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¿QUIÉN ES MARCO CAMENISCH? "Si
ahora hablo largo y extenso no es para justificarme o para pedir clemencia.
Quiero solamente aclarar por qué se han hecho algunas cosas y por
qué es necesario hacer cosas. No quiero demostrar que hemos actuado
de la forma estratégicamente correcta. El compañero Marco Camenisch nació en Campocologno (Suiza), en 1953. Cursó sus estudios en la escuela Schiers pero a un año de recibirse de bachiller dejó de cursar porque se negaba a seguir participando de “en un sistema escolástico que trata de forjar otra ruedecilla bien aceitada para el funcionamiento de los engranajes de una sociedad meritocrática y elitista, basada sobre los mecanismos de la explotación”. Después de esa ruptura ingresó a la escuela agrícola Plantahof pero, puesto en confrontación con la realidad de la agroquímica, buscó una alternativa en sintonía con el respeto a la naturaleza. Optó por la vida pastoril y en el aislamiento de la montaña sintió la necesidad de participar activamente en un cambio de las estructuras de la sociedad, así se incorporó a lucha ecologista radical. El
movimiento antinuclear suizo se había fortalecido a partir de la
ocupación de los terrenos donde debía construirse la central
de Kaiseraugst, en 1975, y en los años sucesivos se extendió
al iniciarse la lucha contra la planta de Gösgen. Las movilizaciones
fueron creciendo hasta llegar al año ’79, un hito decisivo en esa
batalla ya que el problema había sido planteado a nivel parlamentario
y era debatido abiertamente por el grueso de la gente. Pero las cosas
empezaron mal, el 18 de febrero la denominada Iniciativa Antinuclear es
derrotada en un plebiscito, 48,8% contra 51,2 %: las centrales atómicas
seguirían proliferando. Al día siguiente un atentado destruyó
el Pabellón de la Mentira, construido para hacer propaganda en
favor de la central nuclear de Kaiseraugst. Los daños superaron
el millón de francos. El 20 mayo se realizó una nueva consulta,
allí triunfaron los ecologistas moderados: se aceptó la
construcción de centrales nucleares, pero condicionados por toda
una larga serie de requisitos. “¿Por qué golpear la central Sarelli precisamente la noche de Navidad? No sólo por razones de seguridad. Quería hacer una demostración de solidaridad con Jesús, el conspirador, el nómada, el revolucionario, el rebelde, el combatiente partisano que en el Sermón de la Montaña decía claramente: ‘Bienaventurados los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Bienaventurados los que ahora lloran, porque reirán... ¡Pero ay ustedes los ricos, porque tienen ya su consuelo! ¡Ay a ustedes que están ya saciados, porque tendrán hambre! ¡Ay a ustedes que ahora ríen, porque tendrán pesar y llorarán!’ La nuestra ha sido una manifestación de rabia por la negación del Jesús del amor, de la fuerza, de los pobres, por una religión que desde hace 2000 años es arrogancia de clase y de raza. Pretexto para genocidios y conquistas, que se siente obligada a crear una imagen de Jesús servil, asceta, transcendente, opio de los pueblos. Las orgías navideñas, el consumismo, la falsedad en su nombre, le darían vómitos. ¡Vómitos y rabia!”
Después del atentado a la central Sarelli se produjeron una serie
de detenciones, ofrecían 10 mil francos como recompensa a quienes
dieran información sobre los "atentadores". Hubo una
delación, la Fiscalía de la Confederación Helvética
solicitó una orden de captura contra Marco Camenisch y René
Moser. El 2 enero arrestan a René H., un ex marino mercante de
27 años que reconoció haber ocultado material explosivo
pero negó su participación en los atentados; el 18 la policía
cayó sobre Moser y Camenisch. Un año después llegó
el juicio, la condena y el traslado de la cárcel de Coria a la
de Regensdorf. Pero el encierro no duró diez años como preveía
la ley. El 17 de diciembre seis personas escaparon de la cárcel
de Regensdorf, Marco era uno de ellos. “Ellos
quieren ser nuestros señores, nosotros no queremos ser ni siervos
ni patrones. Por eso nos han encerrado, por eso nos hemos evadido. Por
eso hemos matado a un mercenario. Pero el asesino es el Estado, adiestrador
de siervos voluntarios, ciudadanos soldados, policías y otros portadores
de uniforme, de los cuales algunos son robots sin ningún instinto
de conservación, que en las prisiones de sus patrones torturan
y hacen estragos contra la más elemental dignidad humana. (...)
