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Declaración de Massimo Passamani acerca del “Juicio Papolla”.
Por un puñado de razones. El 16 de diciembre de 2004 en Rovereto, seré juzgado junto a otro compañero por un cargo de múltiples lesiones propinadas al diputado provincial y líder del grupo Alianza Nacional (n.d.t. partido italiano de extrema derecha de tendencia neo-fascista) Enrico Papolla, por darle un puñetazo en la cara. Puesto que esta es una historia bastante instructiva, teniendo en cuenta la sociedad y los tiempos en los que vivimos, voy a aprovechar la oportunidad de decir algunas cosas en público, en primer lugar sobre los sucesos, y después sobre la versión de los sucesos que la prensa y los grupos políticos locales han difundido. Estas son consideraciones banales dirigidas hacia la mujer y al hombre que no lo son. Volvamos al 7 de julio de 2003. La mejor forma de no comprender ciertos sucesos, es sacarlos de contexto. Aquel lunes, 7 de julio de 2003 no tendría porque haber ocurrido nada. La semana anterior, llevamos a cabo nuestra tercera ocupación en menos de un año -el Bocciodromo de la vía Parteli– y querían echarnos a la calle después de un mes de discusiones, luchas, concilios y vida colectiva. Habíamos transformado un edificio que había estado vacío durante años (y aún permanece en desuso) en un lugar habitable, libre de dinero y jerarquías. Era una brecha contra la especulación inmobiliaria y contra las rentas que cada vez son más desorbitadas, una crítica práctica del aislamiento social y de la privatización de los espacios. El sábado 28 de junio, Alianza Nacional, Forza Italia y las Juventudes Trentino-Tyrolese, convocaron una concentración frente al Bocciodromo para exigir su desalojo por parte de las autoridades y pedían mayor represión contra l@s anarquistas. El desalojo se inició el jueves con un inmenso despliegue policial. No satisfechos con ello, los fascistas de Alianza Nacional (AN) organizaron un gazebo (cenador) en la ciudad el 5 de julio para exigir mayores medidas represivas contra l@s anarquistas en vistas al encuentro que se celebraría en septiembre en Riva. Cerca de diez compañeros salieron a la calle para enfrentarse a este cometido reaccionario. En esos instantes, cerca de 30 fascistas y neo-nazis, principalmente del Frente Skinhead de Veneto, aparecieron con palos, realizando el saludo romano y gritando “Hijo de puta el que se rinda”. Estos son los llamados perros guardianes, a los que los diputados provinciales “post-fascistas” de AN recurren, matones con la cabeza rapada que acuden en ayuda de sus padrinos. Papolla se encuentra entre ellos. Un compañero termina en el suelo, el resto resiste hasta donde puede, tras ello se marchan en un despliegue espontáneo, realizando pintadas de corte fascista sobre las paredes. El lunes siguiente, mientras estábamos colocando carteles y explicando a través de un megáfono los sucesos ocurridos el sábado, vimos a Papolla caminando. Me acerque a él y le insulte. El masculló que todo aquello no le incumbía (hablando con el coraje de sus ideas), poniendo sus manos frente a él, y recibió un puñetazo en la cara. Ningún otro compañero le toco, no callo al suelo, nadie le dio una paliza. Papolla escenificó un espectáculo lamentable. Primero llamó a los medios de comunicación y luego a la ambulancia. A través de un médico servicial, declaró haber sido golpeado en las costillas para fabricar así un pronostico de 44 días (de aquí viene el cargo de lesiones graves). Más tarde denunció a siete personas, pero su versión de los hechos no se mantenía. Al final sólo dos de nosotros fuimos investigados. A diferencia del diputado chivato y mentiroso, yo asumí mi responsabilidad. Le di un puñetazo en la cara por lo que la demanda debía ser contra mí. Al día siguiente el linchamiento mediático con todas las de la ley comenzó, escenificando una voz política unánime de condena. Incluso el portavoz de Disobbedienti y delegado de Rifondazione Communista, Donatello Baldo inmediatamente se dispuso a ayudar, mostrando su solidaridad con Papolla. Parece mentira, la respetable izquierda y la respetable derecha. Todos ellos hablaban de una paliza, siete contra uno. Nadie mencionó los sucesos acontecidos el sábado, cuando las calles estaban llenas de uniformes. Pero la mayor falsificación era las razones que daban por las cuales se había producido el suceso. El periódico describía una “brigada paramilitar que volaba sobre la ciudad”. Conforme a los partidos políticos, nosotr@s éramos los fascistas. Ser acusado de esta manera te hace tener plena conciencia de lo que algunos llaman soledad ética, pero también revela, en un sentido negativo, lo que los gobernantes temen. La técnica que emplearon era tan