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:: Carta del preso anarquista portugués Aderito Soares sobre su juicio (1995). Establecimiento
penitenciario de Caxias – Portugal
25/11/95 Compañeros/as, ¡Salud! Aunque ha sido demostrado en tribunal que la acusación del ministerio público no es más que un montaje policial; a pesar de que durante las sesiones hubo presentación de prueba de que todo este orquestado proceso está lleno de irregularidades y vicios procesales; a pesar de que las garantías de la defensa hubieran sido, a los largo del proceso, sistemáticamente violadas y alteradas, a pesar de haber sido demostrado que nada ha sido explicado y esclarecido sobre quienes son los verdaderos responsables de los acontecimientos -¡si es que son verdaderos!-... que constan en la acusación, el totalitarismo democrático ha tenido la osadía de condenar a Antonio de Jesús, Alfredo Ortega y a mí. ¡Increíble este terrorismo judicial que condena a personas sin ninguna prueba concreta! ¡El juicio ha sido una gran farsa! Un juicio que debía durar 20 sesiones, lo han despachado -con la violación descarada de las tan pregonadas garantías de defensa- en solamente 3 sesiones. Lo que quiere decir que las sentencias habían sido decididas hacia mucho tiempo. El juicio ha sido una mera formalidad, una escenificación que sirvió únicamente para que los soberanos jueces firmaran las sentencias aplicadas anteriormente entre los bastidores. Lo que pasa es que el envío de las sentencias por correo, sin el previo espectáculo del juicio -el ceremonial de aniquilación del individuo-, el descaro sobre las violaciones procesales serían demasiado evidentes!... ¡El juicio ha sido un auténtico teatro! Hasta un periódico -el Jornal da Lousá- ha publicado un articulo con el siguiente título: ACUSADOS JUZGADOS EN TRES ACTOS. Una obra de teatro tiene tres actos. O sea, para no decirlo directamente, lo dijo indirectamente. Seria un ESCANDALO JUDICIAL si se tratara de Costa Freire, Melancia, Caldeira, grandes empresarios y partidos políticos relacionados con las facturas falsas, Leonor Beleza, etc... Pero, como son individuos pobres económicamente, no pasa rigurosamente nada. Los jueces, con los pobres económicamente, siempre han sido así: violan descaradamente las reglas de su propio sistema, o sea, se pasan el derecho por el forro de los cojones, y nunca pasa nada después, pues se creen los dioses del Olimpo. El sistema, en lugar de denominarse estado de derecho seria más lógico que se denominara república bananera (tipo régimen de América Latina). No se trata de querer oponer el estado de derecho al estado de república bananera. Hace mucho que yo sé lo que es el estado. Por eso no hago la apología de ningún estado, hago la apología, si, por el fin del estado, cualquier estado; mientras estemos sometidos a sociedades jerarquizadas jamás habrá emancipación del individuo. Bien, ahora lo dejo por aquí, no es el propósito hacer ahora una disertación sobre el estado - ¡la institución de la violencia institucionalizada, del terrorismo legalizado, que crea privilegio, rapiña, guerras, muertes, destrucción, miseria humana, desigualdades sociales, exclusión social y una infinidad de conflictos sociales!... Todavía hay países en que la tiranía del estado es menos cruel, en el derecho procesal, las garantías de la defensa se cumplen, no reina tanta prepotencia. ¡Pero aquí, donde el crimen es la ley, encima hay el crimen de la ley del chicote - la prepotencia-! ¡Es el colmo del desprecio a sus propias reglas, el colmo del descaro! Añadida la tiranía del estado de derecho, lo que pasa en este caso es que hay grandes intereses escondidos por detrás que a veces involucra a individuos del mismo aparato de estado. Consta que en el interior de las prisiones, que este individuo – el industrial secuestrado, con el nombre de Carlos Pinheiro, conocido en ciertos medios marginales por Carlos Damarilia - mientras estaba preso -años 80- en el país por homicidio, ha sido un refinado delator de evasiones por las diversas cárceles por donde pasó; que por eso tenia la protección de los guardias de las cárceles; que está altamente involucrado con elementos de la policía judicial en la venta de droga -heroína y otras-, o sea, en el narcotráfico, que ha dado altos robos de kilos de heroína y otras drogas y de grandes cantidades de dinero a otros individuos, también