que la cárcel no me ha dado ninguna iluminación y las cosas que tengo que decir son siempre las mismas, es solo más fuerte el convencimiento de que éstas son más justas y que es legítimo utilizar cualquier medio para derrocar a un sistema que, no sólo produce sino intenta legitimar la cárcel y todas las otras numerosas jaulas.

Si alguna lección puedo sacar de esta experiencia es la certeza de que merece la pena: que es preferible arriesgar tu vida y tu libertad (no olvidémonos que vivimos bajo la tecnocracia capitalista-industrial que no acepta contestaciones fuera de la fisiológica seudo-oposición reformista proclive al acuerdo), más que vivir una existencia en el asfixiante gris de las ciudades y de las conciencias adormecidas.

No me lamentaré nunca de no haber logrado el fin de mi lucha, porque ya sólo el hecho de decidir en primera persona destruir lo que convierte al ser humano, a l@s animales y a nuestra Madre Tierra en simples recursos o mercancías, ha sido mi liberación.

Mi camino como anarquista verde y como entidad profundamente enamorada de la vida en todas sus manifestaciones, quizás me ha llevado a una prisión, pero a pesar de cuan grande se revele este obstáculo no puedo olvidarme de todas las maravillosas personas que este camino me hizo encontrar, ni la profunda alegría que me regaló.

A mi me queda la sensación de ser más libre que los míseros tipos que tienen en las manos las llaves de mi jaula y la esperanza de que tod@s l@s compañer@s que están enojad@s por mi situación, aprovechen sus sentimientos y transformen la rabia en un arma contra el sistema que me quiere prisionero y que continúen las luchas de las que siempre estuve cerca.

Noviembre de 2004

Un compañero libre


:: Sergio M. Stefani

Via Trodio, 8
89015 Palmi (Reggio Calabria)
Italia

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