No contentándose con asesinar, el Estado hace también de
chacal, explotando cadáveres para mantener, profundizar y restablecer
la interiorización de la opresión, y la opresión
misma. La
prensa se olvidó de Marco hasta el otoño (boreal) del '89,
cuando murió su padre. La policía esperó agazapada
la llegada de nuestro compañero, pero él no apareció.
El
5 de noviembre de 1991, después de un violento tiroteo cerca de
Cinquale de Montignoso (Italia), los carabinieri detuvieron a Giancarlo
Sergiampietri y a Walter Naf, quien en realidad era Marco. Durante el
tiroteo Camenisch fue herido en ambas piernas, pero sus heridas fueron
algo secundario en comparación con la lluvia de acusaciones que
cayó sobre él. El diario italiano Corriere de la Sera informó
el 12 de noviembre sobre explosión de dos bombas en Toscana, una
dañó un albergue en Cinquale y la otra un poste de la empresa
nacional de energía ENEL en Montignoso. En el artículo comenzaban
a aparecer las primeras especulaciones: “Ayer en la Fiscalía de
Massa Carrara hubo una reunión para tratar de establecer si existen
conexiones entre los dos atentados - uno realizado con la misma técnica
con la que desde hace tres años han sido dañados más
de 20 postes en Toscana - y el arresto del terrorista suizo Marco Camenisch,
sorprendido por los carabinieri junto a un cómplice mientras transportaba
un kilo de explosivos, probablemente destinados a una acción contra
los postes de las centrales de Massa...”. “Hace ya muchos años afirmaba que quien comprende el modo de proceder del capitalismo y comprende que sus exigencias son totales, que sabe que con este sistema las previsiones para el futuro son nulas y no quiere ser cómplice, esclavo y víctima de esta delirante dictadura consumofascista, debe por la fuerza oponerse, combatirla con todas sus capacidades, con todas y con todos. Dije también que se trata de una lucha por la supervivencia desnuda y cruda, no más, desde hace años ya, concebible y necesaria sólo para salvaguardar la libertad, la dignidad, la Tierra y por esto del pan individual o de clase o de grupo, sea étnico, ideológico u otro. No se trata más de poder concebir y de luchar contra la explotación, guerra de rapiña, esclavitud, masacres. No, ahora se trata de la supervivencia de todo el planeta. No se trata de una crisis ecológica, sino de los últimos momentos antes del fin, de un demencial y criminal curso hacia el aniquilamiento total. (...) Las acusaciones que son expuestas aquí, no hacen más que honrarme. Ciertamente no he disparado contra la Cruz Roja, ni explotado a nadie, ni menos violentado a mujeres y niños... ¡Resignación y miedo es complicidad! ¡Contra la resignación, pensar lo impensable! ¡Contra el miedo, aprender el valor!” En la actualidad Marco está preso en la cárcel de Biella, cumpliendo la condena dictada por el Tribunal de Massa, donde espera - además - la finalización de un proceso que se le sigue por su presunta pertenencia a la Organización Revolucionaria Anarquista Insurreccionalista (ORAI), una organización fantasma que sólo existe en la imaginación del fiscal romano Antonio Marini. Este fiscal (uno de los máximos inquisidores del anarquismo peninsular) ha presentado contra nuestro compañero cargos que van desde robo a mano armada y atentado dinamitero hasta secuestros y homicidios. Además pende sobre su cabeza la extradición a Suiza. Texto aparecido en Ecotopía nº2
Hörnlistrasse, 55 8330 Pfäffikon Switzerland Marco
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