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:: ÓRDAGO. Sobre una huelga de hambre.
[Textos por la Conspiración]
Poner en juego la propia vida al descubierto, es entender que no queda abierta otra via para la lucha. Que las condiciones a las que la represión ha reducido la existencia, hacen de la revuelta una autolesión, con un final si se quiere, definitivo en cualquier sentido.

Si realmente es cierto que todas las puertas para la confrontación se cierran, que estas condiciones tan extremas se materializan, o que en cualquier caso, sea justificable la propia destrucción física en vez de la de nuestros enemigos, cuando se opta por una huelga de hambre, no es el análisis que persigue este texto, sino más bien, y en torno a acontecimientos cercanos en el tiempo, descifrar hacia donde apuntan las intenciones de un modo muy concreto de entender el enfrentamiento con el Estado, y la triste y patética interpretración a la que solo saben llegar la hastiante izquierda y demás puntales del Capital: sindicatos, artistas, intelectuales, vedettes,?

Pero antes, unas notas para la suspicacia:

1- Estas palabras no se vierten al margen de los acontecimientos, sino más bien asumiendo, desde el ojo del huracán, las consecuencias de unos planteamientos destinados a sufrir todo el peso de la ley: parlotear contra el sistema no lleva a la cárcel, da fama.

Realmente nunca debería ser necesario hacer este tipo de advertencias, pero hay mucho imbécil suelto.

2- Si bien los hechos a los que se hace referencia, es a la huelga de hambre mantenida por los 7 de Grecia, por complicidad, conocimiento, y largo tiempo batallando de la mano, nos atenemos únicamente a la postura mantenida por uno de los huelguistas. Serán los demás si quieren, los que se tengan que ir sumando o restando a la misma.

3- Vaya también por delante, que la alegría que sentimos al ver en la calle a estos compañeros no se puede describir con las palabras de este mundo, pero que no olvidamos, no podemos ni queremos. Es la misma alegría que sentiríamos al ver salir a otros muchos compañeros a los que por estos derroteros se está enterrando.

Muchas pueden ser las razones que empujen a decidir una huelga de hambre. Lo que en la calle puede parecer una medida por la que jamás se apostaría, bajo la presión del mako y todo lo que ello comporta, las cosas ya no se ven tan claras. La desesperación es, probablemente, la atmósfera insoportable que desajusta todos los esquemas tan firmemente preparados en otros lugares donde la condición de reo no es tan palpable. En cualquier caso, con desesperación o sin ella (no será aquí donde se encierre la subjetividad en una cartilla de principios psicológicos), lo que seguro no se busca con esta medida, es enternecer ni sacar a flote el sentimiento caritativo de la misma masa social que nos condena todos los días con su domesticado ¿juicio popular?: no estamos aquí para dar pena, nunca ha sido este el objetivo de nuestras acciones y no tiene porque empezar a serlo ahora. Esta acción, es continuación de las otras, sólo así puede ser entendida.

Resulta curioso observar como desde el principio, tanto de la detención como de la huelga, los comunicados lanzados desde dentro eran cuanto menos bombas incendiarias, y la correspondiente respuesta desde amplios sectores fuera fue, lo que sólo podemos denominar, extintores de las llamas de los primeros. Bajo las máscaras de la reivindicación humanitaria, todas las Madres Teresas de Calcuta que nos echan a los leones siempre que nos salimos del redil, esta vez se afanan para salvarnos de las fieras, queriéndonos demostrar, además, que no es posible vivir (luchar) fuera de ese recinto.

Desde todos los ambientes ha habido compromiso con la causa: la ministra, el ¿movimiento de movimientos? (!?), los eurodiputados, IU, CGT, CNT, las vanguardias artísticas de la izquierda? Todos a su manera ocultando un conflicto y barriendo en lo posible, como quién no quiere la cosa, para casa. Los unos, mostrando la cara humanitaria de las instituciones incluso para con los más traviesos (todos somos hijos de dios, aunque algunos no lo quieran); los otros, hablando de derechos humanos y de la ¿injusticias? del capitalismo que sólo el posibilismo plataformista está en condiciones de afrontar; y los de más allá, obligados por las circunstancias, nos vuelven a vender la sacrosanta moto del empuje histórico que todavía les sopla.

¡Pendejos!

Luego cómo no, a todo el ¿espectro antagonista? no le entra un piñón por el culo con tanta autocomplacencia, se creen los reyes del mambo, y lo único que han sido es el resorte que el sistema necesita para encauzar cualquier amago de descontrol. (La autocomplacencia de los gobernantes, está claro, se entiende)

Si el motivo por el que se produjo la detención fue destapar una guerra social encubierta, la razón por la que se les ha liberado ha sido volver a ocultarla. Siempre es preferible presentar los hechos como una ¿injusticia?, un pequeño desmán que el propio sistema es capaz de subsanar, esto es, siguiendo los cauces permitidos, a dejar extender la idea de que esta paz, es la paz del cementerio, y que todo lo que no sea imponer nuestros intereses son las trampas de la ilusión.