de este medio; que ha traicionado a muchos colegas suyos en este mundo de negocios; que se encuentran presos una serie de individuos por su culpa en diversas prisiones del país; que es un individuo altamente comprometido con las policías (judicial y policía de seguridad pública) en la venta de droga y en la denuncia de sus competidores; y que unos individuos le han secuestrado, en plan venganza y a la vez para cobrar antiguas deudas. Porque conozco a A, B Y C, y porque ya estuve preso -por pequeños delitos pasados hace más de 15 años, originados parcialmente por la injusticia social-, basado en amistades del pasado -¡siempre el estigma del pasado, la perpetua condena!-, absolutamente incorporable al horrible pasado de Salazar y otros Torquemadas demócratas -que nunca estuvieron presos (ni estarán) aunque han cometido crímenes abominables- y al de los ladrones y policías corruptos, altos empresarios que nunca están encarcelados! ...; como explicaba, basado en amistades y en el pasado, la policía democrática ha creado toda una ficción -¡una auténtica provocación policial!-, guisó un proceso a su manera. La referencia a los grandes bandidos y ladrones legalizados que no son presos, no significa que yo quiera que haya gente presa. ¡No! Yo estoy enérgicamente por el fin de la institución carcelaria, porque las prisiones son monstruosos atentados a la dignidad e integridad física y moral del ser humano (!), ¡no puedo aceptar la prisión ni para estos caballeros cargados de crímenes abominables! Mi enemigo es el poder dominante- no importa de que color sea-, las estructuras autoritarias, o sea, jerarquizadas, con forma de pirámide. La referencia a los delincuentes encorbatados es solamente para resaltar la contradicción, falsedad e hipocresía del sistema, el del estado de derecho! Cuando algunos presos son rebeldes anti-autoritarios, de pronto alérgicos a la contagiosa y virulenta enfermedad del dominio -que mata cada año a millones y millones de personas con guerras, torturas, genocidios, asesinatos, rapiñas, negocios, relaciones interpersonales mercantilizadas, injusticia social, desigualdades sociales, miseria social y una infinidad de conflictos sociales-, consubstanciada en la idea del gobierno del hombre por el hombre, no importa la marca que tenga: monárquica, fascista, comunista-estatal, democrática, fundamentalista islámica, católica u otras, ¡las ganas de persecución estatal no se hace esperar!... Se vuelven puntos de mira apetecibles para el estado. Un proceso contaminado por graves irregularidades y vicios incurables de conceptualización procesal. Un proceso lleno de ficción policial, fantasías, inexactitudes y con pruebas inventadas por la policía democrática que torturó con retintes de maldad a Alfredo Ortega -nacido en España-, a mí ya mi compañera Gloria -ir a tantas otras personas!.. .-. Un proceso sin siquiera un único trazo de prueba concreta, solamente suposiciones y conclusiones basadas exclusivamente en hipótesis y avergonzantes relaciones de amistad. Según los principios de materia del derecho penal, las conclusiones están hechas a base de pruebas irrefutables y no mediante sospechas, indicios, o menos aún, sencillas convicciones. Pero esto se aplica a profesionales del crimen generalmente pertenecientes al aparato del Estado- ¡y no al pueblo y muy menos a individuos que no quieren ser ni yunque ni martillo, o sea, ni explotado ni explotador! Para estos, los despojados y rebeldes anti-autoritarios, el derecho no es más que letra muerta. Además, Solón, legislador de Atenas, 600 años a.n.e., decía ya: ¡leyes, leyes, leyes... en cuyas armadillas sólo quedan los pobres porque los ricos las rompen! Y, más adelante, los ácratas demostraron la impostura de la ley que sirve para proteger a los privilegiados, todos los que viven del robo -legalizado- institucionalizado, que es la opresión y la explotación del hombre por el hombre. A pesar de que el abogado pidió la absolución -todos los aboga- dos pidieron la absolución para sus clientes-, a pesar de que el abogado dijo que se quitaría la toga si fuera condenado - quería decir que dejaría de ser abogado-, a pesar de haber sido demostrado que la única prueba realizada fue de que no hubo ninguna prueba concreta contra mí -ni en contra de los otros acusados-, a pesar de haber quedado claro para las personas que asistieron a las sesiones que