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Entrevista a Marco Camenish.
[11-05-05]
Entrevista a Marco – Unas palabras previas
Podríamos compartir o no el hecho de que nuestro querido compañero
concediese una entrevista a un periodista que trabaja para un diario
del régimen. Como suele ocurrir en situaciones similares, el
periodista busco el lado sensacionalista, dejando al margen la sustancia,
el contenido de las luchas.
Por eso conviene prestar mucha atención a las contestaciones
de Marco, que también en una situación parecida intenta
mostrar su pensamiento sobre el anarquismo y el ecologismo radical.
Si el periodista se centra principalmente en las acciones directas,
como las efectuadas contra la Alta velocidad, es porque su diario –“La
Stampa”- pertenece al grupo FIAT, o sea el grupo empresarial que más
se comprometió en dichas obras.
Nuestra lucha por la liberación de Marco continúa!
Un abrazo libre y salvaje
* * *
La mitad de su vida entre las cárceles de Italia y Suiza, Camenisch
tiene que expiar 17 años por el homicidio de un guardia fronterizo
“Soy un ecoterrorista, combato la civilización”
“Los postes son los vehículos de la energía, son la linfa
del sistema, se detiene todo si los atacas. Cuando fueron golpeadas
las líneas eléctricas del Frejus se bloquearon todas las
fábricas de armas y municiones de la provincia de Brescia”
Entrevista a Marco Camenisch
“La Stampa” del 7 de mayo de 2005
Periodista – Fabio Poletti
Su nombre escrito de muchas maneras “Marco libre”, “Camenisch condenado
a 17 años de cárcel por homicidio”, “Marco Camenisch,
el ecoterrorista…” – aparece en los muros de media Europa, en decenas
de volantes de reivindicación de otros tantos atentados a postes
del Enel (organismo italiano de la energía eléctrica –
ndt), plantas nucleares, líneas de la Alta velocidad y en la
última relación de los servicios secretos italianos sobre
los anarco-insurreccionalistas.
Él, en poca carne y huesos, con pelos grises largos más
allá de los hombros y nariz afilada, ojos claros y uniforme de
la cárcel marrón, muchos cigarrillos y un río de
palabras, es como una sombra, en un rincón de esta sala de las
visitas de la supercárcel situada a veinte kilómetros
de Zurich. Una sala entarimada, con los muros muy blancos, que da a
una área verde y con las puertas blindadas de color azul, todo
sumergido en un silencio quebrado sólo por la sirena que toca
a las 8 horas de la mañana y después de tres horas, con
una precisión suiza.
“Era mejor la cárcel en Italia. Aquí, a parte del
uniforme obligatorio, también es obligatorio el trabajo, siete
horas en el taller de encuadernación. Si no quieres hacerlo,
acabas en aislamiento” él se lamenta, la mitad de su vida detrás
de las rejas por dos homicidios y decenas de atentados.
Usted conoce bien esta cárcel. Ingresó aquí por
primera vez en enero de 1980 por haber hecho explosionar los pilares
de la central hidroeléctrica de Sarelli. Después, en diciembre
de 1981 se fugó. En la huida murió un agente. Es el primer
homicidio del cual es imputado.
“De aquel homicidio fui absuelto el año pasado”.
En cambio, de un otro homicidio -el asesinato de un guardia fronterizo
en el limite de Brusio, cerca su pueblo, el 3 de diciembre de 1989-
usted fue considerado culpable y por eso fue condenado a 17 años...
“Yo no hubiera querido hablar de estos dos homicidios en el juicio.
No hubiera querido decir ‘fui yo, no fui yo’. Pero cuando, como en el
caso del guardia fronterizo, me acusan de haberle disparado mientras
estaba en el suelo desarmado, yo tuve que defenderme. No soy ni un carnicero
ni un verdugo... Me condenaron a 17 años, pero ya presenté
un recurso a la corte suprema. Frente al tribunal federal presenté
otro recurso, por la entidad de la pena. Ni siquiera tuvieron en consideración
los 12 años ya expiados en Italia.”
Aquellos 12 años que le infligieron por una serie de atentados
a postes de alta tensión, a centrales eléctricas, a instalaciones
industriales. ¿Todas acciones que usted reivindicó?
“Sí, de aquellas ya se sabe todo. Soy un hombre de acción,
además de ser un hombre de los alpeggi (pastores de ganado en
la montaña - ndt).”
Verdaderamente usted es llamado terrorista, ecoterrorista, anarquista,
anarcoinsurreccionalista. Hay para elegir...
“Son sólo definiciones cómodas que son utilizadas de vez
en cuando. Además, terrorista es un término ya inflacionado.
Yo me siento anarquista y ecologista. Un ecologista radical.”
¿Qué tiene que ver sabotear un poste del Enel con la ecología?
“Los postes son los vehículos de la energía, son la
linfa del sistema. Si los atacas se detiene todo. Cuando fueron atacadas
las líneas eléctricas del Frejus se bloquearon las fábricas
de armas en la provincia de Brescia (Beretta, entre otras – ndt).”
Pero usted no me ha contestado. Se puede estar en contra de las fábricas
de armas, sin por eso sabotear necesariamente a las instalaciones industriales...
“Entonces tengo que empezar desde lejos. Yo nací en Schiers,
en el Cantón Grisones, pero casi por casualidad. Mi padre era
un guardia fronterizo, nos trasladábamos a menudo de un lugar
a otro. La idea de que era necesario un regreso a la naturaleza me vino
en los años setenta, cuando todavía estaba en el liceo.
