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SOBRAS DE UN BANQUETE CANIBAL

Un argumento que en este último período está volviendo a salir a la palestra es aquel sobre las cárceles. Argumento, que los distintos mass-media, se han visto obligados a afrontar sea por los hechos de San Sebastiano (hechos que no han conseguido esconder sólo y exclusivamente porque la estructura de la cárcel está metida en pleno centro de Sassari y muchos han oído los gritos desgarradores de los presos sometidos a la masacre de los carceleros/esbirros /verdugos del Estado que se ensañaban con ferocidad sobre cuerpos desnudos inermes), sea por los extraños "suicidios" sucedidos en las cárceles Italianas y Sardas, y por los cada vez más continuados actos de auto-lesión que se realizan en el interior de las cárceles.

Los periodistas vendidos del régimen, "sabelotodos" y reformistas gritan que estos hechos de violencia son determinados por la masificación, por la inadecuación de las estructuras, por el atraso de los sistemas de "reeducación"... Extrapolan la cárcel del contexto social, casi como si fuera un hecho en sí, un mundo ajeno al vigente sistema social.

A mi parecer, al contrario, refleja plenamente lo que es la sociedad que la instituye, la reforma y la reglamenta. Hay quien sostiene que la encarcelación debería ayudar al individuo que "se ha equivocado" (conceptos que para nada me pertenecen) a insertarse en la sociedad... a mi parecer la encarcelación reduce todavía más una posible integración en esa misma sociedad que excluye y margina, sostenida por aquellas leyes que llevan al individuo a asumir el rol de excluido, en caso de que no contribuya al mecanismo de mercado. Y sabiendo que el encarcelado volverá al ambiente del que proviene, precisamente porque el haber estado encarcelado se convierte en posterior motivo de exclusión del contexto social.

Los médicos, los vigilantes, los psicólogos, los psiquiatras, las distintas administraciones penitenciarias hablan de rehabilitación pero ¿cómo se puede "rehabilitar" un individuo que, por la fuerza, ha sido privado de la propia libertad personal y cuando en el interior de las prisiones están vigentes normas que niegan al preso la propia dignidad? Humillantes registros personales, destrucción de nuestras celdas durante los registros hechos para garantizar un vivir tranquilo dentro de la cárcel, continuos traslados para hacer que nadie se cree un ambiente propio, socialice con otros presos... y luego insensatos reglamentos que con una ferviente ilógica querrían garantizar el orden en el interior de las distintas cárceles.

Llaman tratamiento de reeducación a más de 20 horas al día encerrados en la celda sin hacer nada... donde la vida del preso está sobrecargada de provocaciones continuas y de tensiones que con frecuencia desembocan en las auto-lesiones y en cualquier momento (y esto las distintas administraciones lo saben muy bien) pueden explotar en mil otras formas de violencia, violencia que nace y se alimenta de tales condiciones de reclusión. En el actual sistema, cuando más libremente circulan mercancías y capitales multinacionales, tantas mayores restricciones tiene el individuo libre, y mayores son las dificultades en las que incurre un proletario para vivir una vida digna en el seno de un régimen social donde los derechos son desiguales, las leyes dictadas por unos pocos para los daños de la mayoría.

El excluido, es decir aquel que ha sido voluntariamente excluido, es obligado a vivir una vida al margen de la sociedad, condiciones que la mayoría de las veces llevan al encarcelamiento. Ahora bien, comprobada la imposibilidad de una improbable "rehabilitación" por medio de la coerción y de la privación de la libertad del individuo, ¿qué nos queda? La cárcel es solo la venganza del Estado, del capital multinacional, de cualquier poder constituido contra quien ha violado las normas hechas para garantizar su seguridad, está hecho sólo de violencia y atropellos cotidianos, y quien lo vive en su propia piel no puede no absorber la una y los otros...y esto hace daño a quien está dentro, es sólo violencia en sí misma. Hoy más que ayer la cárcel es un vertedero social, un contenedor de violencia generada por la iniquidad de una sociedad que, basada como está en la lógica del beneficio y del mercado no sabe afrontarla de otro modo. Está poblada de proletarios, drogadictos, marginados, rebeldes sociales y no rehabilita a nadie.

El 98 % de los presos son proletarios, de estos el 40% son inmigrantes ilegales, y un tercio de la población presa (cerca de 18000, siendo en total unos 55000 presos aproximadamente) está encarcelada por hechos relacionados con el uso de sustancias estupefacientes. No es casualidad que en las cárceles de las distintas ciudades la mayor parte de los presos locales provengan de las así llamadas ?zonas populares?, verdaderos y propios ghettos que la urbanística municipal erige en las periferias en nombre del beneficio de los propietarios de las "zonas bien".