este juicio no pasó de ser una farsa, un teatro, una escenificación, un auténtico montaje policial, ¡a pesar de todo eso, he sido condenado, fuimos condenados! Condenados con la lógica inquisitorial a largos años de prisión: 50 años de prisión en total; 18 para Antonio de Jesús, 17 años para Alfredo Ortega y 15 años para mí. ¡De un trago... como quien se bebe un vaso de agua! ¡Ah, que revuelta siento! ¿No habrían casualmente recibido los jueces unos millones de escudos provenientes del tráfico de heroína?.. No lo sé... Pero, para intentar percibir cómo ha sido posible tanta violación de los derechos elementales del acusado -las designadas garantías de defensa procesales-, estoy obligado a pensar también en esta hipótesis. ¡Y estos mass-media, voceros del poder dominante, formadores de opinión pública, falsificadores de lo real, profesionales de las trampas y charlatanes, son un asco, un vómito! De los periódicos que tuvieron acceso han sido pocos los que publica- ron unos reducidos extractos de las declaraciones hechas por los acusados en la tercera sesión. Pero solamente publicaron partes sueltas, fuera del contexto, únicamente extractos pequeños de lo mucho que se habló por parte de los que fueron condenados, sobre todo por parte de Antonio de Jesús y de Alfredo Ortega, mientras que las declaraciones del quejoso y la docta versión del poder judicial, fue fuertemente difundida a los cuatro vientos, a todo dios, además, ahora, por satélite; la tele, la gran catedral, el gran Dios, el Gran Hermano, la Verdad incuestionable -¡Hasta ha salido por la tele y todo!, dice la gente- se hartó de difundir imagen, fue exhaustiva, hasta la morbosidad en la explotación parcial de los acontecimientos, y los garabateadores de papel ya no ahorraron papel, con todos los puntos y comas; sobre las declaraciones de Antonio de Jesús, de Alfredo Ortega y las mías, nada. Nada, porque su contenido era perjudicial y comprometedor para el poder judicial y por consiguiente para lo que llaman Justicia. Por eso quedó amordazado, silenciado, entre las paredes de la sala del palacio de la (in)justicia. ¡Cómo falsifican lo real! ¡Cómo manipulan a las personas! ¡Que prostitutos de la pena, hablada y escrita! Mucho antes del juicio-farsa la verdad se impuso por los medias, que dieron el veredicto antes que los jueces, violando descaradamente la garantía constitucional de que todo acusado se presume inocente hasta la sentencia condenatoria –nº 2 del artículo 32 de la Constitución-. Poco a poco la verdad oficial desde hace mucho se impuso por los medias, con tonterías y trucos hábilmente orquestados por la fantasía policial. ¡Profesionales de la mentira! Pero la versión de los supuestos sospechosos – los cilindrados por el poder dominante nunca fue escuchada, quedó amordazada, y las macabras torturas con retintes de maldad, con quemaduras de cigarros hechas al ser apagados en los testículos, miembros torcidos, salvajes apaleamientos, resultando costillas perforadas, amenazas de muerte y un sin fin de chantajes – hasta el punto de que utilizaron a mi compañera Gloria y a nuestro hijo Eloy con siete meses de edad, como rehenes, para obtener el rescate como moneda de cambio, entre otros chantajes con mis más queridos, entre otras no narrables palizas – como decía el estadista Salazar – e indignantes extremas inhumanidades practicadas por la policía democrática, por el estado de derecho, quedaron silenciadas entre rejas y muros de las prisiones democráticas-. Y del modo como las noticias lanzadas por el poder dominante -el estado y los medias-, estas tradujeronse en la culpabilidad anticipada de los presos ante el público –la sociedad civil-. Ahora, hasta que la respuesta al recurso -que fue el requerimiento de la absolución o nuevo juicio- llegue, pueden demorarse cerca de 18 meses, 2 años o 3 años. Entretanto nos encontramos pudriéndonos en la prisión, sujetados a la peor opresión del estado y, como si este crimen hediondo de la prisión no fuese poco, nos encontramos sujetados al contagio de enfermedades graves: tuberculosis, hepatitis A, hepatitis B, hepatitis C, SIDA y otras. ¡Cuanta energía necesita el individuo encarcelado para poder resistir a la tiranía del poder dominante, que ahora se llama democracia! Con un fuerte abrazo a todos/as. ¡Salud y Acracia!
ADERITO
SOARES NETO |
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