En la escuela agrícola de Planthof rechacé estudiar la
agricultura moderna, industrial y mecanizada. No quería saber
de fertilizantes. Pero con esto no me bastaba. Antes de acabar la escuela
fui a vivir en un alpeggio sin luz, y el agua la tomaba de una fuente.
Luego vi que el sistema quería construir las plantas nucleares.
Entendí que tenía que defenderme, que necesitaba ir hasta
el fondo de las cosas. Se necesitaba parar los efectos devastadores
de la civilización, de la catástrofe ambiental a la que
nos estamos preparando.”
Pero usted admitirá que un regreso a las velas y a las lámparas
es impensable. A parte de usted y pocos otros, ¿quién
puede desearlo? El progreso nos ha traído beneficios, ha mejorado
la calidad de nuestra vida. Es más fácil apretar un botón
y tener la luz en casa, y tener una casa caliente, que no prender un
fuego. ¿No lo cree usted?
“Las cosas están cambiando. La gente está sensibilizada
sobre la energía limpia, no quiere las antenas de televisión
o de las radios que producen contaminación electromagnética
frente su casa. Está preocupada por los organismos genéticamente
modificados.”
Para eso podemos defendernos de muchas maneras. No es necesario derribar
un poste...
“La gente llega a sensibilizarse sólo si logra reconocer
el peligro como próximo. Yo sé que mi modelo de vida no
es generalizable. Lo elegí para mí. Nadie entre nosotros
está totalmente inmune de la intoxicación de las tecnologías
modernas. Aún si el sistema nos quiere esclavos de la modernidad,
está bajo los ojos de todos que si talo un bosque es más
fácil que se produzcan avalanchas. Se cambió el clima.
Hay varios científicos acreditados, y por cierto no son terroristas,
que sostienen que hay otra catástrofe ambiental en marcha.”
Son teorías sobre las cuales se discute mucho...
“Yo quise experimentar si se podía vivir sin agua y sin luz.
Comprendí que así se está mejor. Otras cosas, no
así evidentes, son difícilmente reconocibles. El progreso
no terminó con el hambre en el mundo, la hizo aumentar. La sociedad
moderna con todas sus comodidades no logró eliminar las enfermedades,
es más, ahora hay nuevas enfermedades. ¿Estáis
seguros de querer pagar este precio? Si las cosas son destructivas,
hay que prescindir de ellas. No se puede ser esclavo de un sistema que
destruye el ambiente.”
Pero también usted tiene un sitio en Internet (www.freecamenisch.net
-ndt), la tecnología mas moderna de los últimos años.
Y en la celda hasta tiene una ordenador. ¿Cómo lo explica?
“Hasta cierto punto es lícito, si no necesario, utilizar
las mismas armas de la modernidad. Yo no puedo atacar al sistema con
arco y flechas. Tuve que utilizar explosivos, tuve que utilizar automóviles
para transportarlo y trasladarme...”
Sus teorías son sostenidas por unas escuelas de pensamiento.
Ustedes son llamados neoprimitivistas...
“Volvemos a las palabras más que a la sustancia... Entonces
también existe la anticivilización...”
¿Usted se siente un “maestro malvado” de estas teorías?
“Yo no soy el maestro de nadie. Y no digo a nadie lo que tiene que
hacer.”
Pero en su nombre fueron efectuados decenas de atentados. Aún
en el intento de destrucción de la cabinovía del Abetone,
en la Toscana, se habla de usted. Luego hubo atentados en Francia, sobre
las obras de la Alta velocidad en Piamonte, sobre los postes del Enel
en Toscana en el 2003 y en Valtellina en el 2004...
“Hay quien sabe lo que tiene que hacer. Eso quiere decir que no
estoy solo en esta batalla.”
Bajo la bandera de la anarquía hay de todo. Hasta los paquetes
bomba contra las comisarías de los carabinieri, las oficinas
de la policía de Génova, la casa de Prodi en Bolonia.
Hay quien sostiene que hay una única estrategia anarco-insureccionalista.
¿Usted qué dice?
“Siempre la usual reducción en categorías. Yo podría
decir que comparto todas las teorías insurreccionalistas, pero
no son cosas de las que se pueda hablar fuera del propio movimiento.
Yo me considero anarquista y ecologista.”
¿No quiere hablar ni siquiera de las Brigadas Rojas, de otro
tipo de terrorismo?
“Como anarquista está excluido que yo diga a cualquiera lo
que tiene que hacer o no hacer. Puedo solo expresar mi solidaridad a
cualquiera que es golpeado por la represión del Estado.”
Cuando usted salga de esta cárcel será anciano. ¿Qué
piensa hacer?
“Me gustaría volver a ser agricultor y vivir en los bosques.”
¿Y los postes?
“Por razones personales, de edad avanzada y de mi salud comprometida,
no es factible que yo retome la militancia clandestina armada.”
¿Es una declaración de fin de la guerra, se retira en
paz después de la mitad de la vida transcurrida en la clandestinidad
entre Suiza y Toscana y la otra mitad en las cárceles de aquí
y de Italia?
“Yo no combatí mi guerra privada. Por eso no gané,
ni perdí ninguna guerra. No reniego nada de todo lo que hice
en mi vida. Pero ahora que tengo 53 años de edad; que me consideren
un veterano.”
* * *
Marco Camenisch
Postfach 3143
8105 Regensdorf
Suiza
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