Para no perjudicar a los propietarios burgueses, anulan cualquier forma de posibilidad favorable a los proletarios, relegados en los barrios pobres a merced de la heroína y de la degradación, donde para sobrevivir deben violar las leyes de la mayoría, reapropiándose en parte de los tesoros de quien, con el sudor de los "subalternos" obligados a prostituirse trabajando con salarios de hambre, vive una vida de comodidades; seguro que quien levantase la cabeza contra una desigualdad así acabaría en esa estructura llamada cárcel, que la llamada "sociedad civil", los distintos Estados, el poder constituido, erigen como advertencia para quien osa rebelarse y donde encierran cotidianamente a decenas y decenas de proletarios. Pero a los científicos de la represión no les basta con encerrar entre cuatro paredes al individuo rebelde.

Existe una cárcel dentro de la cárcel, una "dureza" posterior al negar la libertad al rebelde, al refractario. En 1991, en Italia se ha constituido el llamado "art. 41 bis" régimen de encarcelamiento en el que las condiciones de los presos están al límite del aguante humano: una única llamada al mes de teléfono, la censura perenne de la correspondencia, además del aislamiento al que postran hasta años, no obstante sea considerado una forma de tortura, continuos y humillantes cacheos, ningún contacto con el exterior. Observación continua de la personalidad para forjar mejor sus métodos represivos personalizándolos. Como para los rebeldes en España ha sido constituido el FIES (régimen de encarcelamiento casi igual al 41 bis) también el Estado italiano no ha querido quedarse atrás en la despersonalización de los presos. Y como preso sardo recojo también como el Estado italiano deporta (porqué se trata de verdaderas deportaciones) a decenas de proletarios presos sardos en las cárceles del territorio italiano, negándoles el uso de su propia lengua, extrapolándoles del propio contexto cultural y obligando a sus familiares a masacrantes viajes, además de caros y dificultosos, dada su condición de proletarios.

¿Y qué decir de las decenas y decenas de presos afectados con el SIDA, relegados en los distintos centros de médicos de las prisiones, sin las curas necesarias, a los que los jueces de vigilancia niegan la posibilidad de acabar sus días en casa con sus seres queridos? Cotidianamente en las cárceles Italianas y Sardas, muchos de estos presos mueren silenciosamente, con las sirenas apagadas, las ambulancias se llevan sus cuerpos. En la entrada de la cárcel de Buoncammino hay una gran losa de mármol que reza "las penas deben tender a la reeducación de los condenados en el pleno derecho de su dignidad (artículo 27 de la Ley Penitenciaría)". Nuestra dignidad día tras día es pisoteada por el solo hecho que por la fuerza nos niegan la libertad! La libertad de un individuo libre no se puede conciliar con la cárcel, con ningún tipo de cárcel o pena llamada "alternativa". La cárcel produce solo violencia y esto los adictos al trabajo lo saben muy bien, saben también que con la coerción del individuo libre no hay ninguna posibilidad de rehabilitación, y solo venganza del Estado-Capital contra los rebeldes sociales.

Nosotros, los presos, somos lo que no sirve a la sociedad, aquellos que han "osado" meterse en contra la propiedad, somos las sobras del banquete caníbal que cotidianamente la ley del beneficio relega, excluye, margina , encarcela. Pero la prisión no es solo la prisión en su acepción de estructura, ni es un cuerpo extraño del actual contexto social. La cárcel es el poder, el Estado, los ejércitos, los bancos, el capital globalizado, la sede de la multinacional debajo de nuestra casa... todo eso que representa el poder constituido. Todo esto es atacable, son personas físicas, estructuras visibles! Atacar la cárcel es atacar el capital, todo lo existente. Es hora de acabar con las cárceles, el poder del capital y de sus sirvientes. Nosotros los presos no podemos hacer más que enfrentarnos cotidianamente contra este abuso, para tener intacta nuestra dignidad de individuos libres. A vosotros, hombres y mujeres de coraje, más allá de estos muros, escoged de que parte estáis. El resto, con un poco de fantasía, viene de por sí!

¡Por el fin de los regímenes especiales!
¡Por la excarcelación inmediata de los enfermos!
¡Contra la deportación de los proletarios Sardos!
¡Libertad para todos!

Federico Pais, preso, anarquista, Sardo.
Escrito incluido en los anexos de Junio del 2002 del dossier
Cofre de Vientos contra la Cárcel y la Represión.
[Apdo. 156072 -28080 Madrid -España]

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