Aceptar los golpes recibidos como una ¿injusticia?, más allá de lo que representa este mundo, es aceptar que los golpes que nosotros damos también lo son. Y esto a lo único que conduce es a hacer distinciones entre represaliados: unos son víctimas, y otros son culpables. Cuando la realidad en un enfrentamiento consiste en tomar partido y actuar en consecuencia: más que justo o injusto, es la guerra.

La torpeza llega a tal punto, que mientras el propio interesado encuadra su detención dentro de una guerra social abierta, y deja constancia, que no se identifique con su lucha todo aquel que no haga causa común en su solidaridad con los prisioneros de otras partes del Estado en condiciones de menos ¿glamour? mediático (a los que se llega a criminalizar mucho más que a cualquier otro delincuente, por miedo a ser confundido con ellos), se sigue erre que erre instrumentalizando por los lobbies alternativos para separar entre antiglobalizadores y terroristas. Esta es la muestra más evidente de que por un lado, no sólo es el Estado por su funcionamiento quien recupera de una forma mecánica las luchas, y a la vez, que al generar conflicto, se esfuman todas las supuestas barricadas compartidas: muchos son los que viven de esta paz, aunque no estén en nómina.

No se ha querido entender el órdago arrojado con la huelga de hambre: desde aquí se está dispuesto a todo, lo único que queda, la propia vida, está sobre la mesa. Y vosotros, los de la calle, ¿hasta donde llegáis? Al grito de ¡arriba los que luchan! se ha respondido en muchas ocasiones con la pantomima, con el seguir tirando de las vías muertas de la democracia. Cualquier cosa que se hiciese se daba por buena: legitimar el sistema, encubrir el conflicto, criminalizar a otros represaliados, comida de genitales a diestro y siniestro,? Si de esto se trataba, no era necesario que nuestros compañeros hubieran ido hasta Grecia a montar jaleo (aunque en ningún caso es necesario, más bien contraproducente). Para hacer ruedas de prensa, tocamientos a los políticos, y hablar en los mismos términos que cualquier agrupación cristiana, nos inventamos una campana sindical más, o de integración social, y asunto solucionado.

El ridículo ya roza el mal gusto con las huelgas de hambre rotativas (!?), se ve que en la calle a muchos ya sólo les queda para luchar pasar ¿hambre? por un rato, dar pena a las viejas, y caricaturizar la lucha con la que otros se juegan la vida. Si unos lo hacen por represión, los otros por cobardía.

No nos confundamos, los 7 han salido porque han puesto su vida en ello, las sucursales anticapitalistas de Estado solo han cubierto el expediente para el que se las mantiene (por el que se las permite): evitar cualquier sobresalto que pueda provocar verdaderos focos de lucha.

Sobre la capacidad de los anarquistas hoy para irrumpir en la cárcel y sacar a los compañeros, no creemos que nadie se haya llevado a engaño, todos conocemos nuestras limitaciones y en torno a ellas actuamos. La huelga de hambre fue una decisión cuyo extremo sólo era puesto por los propios huelguistas. Lo que se pidió a la calle, valentía, sólo es algo que nosotros mismos podemos responder: hasta que punto arriesgamos nuestra estancia en este grado penitenciario, el cuarto; hasta que punto nos creemos nuestro propio mensaje: todo este mundo es una cárcel. Que cada cual se rinda cuentas.

De todo lo que nos queda en el tintero, hay una pregunta (varias), que debería ser contestada en este decorado en el que muchos se han limitado a escenografiar, y refleja hasta cierto punto, lo aquí expuesto: sobre la huelga de hambre coincidente en el tiempo de los presos FIES del módulo de Huelva por la muerte de Paco Ortiz, éstos, ¿no tienen razones humanitarias?, ¿que pasa con la ministra, sindicatos, plataformas, y demás basura?, ¿no hay anarquistas entre los huelguistas?, ¿no cumplen estos algún requisito?, ¿se ha preocupado alguien de si todavía hoy están en huelga?*.

!! A la calle anarquistas presos!!
!!Cárceles demolición!!

Por la destrucción de lo que nos oprime.
Guerra social en todos los frentes.

*Los fantasmas son productos de la imaginación: no son preguntas dirigidas a erigir nuevos sujetos revolucionarios, los presos, sino a desmontar excusas."

Textos por la Conspiración

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