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Hasta
el infinito por lo menos. (versión
actualizada casi libre de erratas) La repetición seriada de una serie de acontecimientos y metodologías represivas en diversos y dispares lugares debe hacernos entender, de una vez por todas, que el mecanismo puesto en marcha por el Estado/Capital se rige siempre, y en todo lugar, mediante una serie de pautas estudiadas y preconfeccionadas de antemano. Algo que nosotros seguimos obstinados en llamar, quizá de una manera algo pomposa, “proyecto represivo”. Un proyecto orquestado desde los despachos y cloacas del dominio, cuya finalidad siempre ha consistido en erradicar todo atisbo de disidencia, toda posibilidad de acción real. Y no nos engañemos, un proyecto este, tan antiguo como el origen del Estado y las relaciones sociales que lo sustentan. “Todo lo que no puede ser recuperado debe ser reprimido”. Esta es quizá la frase que encabeza los manuales de formación de la Policía del Pensamiento (alias Brigada de Información, antes Político-Social). El que escribe jamás ha visto uno de estos manuales, ni falta que hace, pero el repetirse monótono de una serie de acontecimientos, habla por si solo. El antagonista necesario. En la sociedad del totalitarismo democrático la simulación e la ilusión forman parte activa de nuestra existencia. Simulación e ilusión de participación en las decisiones que afectan nuestra vida. Comunicación simulada y virtual, relaciones personales bajo el tamiz de la ilusión, virtualizadas, maquinizadas, o simplemente cortadas por las ritmas del trabajo y la sumisión cotidiana, y así un largo etcétera cuya enumeración preferimos ahorrarnos porque de momento no nos mueva ningún afán masoquista. En un sistema de alineación y dominio como es la democracia la contestación debe ser de la misma manera ilusoria y simulada. No debe plantear riego alguno para el Estado/Capital que la sustenta. Debe ser por lo tanto en todo momento recuperable. Alguien, tiempo atrás, planteó el símil de la vacuna: Al igual que un organismo vivo, el Estado/Capital necesita ser periódicamente inoculado con una serie de anticuerpos previamente debilitados, que a modo de vacuna, desempeñen una función preventiva, desarrollando una contestación concebida dentro de las límites democráticos (e inofensivos) de la protesta. El Estado/Capital salva el expediente y muestra su cara amable y permisiva. El papel de oposición permitida lo desempeñan todo un conjunto de variopintas organizaciones y movimientos (desde partidos políticos hasta congregaciones cristianas, el etcétera sería también fatigoso). En definitiva, toda la izquierda institucional con su función desmovilizadora e integradora en los rediles del sistema. El Estado no tiene ningún problema en tolerar, e incluso financiar, esta forma de oposición porque en definitiva no supone ningún riesgo para su existencia, al contrario, es una de formas de recuperar y encauzar un posible enfrentamiento. Cuando la oposición rebasa los límites democráticos, cuando deja de representarse de forma ficticia es denominada con la palabra de moda: Terrosismo, antes se usaban otras como radical, violento... Una imagen a la inversa. Desde
los pulpitos del poder se retransmite en directo el arresto de peligrosos
terroristas, armados hasta los dientes, dirigidos por malvados cerebros
desde sus celdas de aislamiento. El
Estado presenta siempre esta falsa alternativa. O se le acepta o se
le imita. O reformismo o banda armada jerarquizada. En definitiva, desde
esta lógica lo que se viene a decir es que, quien pretende rebelarse
no es más que un autoritario camuflado. En diversos lugares y geografías el Estado esta acusando a algunos anarquistas de constituir una banda armada jerárquica. La acusación, así entendida, va más allá del mero intento de cerrar la boca a un puñado de anarcos que molestaban demasiado. Lo más sorprendente de todo esto es que la acusación de banda armada que esgrime el Estado y la judicatura habla de una organización jerárquica, militar, con dirigentes y dirigidos. Justo lo que los anarquistas rechazan. La concepción que los anarquistas tienen del conflicto social está a años luz del visión cerrada y jerárquica de una banda armada así constituida. Aun cuando un anarquista utilice las armas, usemos un poco la imaginación, aun cuando todo los anarquistas del planeta hubiesen, además de escrito panfletos, discutido, hecho el amor, pegado carteles, insultado a algún policía, usado las armas, ni siquiera esto haría de ellos una banda armada. Los anarquistas rechazan de entrada la concepción militar del conflicto social impuesta por el Estado, no se reconocen en ninguna estructura u organigrama jerárquico. La única “banda armada” a la que pertenecen es a la de los explotados. A los anarquistas no les suele despertar demasiada simpatía ni los profesionales de la política ni los del militarismo, aunque se digan revolucionarios. El boicot, la expropiación, la autoorganización y el sabotaje son siempre armas al alcance de los explotados. Terrorista es el Estado. Quien no tiene reparos
en bombardear a la población civil, en torturar y secuestrar,
para quien los muertos son solo cuestión de estadística
o propaganda electoral, tanto en tiempos de guerra como en los de la
llamada paz social, es sin lugar a dudas el Estado. Represión selectiva e intimidación generalizada. Hace ya más de un año 6 anarquistas fueron detenidos a punta de pistola en la ciudad de Barcelona. Otro compañero logra escapar del cerco. Cuatro años antes una de las instituciones del proyecto represivo, la Europol, ponía en marcha su archivo de identificación. El nombre de los 6 de Barcelona terminó sin duda por acabar figurando en él. Lo
que ha venido después es de sobra conocido. La
operación represiva fue desarrollada de forma selectiva, quitando
de en medio aquellos anarquistas más molestos y difundiendo el
terror como una mancha de aceite, no solo en los círculos más
próximos a los detenidos, sino entre todos los medios antiautoritarios.