odiosa como unánime. Estos monopolizadores del discurso público transforman conflictos de ideas, prácticas, valores, palabras, en diferencias genéricas de opinión. Según esto, yo golpeé a Papolla sólo porque el piensa diferente a mi, por lo que soy intolerante y por lo tanto un fascista. Conclusión. Y alrededor marcha el tiovivo democrático. ¿Pero son las cuestiones que enfrentan a anarquistas y fascistas meras opiniones? ¿Un partido que apoya enérgicamente actividades represivas contra toda forma de disidencia, que apoya una política de agresión y expulsión contra l@s inmigrantes, que apoya el bombardeo sobre Afganistán y el genocidio de Iraq (por dar algunos ejemplos) representa una opinión? Personajes tales como Papolla no tienen las manos manchadas de sangre sólo porque otros realizan el trabajo sucio por él. ¿No fue el quien propuso cerrar el histórico centro para inmigrantes por la noche? Por ello el 7 de julio, lo único que ocurrió es que Papolla saboreó una pequeña parte de las agresiones que l@s inmigrantes sufren cada día en los barracones, en las prisiones y en los campos de concentración. ¿No fue la sección Roveretan de su partido, el grupo que invitó al general Amos Spiazza, quien estuvo implicado en la carnicería de Piazza Fontana y otras varias hazañas de conspiración, a una conferencia? ¿Son también las bombas colocadas en las plazas y los trenes solamente cuestión de opiniones? Algo
menos de un año antes del 7 de julio, un grupo de fascistas atacaron
a l@s participantes de una asamblea anti-racista celebrada en la Universidad
de Trento. En julio de 2004, casi dos años después de los sucesos seis de nosotros fuimos arrestados por agresión. La secretaria provincial de AN expresó su solidaridad con los fascistas- “las juventudes de la derecha” para la ocasión- y reclamaban que se nos tratara con mano dura. En virtud del bien conocido jesuítico doble rasero, estos nostálgicos del Duce nos atacaron, y por si las cosas se ponían mal para ellos, decidieron proclamarse las víctimas y denunciarnos a la policía, siempre efectiva a la hora de atrapar a l@s subversiv@s. [...] Casi nadie se opuso a los saludos romanos vistos en las calles de Rovereto aquel sábado, un espectáculo que no se había presencia durante años. Entretanto, las agresiones fascistas alrededor de Italia (con un compañero muerto, otros enviados al hospital, espacios sociales incendiados, etc.), encubierta por la policía y fomentada por un estado racista, no son tenidas en cuenta. Por supuesto que no es solamente cuestión de opiniones. Después de tod@s aquell@s que dieron su vida por derribar al fascismo, los papollas están en el poder, aconsejados y protegidos por la brutalidad policial, impartiendo lecciones en público de moralidad, arrestando y enjuiciando a revolucionari@s, con la total complicidad de la izquierda institucional. “Este 25 de abril, camarada no dejes tu rifle”, decía la canción. Confieso, que no tolero a las autoridades y a sus prácticas de explotación y segregación, porque el mundo en el cual nos fuerzan a vivir es un constante puñetazo en la cara para mí. Aquí esta la razón por la cual todos los partidos políticos han formado un anillo protector alrededor del diputado fascista: si su responsabilidad real fuese vislumbrada tras el juego de opiniones, si los mecanismos de este mundo basados en la desigualdad y la guerra fuesen percibidos en sus actividades burocráticas, ¿quién los toleraría, más que los esclavos y resignados? Tanto por carácter como por principio, no suelo levantar mi mano contra aquellos que piensan diferente a mi. Pero lucho, incluso con el uso de la fuerza, contra aquellos que intentan someterme o encarcelarme o matar a aquell@s que son como yo- y esto supone una gran diferencia. Cuando un fascista o un policía me ataca, yo no grito que mis elecciones son sólo opiniones. Se lo que está en juego. Aquí de nuevo reside la diferencia: aquellos que quieren el poder tienen que disfrazar sus intenciones y delegar el trabajo sucio, mientras que aquell@s que anhelan la libertad dicen lo que quieren y hacen lo que dicen. La bajeza de un hombre sin dignidad como Papolla no debe engañarnos. El 16 de diciembre, no será sólo un puñetazo en la cara lo que se someta a juicio, sino una idea y una práctica de rebelión diaria, un modo de vida. Y por ello declaró todo esto con la cabeza alta. No pretendiendo encontrar la justicia en el código penal y no reconociendo el proceso judicial de ningún tribunal, es en el ámbito público donde estoy interesado en discutir. Tiempo para caminar, una lucha, un trozo de vida. Rovereto,
Italia, November 2004 "Los revolucionari@s son piados@s. La revolución no” - Alfredo Bonanno
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