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Laudelino Iglesias sale de prisión. Laudelino Iglesias, vecino de Barakaldo, salió ayer de la prisión de Picassent, tras estar encarcelado ininterrumpidamente desde octubre de 1980. Iglesias llevaba quince años incluido en el fichero especial FIES, por haber participado en protestas para denunciar la situación en la que se encuentran los presos en las cárceles españolas. Su estancia en prisión ha estado marcada por la denuncia de la dispersión y la tortura y la consiguiente represión. El preso de Barakaldo Laudelino Iglesias abandonó ayer la cárcel de Picassent después de permanecer casi 24 años en prisión, según informó la plataformaAmaitu de la localidad de Ezkerraldea. En el exterior, a Iglesias le esperaban varios miembros del sindicato CGT y del Ateneo Libertario Al Margen, con quienes se fue a comer. Según Amaitu, Iglesias tiene previsto quedarse en Valencia, aunque piensa visitar Euskal Herria a mediados de setiembre. Iglesias fue encarcelado en octubre de 1980 y en 1991 participó activamente en la creación de la Asociación de Presos en Régimen Especial-reconstituida (APRE-r-), así como en protestas y motines que se produjeron en esos años en las prisiones españolas por parte de centenares de presos , lo que le supuso ser incluido en el denominado Fichero de Internos de Especial Seguimiento (FIES). La estancia penitenciaria de Iglesias se ha caracterizado por su compromiso en las movilizaciones y protestas colectivas de los presos en lucha por el fin del FIES y la dispersión y la excarcelación de todos los presos enfermos. Denuncias de palizas y torturas Junto a ello, ha denunciado haber sido objeto de decenas de palizas y torturas en prisión, por las que los funcionarios le habían acusado de calumnias, lo que suponía el riesgo de añadir más años a su condena. De hecho, acumuló 24 años de cárcel por «sanciones derivadas de protestas para denunciar el régimen FIES». A pesar de permanecer más de 23 años en prisión, Iglesias tenía sus dudas sobre si iba a ser liberado, según confesaba en una carta que escribió en octubre de 2003. «Veremos a ver si me liberan de una puta vez, porque yo no he estado ni intentado ningún golpe de Estado, ni he torturado a nadie hasta la muerte para luego enterrarlos en cal viva de forma clandestina, ni he robado miles de millones a los trabajadores aprovechando ser director de banco o el tráfico de influencias, ni me he llevado miles de millones traficando con armas o con drogas, ni por ningún caso de esos que entran por una puerta de la cárcel y al poco tiempo están en la calle». «Estoy preso, como la inmensa mayoría de los presos, por el simple y maldito delito de ser pobre o haber nacido pobre (aparte de mis ideas libertarias), lo que nos empuja a buscarnos la vida al margen de la ley, porque por experiencia sabemos que la ley explota y oprime a los trabajadores, que está hecha por los ricos (nuestros explotadores) y a la medida de los ricos para proteger y defender sus malvados intereses perjudicando al prójimo», añadía. Asimismo,
en esa carta denunciaba que debido a su larga estancia en prisión
había podido observar de cerca «los cambios que se han
venido en las cárceles y las macrocárceles nuevas que
se han venido construyendo a partir de 1985 aproximadamente y las que
se quiere seguir construyendo (como las de Zuera, Dueñas o Villena,
que son todas iguales). Mi conclusión es la siguiente: Todos
los cambios que se han venido produciendo han ido siempre en beneficio
de los carceleros y en perjuicio de los presos, sin lugar a dudas». <<< volver pres@s |
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