Y este golpear duramente pasa por la construcción de una serie de acusaciones prefabricadas y equitativamente distribuidas durante los cinco días de asilamiento de la ley antiterrorista. Desde acusaciones tan bizarras como “conspiración para el asesinato” del cacareador Luis del Olmo, hasta unas simples pedradas a entidades bancarias y ETT’S, pasando por la proyección de varios atracos de autofinanciación. Perfiles concretos tienen ya asignada la etiqueta de culpable. Para el Estado cualquiera puede serlo. Basta no agachar sumisamente la cabeza ante el orden establecido. Acusaciones como “conspiración para el asesinato” o la presencia del juez mitómano Baltasar Garzón, que inicialmente les tomó declaración, son enviados a modo de aviso a la totalidad del movimiento anarquista, entendido este en su más amplio sentido. En estos días hubo quien se defecó encima (el que escribe, por ejemplo), quien hizo inventario de conocidos para ver si entre ellos había algún expediente comprometedor, quien negó y renegó, antes de que cantará el gallo, su pasado más reciente, quien temió por la ilegalización de su “camarilla sindicalera”, quien dijo que se veía venir, y demás miserias por el estilo... El Estado consiguió su objetivo: asilar a los detenidos, inmovilizar a los de afuera e impedir toda posible respuesta. Se difunde así la idea que la única oposición posible es la ilusoria. A modo de cronología. Desde que la Europol desplegará sus tentáculos en la geografía ibérica y adiestrará a las instituciones hispanas, algo menos avezadas en esto del anarquismo que sus homónimos italianos, se ha pretendido a todas costa endosar la acusación de banda armada por sus repercusiones judiciales, y no solo. Ha habido tiempo e intentonas suficientes para confeccionarla. En febrero de 2000 se celebra el foro internacional de directores de policía en Madrid. La Europol pone en marcha su andadura con una importante presencia hispana desde un inicio. En noviembre de 2000 dos personas diferentes ligadas a las iniciativas de solidaridad con las luchas de los presos son detenidas en Madrid. Desde un primer momento se baraja la acusación de banda armada para la persona que pasará casi un años de prisión preventiva. La acusación no se sostiene, a pesar de ello la fiscalía solicita 22 años de reclusión. La primera vista oral del proceso se ha saldado con una condena de 4 años por posesión de explosivo, a pesar de que Eduardo García siempre ha declarado que aquella bolsa la deposito allí la propia policía. En octubre de 2001 detenciones de anarquistas y antiautoritarios en Madrid y Oviedo. Sale a la luz por vez primera la definición de “Triangulo Anarquista del Mediterráneo”. Las acusaciones no llegan ni tan siquiera a la fase de instrucción tras una semana de prisión preventiva. Un año después en Valencia 4 jóvenes serán detenidos tras los incidentes relacionados con el desalojo de un espacio ocupado. Les acusaciones serán de “asociación ilícita” y “daños terrorista”s . Los cargos se verán desestimados. En febrero de 2003, otros 3 anarquistas serán detenidos en Barcelona (Villadecans) y otro más en Almería. Como en ocasiones anteriores dirige el proceso la Audiencia Nacional. El señor Garzón sale a la palestra. No es la primera que este ilustre juez dirige su atención hacia el ámbito anarquista, había hecho ya sus pinitos con el sumario de ilegalización de la organización Cruz Negra Anarquista.En este sumario la CNA era citada como una hipotetica cantera de los GRAPO, la única persona que pasando por CNa ha tenido que ver algo con los GRAPO fue un guardia civil infiltrado, hechos aomprobados además. Decimos sumario porque nunca se llegó a abrir un proceso de ilegalización por estos hechos, además señor Garzón, como va usted a ilegalizar algo que no tiene estatuto legal. A
finales de junio de ese mismo año más de 60 personas son
detenidas cuando participaban en una manifestación anarquista
contra ministros de la UE en Tesalónica (Grecia), las primeras
y confusas noticias que llegan desde Grecia es que para algunos de los
detenidos se pudiera estar barajando la acusación de banda armada.
La
operación de septiembre de 2003 recoge y perfecciona todos los
ensayos posteriores: 5 encarcelados, un compañero en busca y
captura y otro anarquista más procesado pero en la calle. Después de un año de prisión preventiva los compañeros declaran ante un nuevo juez, Fernando Grande Marlaska, a primera vista un juez relativamente joven, deseoso de hacer currículum. La acusación de “conspiración para el asesinato cae”. La acusación más grave es la de pertenencia a banda armada, que reproduce los esquemas ampliamente difundidos: Un grupo jerárquico, para algunos media el líder era Rafa, para otros Joaquín; conexiones con peligrosos presos F.I.E.S (Claudio Lavazza), y la habitual campaña e atentados que las fuerzas de seguridad han sabido evitar. Lo
más incompresible de todo este asunto es el nombre que los mercenarios
y torturadores en toga han dado a la hipotética organización
a la que pertenecerían los compañeros de Barcelona: “Movimiento
Anarquista Libertario de la Extrema Izquierda”. Además de redundante,
contradictorio. Los anarquistas hemos afirmado hasta la saciedad, en
cientos de opúsculos, libros y publicaciones, que la izquierda,
aun cuando sea extrema izquierda, es solamente un apéndice del
Estado, la izquierda del capital como dijeron otros. Pero en fin, que
le vamos a hacer señor juez, usted de eso no sabe nada... Ningún
juez, ningún periodista, personas estas acostumbradas a obedecer
podrán comprender que existan personas que se organicen baja
el rechazo de toda autoridad y jerarquía, siguiendo las lazos
de la propia afinidad. Es algo que rebasa sus límites de comprensión.
¿Por qué los anarquistas? ¿Y quién si no? Los anarquistas se obstinan en continuar hablando de posibilidad de revuelta, de insurrección. Son los únicos que no aceptarían ningún acuerdo con politicantes presentes o futuros. Aun cuando a veces estén demasiados ocupados en ponerse etiquetas y diferenciarse los unos de los otros. No aceptan ser marioneta de nadie, y por ello despiertan la simpatía de aquellos a los que siempre les toca llevarla peor parte. Y por eso molestan. Por eso e les encierra, aquí en Italia, en Alemania. Por eso se los espía, se registran sus domicilios, se les da un repaso hasta que se autoinculpen de lo que sea. A veces, las tuercas se aprietan más de lo recomendable y misteriosamente salen volando de alguna ventana de comisaría. A
los anarquistas ni se les entiende ni se les quiere entender, un puñado
de intolerantes con un sueño romántico en la cabeza. Pero
si su mensaje se viese ampliamente difundido podría ser peligroso
teniendo en cuenta los tiempos que corren. Lógica Inquisitorial. Términos jurídicos como “culpable” e “inocente” son definiciones a preciadas por quines han asimilado los valores impuestos por el sistema. La lógica inquisitorial distribuye roles y escenografías, como en un guión tantas veces repetido, esta el papel de malo, el de inocente, el de mediador. Algunos de ellos, previamente asumidos, terminan por situarte al otro lado de la barricada. La solidaridad no significa adherirse a priori a una serie de planteamientos, compartir todos o algunos los planteamientos de los detenidos, nunca se ha pedido esto. Pero sin duda, la solidaridad pasa por no asumir los papeles impuestos por el sistema y su aparato represivo. Cómo fabricar un proceso. Varios y dispares son los métodos usados por el Estado para combatir la disidencia. Los anarquistas suelen ser, cuando se lo proponen, una disidencia bastante molesta. El
Estado Italiano ha puesto de moda la figura del “supuesto arrepentido”,
del “colaborador de justicia”. Así lo hemos recientemente visto
con la “conejillo de indias” Namsetchi Modjdeh en el denominado Proceso
Marini. Pero esta práctica tiene ya un largo y dilatado bagaje
que se inicia en los años 80 con el infame Enrico Paghera en
el proceso contra varios anarquistas acusados de pertenecer a una organización
denominada Acción Revolucionaria. ¿Más allá de la condena cotidiana qué? Más allá de la condena cotidiana la lucha libertaria, la agitación la solidaridad con los compañeros detenidos, la creación de espacios enfrentados a la existente, la revuelta, la propaganda por los hechos y la palabra, la autoorganización, el sabotaje, la poesía, la insurrección, la anarquía. Y ya sabéis, la anarquía es caos, y caos nunca murió. Incombustible. Ediciones
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